Recortes de historia ...

  MANUELA CARPIO VARGAS "LA BIZCA"

 

 

“La Bizca” pertenece a una época en la que el flamenco, después de sus primeras manifestaciones dieciochescas que algún autor ha denominado de preflamenco, se comienza a cultivar en fiestas flamencas en la capital, y sobre todo en locales privados. En Sanlúcar era frecuente el uso de las bodegas para las sonadas “juergas” que celebraban los “señoritos”, animadas las fiestas por cantaores y cantaoras, guitarristas, así como por bailaores y bailaoras. Fuera de este ámbito, poco a poco comienzan a abrirse camino los cafés cantantes, que serían lugar de actuación flamenca, como el que, a principios del siglo XX, inaugurado en 1904, estaba ubicado en la calle de la Bolsa en Sanlúcar, propiedad de Ricardo Arraigosa García, quien vivía en la Calle Ruiz de Somavía 1.

El nombre de pila de “La Bizca” era Manuela Carpio Vargas, de enraizada familia gitana sanluqueña; era la abuela del gran cantaor sanluqueño Ramón Medrano. La Bizca lo que más cultivó fue la soleá. Según la tradición de los ambientes flamencos de la ciudad, Manuela Carpio cantaba y bailaba al mismo tiempo. El cante del corrido o romance lo denomina Manuela soleá para baile.

El periódico local “Sanlúcar” recogía en su edición del 4 de enero de 1932 varias noticias; entre ellas una relacionada con una tal Manuela Carpio Burgos. Voy por partes. Publicitaba al Doctor Salido Escudero, del Instituto Rubio y Maternidad y de la Clínica del Doctor Gálvez, de Málaga. El doctor Salido atendía partos y enfermedades de la mujer y tenía su residencia en Cardenal Herrero 9 de Jerez de la Frontera.

Pasaba a referirse a una necrológica. Se había verificado, “con lucido acompañamiento”, el entierro del cadáver del que “había sido estimado convecino”, el acreditado alpargatero de esta plaza, establecido durante muchos años en la Plaza de Jerez, don José García Valero, marido de la señora doña Vicenta Soler Navarro[1]. Datos del entierro: Había asistido el clero parroquial de Nuestra Señora de la O en funeral de cuarta clase, oficiando de preste el coadjutor Rafael Cano. El severo féretro iba depositado en el coche fúnebre. Presidían el duelo el señor cura de dicha Parroquia, licenciado don Antonio Suárez; teniente cura, don Manuel Cuevas; don Antonio Gonzálvez Jaén, don Antonio Tallafigo Pascual y otros señores. También concurrió una comisión de la Hermandad de San Antonio, a la que pertenecía el extinto.

De un final a un comienzo. “El Sanluquilla” se hacía eco del retorno a Vejer de la Frontera, en donde ejercían de maestros nacionales, de los maestros sanluqueños Caridad Ruiz y Federico Martínez Sadoc, así como de la inauguración y apertura al público del nuevo establecimiento de coloniales “Nueva Paz”, de cuyo bien montado y presentado establecimiento era propietario “el competente e inteligente industrial del ramo”, don Ildefonso del Río Roche, encargado que había sido, durante muchos años, de importantísimos establecimientos. Se refería al mismo tiempo a la celebración, con motivo de la festividad de la Epifanía, de los cultos mensuales de la Venerable Orden Tercera en el Convento de Capuchinos, consistentes en una misa de comunión general a las siete y media de la mañana, y por la tarde, a partir de las cuatro, exposición del Santísimo, rezo de la corona franciscana, sermón del padre guardián, consagración de toda la Orden franciscana al Sagrado Corazón de Jesús y adoración del niño Jesús en brazos de su madre, la Virgen María.

Junto a estas y otras noticias, una que recogía un grave accidente de una sanluqueña. Se trataba de Manuela Carpio Burgos, de 75 años de edad. Esta señora tuvo la desgracia de caerse al bracero causándole quemaduras muy graves y extensas en la región glútea, brazos, piernas y en diferentes partes del cuerpo. Fue auxiliada por personas de su familia y trasladada a la Clínica de la Cruz Roja, donde fue curada de primera intención de las quemaduras sufridas. Tras ello, sería trasladada en una camilla de la Cruz Roja al Hospital Municipal, donde quedó encamada en gravísimo estado. Hay quienes han considerado que esta señora era “La Bizca”, popular bailaora y cantaora de flamenco. El mismo periódico “Sanlúcar”[2] informó del fallecimiento de Manuela Carpio Burgos, repitiendo este apellido, no apareciendo tampoco el de Vargas, ni mención de que se tratase de “La Bizca”, aspecto extraño en un periódico local y tratándose de una cantaora popular, como era “La Bizca”. El médico forense Rogelio Martín Peinado y el también médico Ramón de Soto Díaz le habían efectuado la autopsia.

No obstante, otros datos documentales me inducen a pensar de otra manera. En el Libro 64 de Defunciones y en su página 152 v aparece la partida de Manuela Carpio Vargas. Los datos en ella encontrados cuestionan los aparecidos sobre esta señora en otras publicaciones. Era sanluqueña. Hija de Cipriano Carpio y de Dolores. Se refleja que estaba casada con Manuel Romero Sande, si bien este nombre aparece tachado en la partida de defunción y, en su lugar, se escribe que era viuda de José Fernández. Falleció a los ocho de la mañana del 5 de enero de 1932 a los 92 años de edad en la Calle Molinillo de embolia (Archivo Parroquial de Nuestra Señora de la O. Libro 64 de Defunciones, p. 152 v).

Por otra parte, consta que la abuela materna de Ramón Medrano Fernández fue esta tal Manuela Carpio Vargas. Los padres del cantaor sanluqueño fueron Ramón Medrano Moreno y Mercedes Fernández Carpio, hija de la referida cantaora. De esta manera todas las piezas encajan.

 



[1]  El popular periódico sanluqueño tenía fama por la cantidad de adjetivos que utilizada “a tiempo o a destiempo”, adjetivos marcados de hipérbole, laudatorios y de excesiva ponderación

[2]  Año XXX. Nº 5.546. Edición del 6 de enero de 1932.


16/09/2014

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1