Recortes de historia ...

  EL MONUMENTO A SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ.

 

 

 

Desde su llegada a Sanlúcar de Barrameda, la figura de Madre Angelita, presente en todo momento entre los pobres y afligidos a través de sus hijas las Hermanas de la Cruz, caló hondamente en la conciencia de los sanluqueños. Su labor fue admirada y respetada por todos, desde la ladera de la fe y desde la ladera de la increencia, aún en los peores momentos anticlericales que se vivió en la ciudad.    

      La ciudad de Sanlúcar, el pueblo –sobre todo el pueblo– y también las autoridades civiles quisieron en todo momento manifestar su gratitud a Sor Ángela y a las Hermanas de la Cruz. Ya en la sesión de la Comisión Permanente del Ayuntamiento de la ciudad, de fecha 3 de agosto de 1951, al punto 2º, POR UNANIMIDAD fue aprobada en todas sus partes la moción de la alcaldía presidencia que dice como sigue : “Es propósito de esta alcaldía que, coincidiendo con las fiestas de nuestra Patrona se concedan los títulos de hijos predilectos a las personas o entidades que se estimen merecedoras de obtenerlo, estando próxima dicha fecha me permito proponer  a Vuecencias que dicha designación recaiga este año sobre las Instituciones de las Hermanas de la Cruz, Hermanas de los Pobres y Hermanos de las Escuelas Cristianas, a fin de realzar los méritos de su noble labor, de demostrarle nuestro reconocimiento. No obstante, vuecencias resolverán lo más acertado. Sala Capitular del ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda, 28 de julio de 1951. El alcalde Tomás Barbadillo, rubricado”.

     Llegado que fue a la alcaldía presidencia don Juan Antonio Garat Ojeda, el 24 de julio de 1970, se reactivó un viejo proyecto: labrar un monumento en honor de Sor Ángela de la Cruz. El proyecto fue aprobado por el Excmo. Ayuntamiento en este mismo año de 1970, si bien no se plasmaría hasta los albores del año 1972. El lugar elegido no podía ser ni más emblemático ni más bello, la Plazuela que se abre a las puertas del Convento de las Hermanas de la Cruz, y exactamente a la entrada a la capilla, lugares que un día dejó bendecidos con su santa presencia la misma Madre Angelita, cuando visitó este convento. 

     El día elegido para su bendición e inauguración fue el 27 de enero de 1972. Autoridades, Hermanas de la Cruz, devotos y devotas de Madre y muchos vecinos del pueblo se apiñaron en torno al bello busto de Madre. Las Hermanas, con el primor acostumbrado, lo prepararon todo, lo externo y, lo que es más importante y más se cuida en la Casa, lo interno, porque lo externo ayuda a interiorizar y a encontrarse con Dios, y porque lo interno da sentido espiritual a lo externo. Del convento salieron unas bolsas, llenas de arroz, aceite, salchichón, galletas, jabón, leche y pan, para los predilectos de Madre, los pobres de la ciudad. Y de la mesa a la misa. A las seis de la tarde se celebró una Eucaristía, con asistencia masiva de fieles, y la de muchas Hermanas de la Cruz venidas de otros conventos. La alegría, con la intensidad que la viven quienes están entregadas al Dios de la Alegría, revoloteaba por la Casa. De Lebrija vinieron la madre superiora y las Hermanas María Angustias, Recuerdo y María Manuela (estas fueron las más prontas en llegar); de Las Cabezas de San Juan, las Hermanas Santísima Trinidad y María Pura; de Jerez de la Frontera, la superiora y las Hermanas Pastora, San Juan, Santa Justa, Juliana, Alegría, Jesús, Lourdes, Rocío, Consuelo, María de Emaús, María del Dolor y San Cayetano; de Sevilla, las Hermanas Jesús de los Reyes, y Elia, que habían estado muchos años en la comunidad sanluqueña. 

     A las siete de la tarde se celebró el solemne acto. Bendijo el monumento el cardenal don José María Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla, de gratísima memoria. Ostentó la representación del ayuntamiento su alcalde presidente, don Juan Antonio Garat Ojeda, acompañado del concejal don Fernando Romero Bustillo y otros. Asistieron igualmente el arcipreste de la ciudad, don Luis Núñez Rodríguez, y los sacerdotes don Juan Sánchez Barragán, el padre capuchino fray Velardo y don Miguel Rodríguez Rodríguez. Una alumna del colegio, con melodiosa voz y unos relucientes y amplios cabellos, dio las gracias al Sr. Cardenal y al Sr. Alcalde. El cardenal correspondió con una abierta y paternal sonrisa, como en él era tan habitual, mientras que el alcalde Garat se afanaba en acercar lo más posible el micro a la niña para que fuese oída por todos los asistentes. 

     Tras descubrir el busto de Madre, intervino el Sr. Alcalde, don Juan Antonio Garat Ojeda, quien, en nombre de la ciudad, agradeció la labor que venían desarrollando las Hermanas de la Cruz en la ciudad. A continuación, el señor Cardenal expresó su admiración y devoción a Madre por su “figura humilde y sencilla”, y “la magnitud de su Institución”. Finalizado el acto de bendición e inauguración, el señor Cardenal pasó al interior de la Casa, en donde efectuó una visita al Santísimo Sacramento y saludó y charló afectuosamente con todas las Hermanas. 

     Se fueron apagando lentamente los sones de fiestas. Los asistentes marcharon a sus casas. La Hermanas venidas de otras comunidades retornaron a ellas. Sin embargo, en la coqueta plaza de Sor Ángela de la Cruz, a escasos metros del Santísimo sacramento del Altar, a escasos metros de donde residen sus hijas, a escasos metros del barrio marinero, quedó allí sembrada, para la posteridad, una Rosa Samaritana, como aliento para sus hijas, como recordatorio del amor a Dios y de la entrega generosa a los más pobres y necesitados, y como un interrogante siempre abierto para quienes viven inmersos en la tentación de la increencia.

 

 

 


29/03/2016

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