Recortes de historia ...

  PRÓLOGO DEL LIBRO SOBRE "LA HISTORIA DEL IES PACHECO" DE VICENTE GARCÍA BLAZQUEZ

BREVIARIO DONDE SE TRATA DE CÓMO EL BACHILLER EN ARTES DEL PENSAMIENTO VIÇENTE GARÇÍA BLÁZQUEZ VINO A COMPONER ESTA OBRA Y DE LAS SUS INTENCIONES AL HAÇERLO, POR EL BACHILLER EN LETRAS ALLORA MARGINADAS NARCISO CLIMENT BUÇON.

 

 

Mucho tiempo ha que, desde la su tierra en el Reino de S.M (a q. D. g ) arribó a esta villa de Sant Lucar de Nuestra Señora de Barrameda un apuesto donçel, bachiller en aquellas artes que de antaño fueron denominadas del pensamiento y que gente de más saber trocó por las artes de la filosofía, pues quien a dicho arte se dedicaba venía a probar su amor por la sabiduría que, sin ninguna culpa suya,  esa y no otra cosa quiere decir la agora abandonada palabra. 

Tras mucho caminar por collados y senderos, llegó a la ducal villa de los Medinasidonia, a do no venía solo, mas con su dómina María, moça de buen ver, y resultaron abrir casas por el arrabal de la Maestría, lugar ladero a la Haçienda que dicen del Botánico, jardín do moran reyes y reynas, príncipes y principesas, infantes y infantonas, toda gente de buen posible y en extremo diestra en guerrear en todo amor y en arte de cetrería. 

Mas presto el joven doncel de punçada y juvenil perilla, más enjuto que otrora por su poco yantar y su mucho folgar, decidióse a construir una quinta a extramuros del arrabal que dicen de la Ribera, en lugar que llaman de La Iraola, villa de prestancia, de mucho sol y abundantes aguas, jardín do el bachiller mostraba experiencia no ya en el arte del pensar, sino en las llamadas artes del agro y la jardinería.

Ladera a La Iraola abrióse famosa escuela de Maestría, do recibían leçiones fijos e fijas de hidalgos, de gente de la mar, de labradores de muchas bocas, de premiosos comerciantes y también de gente que poco o nada sabían. Gente silenciosa, anidada en silencios y amantes de los temores, pues “punzá” en los sus cuerpos ni los desasosegaban ni las tenían. 

Premioso el joven donçel, padre de abundante prole junto a la su siempre preñada dómina María, juró sus saberes a los pies del señor de la Maestría, que don Polo len deçían, sin saberse si Polo lo era por lo enjuto, o por la grisácea funda inconsútil que su cuerpo ascético y humorado en todo tiempo y lugar cubría, o si porque  la sua dómina “mi don Poli” le decía, es lo çierto que a los sus pies juró sí el bachiller don Viçente amor eterno al arte de la sabiduría y, cual ardoroso Platón, o arrasador Aquinate, o dubitante Descartes, o monadólogo Leibniz, o dialéctico Hegel, o desolado Kierkegaard, o espirituoso Berkeley (¿no había materia? ... ¿y de los 120 kilos, qué?), o el atormentado Nietzsche (quien sabiéndose superhombre, a la sazón téngase por averiguado que defecar –dicho sea con perdón- no podía), dedicóse y afanóse  en tan loable tarea ... y tanto excedióse en ella que reconocido vino a ser, cual laudado y laureado por afanes reformescos cuando nada aún de reformas se decía, y a tanto llegó su çelo que atrevióse a armar una tropa de despechados discípulos, ellos y también ya ellas, pues aunque no despechadas, liberadas sí que estaban a hurto de seculares aislamientos y amoríos “a escondías”, y con ellos formó lo que el vulgo ha dado en llamar compañía de cómicos y cómicas y cruzando la Extremadura  fuese con ellos a ejercer tareas de cómicos en tierras de Ávila, siendo admirados por el buen hacer en el arte del sarao, la guitarra y el cupleteo y dicen que tal éxito fue el suyo que ansí fue premiado con pétreo toro de Lázaro de Tormes, a quien el vulgo de letrados vino en llamar Lazarillo, que por el furibundo ciego una  tan  purgante leçion vino a recibir de la vida, pues siempre el que ve deviene en ser más ciego que aquel a quien natura privó de visura. 

Llegado que fue el licenciado Blázquez a edad bien avanzada pues sus hijos afanáronse en darle nietos, que tantos años aún él no tenía, y un tanto cansado del manoseo por el que se trocó maestría por jauría, antes de ser armado caballero del júbilo y del descanso, quiso dejar sus memorias escritas por siempre jamás y compuso no sin denodado esfuerzo la obra que el lector tiene agora en sus manos. Trátase de cronicones do el lector encontrará aconteceres de la maestría que vino a ser conocida como Casa Pacheco, de sus pasos y vicisitudes do antes de nacer en tiempos de República, del parto engendrado desde la guerra civil hasta venir a fenecer en hechos que fueron famosos y cronicados como “la guerra de los chupachups”. Todo cuanto fue aquí el lector trovará. 

Nadie ose dudar de la muy sana intención que movió la pluma del licenciado Blázquez ni venga en considerar que ha venido en perder el juicio de tanto pensar lo pensado, mas bien juzgue que los muchos años hiçiéronle cambiar las malas coyunturas y los momentos açiagos por una sonrisilla mordaz deseosa de que a nadie herir pudiera por lo que en estas letras queda escripto. Buen entendedor del Aquinate aprendió el licenciado Blázquez que quien vive en la seriedad se distancia de la virtud, pues desprecia el juego, lo que es tan importante como el propio descanso para el buen vivir de los humanos y que sólo se alcança el buen saber cuando se  obra, habla y escribe de forma lúdica.

  Si alguno desconfiase de tan claras intenciones, apéese de la lectura a gran priesa no sea que  el mal y el daño que las malas bestias de los malos pensares engendran métansele en el fígado y tan sólo vea locuras y disparates, do tan sólo hay crónicas jocosas, y assí venga a ser castigado quien estas letras pacientemente cinceló dando materia a maldecires y murmuraciones emboscadas . El buen lector párese a ver en estas letras sana cordura, meliçina curativa para jaulas y marañas do yace estúpidamente cautivo el hombre  y siga el sabio decir del viejo Platón: “La gravedad y la broma andan hermanadas”.                   


08/04/2016

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