Recortes de historia ...

  EL PROBLEMA DE LA SEPULTURA DEL SUICIDADO JUAN COLOM Y COLOM

 

 

 

 

En la noche del jueves 14 de julio de 1842 se suicidó don Juan Colom y Colom. Por dicho hecho estaba prohibido dársele sepultura eclesiástica. Así se lo comunicó el vicario Fariñas a sus parientes cuando se presentaron a hablar con él sobre el funeral. Los familiares rogaron que no se le privase de la sepultura eclesiástica, alegando una serie de razones personales que Fariñas no consideró suficientes. Fariñas se mantenía en su determinación. No obstante, los familiares le aseguraron que el señor Colom padecía unos “raptos en su imaginación que lo ponían fuera de juicio”, habiendo sido esta la causa de su suicidio.

 

          Fariñas, “atendiendo a la benignidad y piedad de la Iglesia Nuestra Madre en semejantes casos”, se prestó a que se le diese sepultura eclesiástica, siempre que lo afirmado verbalmente por los familiares lo acreditasen en forma legal, presentando certificación del juez competente. Dicha acreditación se efectuó ante el segundo alcalde constitucional. Así lo manifestó[1] Fariñas el 18 de julio de 1842 al gobernador del arzobispado, cayendo en la justificación de siempre: él sabía que antes que actuar en estos casos se debía consultar al referido gobernador, pero afirmó que no le había sido posible efectuarlo, dado que, por la distancia de esta ciudad con la de Sevilla, no daría tiempo a recibir la contestación antes de la hora en que era indispensable sepultar el cadáver.

 

          Adjuntó el vicario Fariñas a su escrito el certificado referido. Iniciaba el certificado don Manuel Colom, del comercio de la ciudad, refiriendo la desgracia que había privado de la vida a su hermano político y sobrino don Juan Colom y Colom. Hacía tiempo que se le venían observando síntomas de enajenación mental, como decir con repetición que “ciertamente no cumpliría los 30 años”, y otras expresiones semejantes. En ocasiones eran “raptos de furor” los que le invadían. Con la intención de confirmar que se disparó el tiro estando fuera de juicio, rogaba que se le admitiese la información testifical que presentaba.

 

          El escrito fue presentado al alcalde segundo constitucional, Joaquín de Menoyo, quien admitió la documentación. El escribano del ayuntamiento, Antonio Bueno, notificó el auto al señor don Manuel Colom, del que se le entregó copia literal. Tras ello, fueron pasando a declarar ante el alcalde Menoyo los testigos asignados. Fue el primero Pedro Marcial García, de 60 años, quien ante el escribano “juró por Dios y una cruz, según derecho, prometiendo decir verdad”. Declaró que había conocido desde la infancia a Juan Colom y Colom, hijo de Francisco y Antonia Colom. Le constaba que hacía algún tiempo que se le advertían “rasgos y síntomas de enajenación mental” y “rasgos de furor”. En los mismos términos se expresaron los otros dos testigos: Nicolás Andrió y Petit de 57 años, y Gregorio Carrera, comerciante de 40 años. Tras ellos, compareció don Manuel Colom, quien dijo que, de no ser necesario, no presentaría más testigo, rogando que se le entregase el certificado requerido para el funeral.

 

          Joaquín de Menoyo, alcalde segundo constitucional, vistos los testimonios los aprobó según derecho, interponiendo en ello, para mayor firmeza, su autoridad y decreto judicial, y mandó que se entregase el original de los testimonios a don Manuel Colom, para que hiciese el uso que considerase conveniente. Este lo entregó al vicario Fariñas.

 

          El 22 de julio de 1842  el vicario Fariñas se llevaría otro tirón de orejas. O propendía a hacer las cosas como no agradaban en el arzobispado, o su persona no gozaba en él de generosas simpatías. Recibió oficio del secretario de Cámara, en nombre de gobernador del arzobispado. Le dijo que habían sido muy débiles las razones esgrimidas, para probar la falta de juicio de Juan Colom, ante el alcalde segundo del ayuntamiento, para que con ellas hubiese tomado la determinación de enterrar in sacris al referido suicidado. Por otra parte, considerando la causa que, según la voz pública, había motivado el suicidio de Colom, el gobernador ni aprobaba ni podía aprobar la determinación de Fariñas a la que no debieron acceder los curas y beneficiados de la parroquial. Fariñas quedó completamente desautorizado por el gobernador del arzobispado.

 

 



[1]  Archivo diocesano de Asidonia Jerez: Documentos de Gobierno: Varios Documentos de 1842.


16/03/2016

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1