Vida. Las raíces: orígenes, vida y memoria.
Narciso Climent Buzón nació en 1944 en la casa Campo Nuevo de la calle Barrameda, en Sanlúcar de Barrameda, y recibió las aguas bautismales en la Iglesia de Santo Domingo. Creció en el seno de una familia trabajadora y cercana, hijo de Narciso, hombre de campo reconvertido en hombre de corretajes, y de Petronila, tendera de alma generosa tras el mostrador de su almacén. Junto a sus hermanas Pepi y Manoli forjó sus primeros lazos afectivos, ganándose en el ámbito familiar el cariñoso apelativo de «Titi».
Hombre de pasiones sencillas y sinceras, cultivó a lo largo de toda su vida un entusiasmo desbordante por el fútbol: en sus años mozos destacó como delantero centro en el seminario y en el equipo Betania, donde por su destreza lo apodaron «Puskás», y mantuvo hasta sus últimos días una lealtad inquebrantable al Real Betis Balompié, acudiendo con frecuencia al estadio Benito Villamarín.
Ese mismo entusiasmo lo trasladaba a su vida cotidiana y social. Amigo de largas tertulias, fue un auténtico hedonista del buen comer y el buen beber, disfrutando de animadas sobremesas. Quienes lo conocimos de cerca recordamos también, con una sonrisa cómplice, su faceta de hipocondríaco con una salud de hierro, cuyas constantes consultas y temores médicos apaciguaba con infinita paciencia su doctor y amigo.
Vivió su fe de manera muy personal, devoto del Cristo de la Expiración y de la Virgen de la Esperanza, y encontró en Olvera su «segunda patria» afectiva. En su madurez halló la calma pastoral en la capilla del Carmen de Bajo de Guía, siempre disponible para quien necesitara su tiempo, su consejo o su ayuda material.
Narciso, Titi, Boli, Puskás. Un hombre sabio, generoso y bondadoso que jamás dudó en tender su mano a quien lo necesitara. Tras sufrir un ictus que lo mantuvo postrado en cama durante sus últimos años, falleció y todos lo perdimos un fatídico 3 de junio de 2020.