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  HOMENAJE PÓSTUMO A JUAN BAUTISTA DELGADO ORTEGA

 

 

 

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

Primer teniente alcalde del Ayuntamiento de la localidad, Director de Residencia, Director del Instituto El Picacho, familiares y amigos, señoras y señores:

          El día 20 de diciembre de 2013, en sesión ordinaria, se reúne el Consejo de Residencia de la “Residencia Escolar Sanlúcar El Picacho”, para, entre otros puntos del orden del día, autorizar la propuesta elevada por la Junta de Actividades, de memorar al compañero y muchos años Director Espiritual de la “Residencia El Picacho”, Don Juan Bautista Delgado Ortega, con la colocación de una placa conmemorativa en la zona de la Residencia Elcano, junto a lo que en su día fue la capilla oratorio. Propuesta que fue aprobada por unanimidad por el consejo y que hoy materializaremos, gracias a la inestimable aportación de Loli Sánchez Martínez, creadora y diseñadora de la placa que, posteriormente, descubriremos en recuerdo de Juan.

          Juan Bautista, el pater, como le llamaban algunos, llega al extinto ya “Colegio El Picacho”, y actualmente ramificado en tres, “CEIP El Picacho”, “IES El Picacho” y “Residencia Escolar Sanlúcar El Picacho”, en el año 1972.

          Recuerdo que ese curso, por la construcción de la segunda planta de esta Residencia Elcano, el curso para el internado comenzó a primeros de noviembre y el día de mi incorporación, a las cuatro de la madrugada, provenientes de Asturias, en el tren Ruta de la Plata, Gijón-Sevilla, y posteriormente en dos taxis de 8 plazas cada uno, de los hermanos Cañete, nos dirigimos al centro, cargados de maletas y de incertidumbre ante lo desconocido, y al llegar, nos recibió entre otros, Juan Bautista,  ahí  le conocí, junto con mis hermanos Juan José y Javier.

          Desde ese momento, convivió hasta su jubilación en septiembre del año 2001, en esta residencia, al lado de sus alumnos, todos los residentes, casi 300 en aquella época, donde los problemas afectivos, familiares, económicos y sociales, eran la rutina diaria del hacer de Juan, sin horarios, ni tiempos ni distinciones. Todo ello en combinación con su labor como profesor de Religión y posteriormente de Sociales también.

          Largas noches de consuelo, apoyo y trabajo educativo con el alumnado. Siempre con ellos, en el deporte y actividades que se organizaban, qué buenos partidos jugamos; en los desayunos, en las comidas, en las cenas, bueno, cuando tocaba en el menú garbanzos o salchichas, decía, voy a ver a mi amigo del Bar El Gallego, no las soportaba.

          Se podrían contar muchas cosas del buen hacer de Juan, muchas las escucharemos esta mañana, pero muchas más, se quedarán en el recuerdo de los picacheros, que fuimos afortunados de poder contar  con él, en esos momentos difíciles de la vida y en donde supo estar a nuestro lado en lo bueno, compartiendo nuestra alegría, en las incertidumbres y problemáticas, la mayoría de las veces, pero siempre con su protección ante nuestra soledad.

          Gracias Juan, sabes que esta comunidad del Picacho, jamás te olvidará.

          Y ahora, tiene la palabra, don Narciso Climent Buzón, a quien Juan sustituyó como Director espiritual de la Residencia. Se conocieron y se hicieron amigos antes de que Juan llegase a Sanlúcar de Barrameda. Desde entonces mantuvieron una entrañable amistad y compartieron trabajos  pastorales en común hasta el final.

 

Intervención de Narciso Climent Buzón

Señor teniente de alcalde, director del colegio, amigos y amigas; muy buenos días:

El señor obispo hubiera deseado estar aquí en este acto. Así nos lo ha hecho saber, pero su agenda le ha impedido estar. Me ha dicho que os comunique que se solidariza con este acto y que lo agradece en profundidad.

 Es tradicional perpetuar la memoria de aquellos seres, que se nos han marchado a la otra orilla de la mar de la eternidad, con la rotulación con su nombre de una calle, de una plaza, de una rotonda o de un jardín.

