Un legado humanista y filantrópico al servicio de la comunidad
El compromiso social y moral de Narciso Climent fue el motor de cada uno de sus actos. Durante la dictadura franquista militó activamente en la Juventud Obrera Cristiana, luchando desde la base por las libertades y la llegada de la democracia.
Tras licenciarse en Teología y ser ordenado sacerdote en 1968 por el cardenal José María Bueno Monreal, ejerció su ministerio con una libertad de espíritu atípica para un sacerdote con fama de cura rojo. Siempre alejado de la pompa y las jerarquías tradicionales, prefirió un sacerdocio volcado en los barrios populares, en las clases trabajadoras y en la solidaridad callada, como demostró en su estrecha colaboración con las Hermanitas de la Cruz.
Ese afán por construir comunidad lo llevó a fundar espacios clave para la juventud sanluqueña: en 1965 impulsó el Club Fados y, más adelante, el Club Betania, donde fomentó la convivencia sana, el debate y la esperanza. Asimismo, abrazó el escultismo como filosofía de vida, actuando como consiliario diocesano del Movimiento Scout Católico y como capellán en el colegio Compañía de María. Su vida fue, en esencia, un testimonio permanente de entrega a los demás y de fidelidad a sus ideales.
«De tus raíces, Narciso, nuestras ramas».