Recortes de historia ...

  AUTOS POR UN SOLAR

 

 

Principios de la década de los 30 del siglo XIX. El 8 de mayo de 1830 se habían principiado y seguido autos judiciales[1] sobre si se habría de considerar mostrenco, o no, un solar anejo a la por entonces nueva Iglesia de San Nicolás, al que el denunciante consideró sin dueño conocido por la ley y, en su consecuencia, de propiedad del Estado. Hubo desconcierto en la Iglesia Mayor Parroquial de la ciudad sanluqueña, máxime cuando se consideraba que la persona que había dado pie al procedimiento, a la que no se menciona en los autos, lo había iniciado “por ligereza o malicia”.

          El fiscal de número de la ciudad de Sevilla trasladó los autos al subdelegado de Mostrencos de Sanlúcar de Barrameda. Los autos llegaron al juzgado de dicha subdelegación. Se le ordenaba al escribano titular que efectuase una declaración sobre si se consideraba mostrenca “una casa solar situada en la Calle de San Francisco, esquina a la de San Nicolás, de Sanlúcar de Barrameda,  y que estaba junto a la Iglesia del mismo nombre”.

          Era el presbítero Antonio Abad Márquez, beneficiado de la Parroquial y encargado de la referida auxiliar, quien ejercía el cargo de mayordomo de la antigua Hermandad de San Nicolás de Bari, establecida en este templo. Antonio Abad disfrutaba de la consideración de todos como prestigioso miembro del clero de la ciudad. En ella, desempeñó los cargos de vocal de la Junta Municipal de Sanidad (1823), juez único subdelegado de Cruzada por nombramiento de la Corona (1832)[2], administrador de rentas decimales (1836), visitador de la Cofradía de San Pedro y Pan de Pobres (1847). Falleció en 1856, dejando en su testamento, entre otras mandas, 8.000 reales con destino al Seminario de Sevilla. Se le ordenó que informase sobre los autos de la denuncia del terreno solar, presentando los documentos que, sobre el asunto, tuviese la Hermandad.

          Los presentó. Constaba en ellos el documento que acreditaba que el Ayuntamiento había cedido el terreno, que ahora se denunciaba, a Alonso de Rivilla, para labrar en él la iglesia o ermita vieja. Sobre él mandó labrar, efectivamente, la antigua Ermita de San Nicolás, quedando concluida en 1595. A su fallecimiento, dejó todo su amplio patrimonio a la Hermandad, como constaba en su testamento, según la copia simple que se presentaba del mismo, al tiempo que, junto con su mujer, Ana Bernal, había fundado un patronato. Rivilla tuvo aquella iniciativa, siendo mayordomo de la “Cofradía de Navegantes, Mareantes, Galafates y Pilotos”, con sede en la Iglesia Mayor Parroquial de Santa María de la O, o de la Expectación, para aproximar la Hermandad al Barrio de los Gallegos, por los muchos hombres de la mar que residían por la zona, con lo que podrían ser, de esta manera, más fácilmente atendidos espiritualmente. Así fue, quedó establecido, desde entonces, que el beneficiado más joven de los seis de la Parroquial se habría de ocupar de la nueva iglesia. Con el tiempo, la vieja ermita había ido deteriorándose, sobre todo por los efectos de las aguas corredizas que caían por la Barranca desde las tierras de Santa Brígida, hasta quedar completamente destruida, procediéndose a labrar la nueva junto al solar de la antigua.

          Expuestos los argumentos históricos, Abad efectuó su valoración. Consideraba que la autoridad judicial comprendería los débiles fundamentos de una denuncia hecha por un “forastero”, desconocedor de todos estos antecedentes. Aquel terreno, además de poseer el título de propiedad, estaba “sobre sagrado” y dedicado al culto, razones por las que la Hermandad de San Nicolás lo había poseído, “quieta y pacíficamente”, por centenares de años. La Hermandad poseía el derecho para labrar en aquel solar lo que quisiese. El problema existente era el grado de extrema pobreza en el que estaba sumida, pues tan sólo contaba con las escasas limosnas de los pocos hermanos numerarios que poseía. Esta pobreza le había impedido presentar una copia auténtica del testamento, limitándose a exhibir una simple; la original se encontraba en la escribanía de Manuel López Fajardo. Concluyó con el ruego de que se cotejasen los documentos y que se obligase al denunciante a pagar las costas generadas.