          Esto se hace con un carácter de homenaje. Pienso, no obstante, que el mejor homenaje que se ha de hacer a las personas que dejaron rastros positivos de su caminar, es que, para los que van detrás, su recuerdo sea la captación de lo que de REFERENTE tuvieron en sus vidas.

          Conocí a Juan Bautista aún antes de que viniese destinado a Sanlúcar de Barrameda. Yo estaba inmerso, recién llegado a mi ciudad como sacerdote, en el proyecto de lograr un centro de Estudios Nocturnos para jóvenes trabajadores. El objetivo me hizo desplazarme varias veces a Jerez de la Frontera para entrevistarme con el obispo Del Val Gallo, que nos hizo de intermediario con el Ministerio de Educación. En Jerez de la Frontera conocí a su secretario, Juan Bautista Delgado. Simpatizamos personalmente y nos ilusionamos con el proyecto. Fue nuestro gancho junto a aquel buen obispo que tanto nos ayudó para que el proyecto fuese una realidad, como lo fue.

          Desde entonces, Juan Bautista y yo fuimos excelentes amigos. Y digo lo de “excelente”, porque considero que un amigo de excelencia es aquel que, aunque pases bastante tiempo sin verlo, cuando te encuentras con él es como si lo hubieras estado viendo a diario.

          Juan y yo trabajamos juntos en la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Cuatro años de ilusión, de trabajo intenso, de esto que hoy repite tanto el papa Francisco, de “oler a ovejas”. Se cerró el terreno baldío que había detrás de la parroquia, obra de los matrimonios cristianos que nos acompañaban en la misma, se construyó el salón parroquial, se dejó la casa rectoral para guardería infantil, se mimó la catequesis, se constituyó un grupo joven. Venían e íbamos con ellos. Muchos domingos, excursiones al Pinar de la Dinamita con una pléyade de niños y de jóvenes, partidos de fútbol, copitas por los bares y tascas de la Barriada; en los veranos, excusiones a la playa de Chipiona con los matrimonios, filetes, tortilla de patatas y sandía incluida… Fuimos felices.

          El azar y el buen cardenal Bueno Monreal nos volvió a unir en la Parroquia de Bonanza, porque no encontraba un cura por ningún sitio. Allá que fuimos los dos, acompañado además del bueno del padre Victorino del Blanco. Misma ilusión y mismo trabajo. Tras ambos trabajos en común nos veíamos menos. Juan, en nuestro siempre querido “Picacho”; yo, en mi querido Francisco Pacheco. Pero, como les decía, cuando nos veíamos, parecía que no habíamos estado separados día alguno.

          Juan Bautista nos dejó una estela de buen amigo, de sacerdote de ideas claras, de buscador de caminos más evangélicos, de educador entregado a sus alumnos como un buen padre.

          Por ello, el memorándum-recordatorio que el “Colegio El Picacho” ha determinado, tan noble como justamente, ha de servir para dejar constancia de uno de sus buenos profesionales, de los muchos que por aquí han pasado y de los que aún permanecen, pero, para mí, ha de significar un referente de una persona buena, trabajadora, generosa y entregada.

          Se apagó la voz terrenal de Juan Bautista. Se encendió las referencias de su testimonio. Su recuerdo nos diga que un sacerdote es un seguidor de la ternura, de la misericordia, de la entrega, del perdón sin límites, de la valentía, de los deseos de cambios constantes hacia la bondad de Dios. El sacerdote no se apergamina en un rincón, sino que sale a la calle y vive, y siente, y ama, y sufre.

          Su recuerdo nos diga que un profesor es comprensión, es trabajo, es arrojo, es lucha, es liberador, es igualador de todos, es el servidor de todos sus alumnos y alumnas. Que un profesor no impone caminos, sino que ayuda a que cada alumno encuentre el suyo.

          Su recuerdo nos diga que una vida sin amor, sin tolerancia, sin disponibilidad para ayudar a gente que lo necesita, sin valentía para llamar “al pan, pan; y al vino, vino”, no tiene ningún tipo de sentido.

          Su recuerdo nos diga que el humor es el complemento de la vida, ablanda tiranteces, rompe cadenas, tranquiliza el ritmo cardiaco, abre manos y cierra rencores.

