Su labor como docente y su dedicación a la enseñanza
En las aulas, Narciso fue para generaciones de alumnos sencillamente «el Boli», un maestro cercano cuya pedagogía hundía sus raíces en el espíritu machadiano y en los principios humanistas de la Institución Libre de Enseñanza.
Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla —estudios que cursó con gran sacrificio desplazándose desde Sanlúcar tras declinar la propuesta de marchar a Roma, destino que le había propuesto el propio Cardenal José María Bueno Monreal—, comenzó su labor formativa como profesor de Religión y orientador espiritual en El Picacho, ganándose enseguida el afecto de los jóvenes picacheros. Sin embargo, su consagración definitiva llegó al obtener la Cátedra de Lengua Castellana y Literatura, disciplina que enseñó con pasión en centros de Rota y de Sanlúcar.
Vinculado de forma decisiva al Instituto Francisco Pacheco, no solo formó a miles de jóvenes en el amor a las letras y el sentido crítico —animándolos siempre a pensar por sí mismos a través de lecturas como El árbol de la ciencia—, sino que asumió la dirección del centro y diversos cargos directivos con dedicación ejemplar. Su labor educativa trascendió con creces los temarios académicos: fue un auténtico forjador de conciencias que enseñó a sus alumnos a mirar el mundo en libertad.