          Otro tanto presentaría, el 26 de junio de 1830, otro ilustre eclesiástico de la ciudad, Antonio Pérez Gil, presbítero, beneficiado, y propietario de algunas de las capellanías fundadas por fieles sanluqueños en la Iglesia Mayor Parroquial. Pérez Gil aportó datos sobre la concesión, por parte del Ayuntamiento, de los terrenos en litigio. Expuso que convenía a los intereses de la Hermandad de San Nicolás justificar la procedencia de aquel solar, donado por el Ayuntamiento al señor Rivilla en 1594, para agregarlo al terreno del señor Rivilla en el que él había comenzado a labrar la iglesia antigua de San Nicolás. Especificó que el terreno “se encontraba a la espalda de dicho solar, para llenar los piadosos fines de ampliar y terminar la ermita”. Remitió al libro 7 de las actas capitulares en su folio 122 vto. Pidió que el secretario del Ayuntamiento diese testimonio escrito del citado acuerdo. Así lo autorizó el Cabildo Municipal y lo realizó el escribano José González Barriga y Velarde[3]. Así decía a la letra el certificado:

 

“Yo, el infrascrito escribano de S. M en todos sus reinos y señoríos, mayor de Cabildo y Gobierno de esta Ciudad de Sanlúcar de Barrameda, Doy fe que el libro 7 de actas capitulares celebradas por el Muy Ilustre Ayuntamiento de la misma, desde el año de 1590 a 1597 inclusive aparece un particular que, copiado a la letra, es del tenor siguiente:

 

  En este Cabildo se dio por parecer del señor Marcos de Sierra, fiel ejecutor a Francisco Díaz, fiel ejecutor y síndico procurador, regidores y diputados, que el solar que Alonso de Rivilla pidió a SS. SS, delante de la Iglesia de San Nicolás, que S. S. le puede hacer merced de él, porque, de hacérsela no viene daño a la ciudad ni a persona alguna en darse. El Cabildo aprobó la dicha declaración, y se acordó que S.S. le puede hacer merced de dicho sitio, atento que de hacerlo no viene daño a la ciudad”.

 

  Y para que conste, en virtud de lo mandado, pongo el presente que signo y firmo en Sanlúcar de Barrameda a primero de julio de 1830. = Tiene un signo. = José González Barriga y Velarde”.

 

          Pasaron los autos al fiscal de la Subdelegación de lo Mostrenco, el licenciado Garzón y Esquivel. Ratificó lo expuesto por Abad en escrito de 8 de junio de 1833. A la nueva construcción se le había agregado, como había sido voluntad testamentaria de su fundador y de la esposa de este, el pedazo de solar antiguo. La propiedad de aquel terreno, en aquel momento convertido en corralón, a favor de Rivilla por el Ayuntamiento era cuestión indiscutible, como constaba en los actas capitulares, sin que hubiese mediado ningún otro acuerdo que cambiase el anterior. Y así con una antigüedad de dos siglos y medio. La documentación presentada tenía “aspecto e ilación de cierto, costando tiempo y pasos inútiles”[4]. Por todo ello, el procedimiento era vicioso e infundado y la persona que lo había iniciado habría de ser considerada acreedora de una reprehensión para lo sucesivo, satisfaciendo las costas que había causado.

          Tocaba dictar sentencia. Lo haría el licenciado Francisco de Paula Díaz Recio, abogado de los Reales Consejos, alcalde mayor por Su Majestad y subdelegado particular de lo Mostrenco en Sanlúcar de Barrameda. La dictó el 19 de diciembre de 1833. Declaró sin lugar la denuncia puesta al referido solar. Ratificó a la Hermandad de San Nicolás como dueña absoluta del mismo. Dio fe de ello el escribano Nicolás Mateos.

 

Publicado en la Revista “Círqulo” del Círculo de Artesanos de Sanlúcar de Barrameda, n. 1.

 



[1]  Archivo Parroquial de San Nicolás de Bari de Sanlúcar de Barrameda. Apuntes inéditos.

 

[2]  Archivo diocesano de Asidonia Jerez: Fondos Parroquiales: Curato: Bienes y dotación del clero, caja 4, legajo 13, ff. 1-2.

[3]  Fue hijo de José González Barriga y de Petrola Velarde. En 1853 solicitaría del cardenal Romo, arzobispo de Sevilla, el cargo de Administrador de Capellanías Vacantes, carentes en aquel momento de administrador. No le fue concedido. Los González Barriga fueron, durante muchos años, en distancias generaciones, escribanos del Cabildo, públicos y de la Iglesia.

 

[4]  Archivo Parroquial de San Nicolás de Bari. Documentos inéditos.


03/02/2015

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