          El azar, o vete a saber qué, hizo que Juan Bautista nos dejase un como adiós reflexivo, poco tiempo antes de su marcha, en su poemario “El día en que lloró la tarde”. Ahí están, contados en primera persona, sus sentimientos, sus vivencias, sus gozos, sus sufrires, su conocimiento de la realidad.

          Dejo a los pies del azulejo que lo recordará un ramo de sus fragmentos poéticos, de su pálpito de lo inmediato, del olor a vida, de su maridaje con la tierra, de su identificación del tú con el nosotros, de su simbiosis entre lo material y lo trascendente. Quede ahí su “amanecer, cuando el sol nació vida en primavera, hasta el día en que lloró la tarde”. Quede ahí su ¡Qué bonita sería la vida, si los hombres quisieran”. Quede ahí su llanto por su alumnos fallecidos o desgarrados por la vida, “vientos heridos claman: venganza, venganza. A un joven alegre le han hecho basura, le han matado el alma. Quede ahí su: Quiero ser poeta para matar la tristeza y sembrar el amor entre mis hermanos de la tierra”. Quede ahí, finalmente, sus machadianas palabras: “Ayer y hoy: caminamos… caminamos… caminamos… el camino es corto, el caminar es largo… el lenguaje vivo y el adiós amargo, porque es ancho el camino que con amor trazamos”.

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

Bien. Ahora será don Manuel Malía, antiguo alumno de la Residencia y posteriormente profesor del centro, ya también jubilado, quien nos dirá unas palabras.

Intervención de Manuel Malía

 

Buenas tardes señores y señoras, autoridades, compañeros, amigos, amigas:

          Me baso en un legado que este amigo, querido por todos, nos deja, como ya ha citado también nuestro querido amigo también Narciso Climent. Él dijo en el prólogo que “Juan Bautista sabe de sentimientos hondos”. Curiosamente la palabra “Jondura”, lo jondo sale en el prólogo varias veces. La poesía de Juan Bautista tiene el pálpito de lo inmediato, del olor a la vida. Trozos de su vida desde su amanecer cuando el sol nació, tozos de vida en primavera, en la que floreció el amor, y trozos cansinos hasta el día en que lloró la tarde. Sale, de nuevo, la palabra jondo para expresar ese grito que el poeta no puede contener: “Viva la vida viva”,  “viva el amor”,  en el poema “Mi amanecer”. La poesía de Juan refleja un yo abierto que ve, reflexiona, goza, sufre; es intimista, pero al mismo tiempo es social, solidaria y reivindicativa. También se abre a su espíritu contemplativo y machadiano cuando del mar se trata: “me siento a la orilla contemplando el mar, olas que vienen, olas que van, en su caminar me enseñan las canas que tiene el mar”.

          Hablar de Juan, como compañero, ya fallecido, no es fácil sin que la emoción fluya. Yo le conocí prácticamente en mi etapa escolar ya tardía. Prácticamente, yo terminaba el Bachiller cuando él entró de capellán en el Centro. Posteriormente, nos volvimos a encontrar una vez que yo entré de interino en este Centro, viniendo de otros Centros anteriores, de Sevilla, de Puerto Real, etc. hasta recalar, como buen barco, en este magnifico Centro como es “El Picacho”, que de lo social tanto sabe. Juan llegó con unas ideas. He conocido curas en mi vida creo que él era el más seglar, el más laico de los padres capellanes, a él jamás lo vi con una sotana.

          Juan se mostraba, sobre todo, con ese ahínco de lo comprometido, de lo social y del buen compañerismo. Alguna vez coincidí con él  en ese ambiente machadiano de la taberna. Le hice una pregunta. Le dije qué le gustaba más si decir la misa cantada o la misa rezada. Él me contestó: “Malia, Malia…”.  No obstante, le contesté que alguien había dicho que cantar era rezar dos veces.  Por ello,  modestamente, he intentado hacer una especie de trabajo paralelo de carácter musical. Y tengo el gusto de invitar, para acompañarme a la guitarra en  esta modesta colaboración mía, a un amigo que forma parte del camino. Yo he tenido en mi vida esas dos parcelas; una, heredada de la familia, como es el flamenco; y otra, la formativa, de la que en este centro se sabe. Esas han sido, digamos, mis dos amantes. Hoy sigo teniendo que cumplimentar una tarea, un tiempo de labor, pues la palabra “jubilación, aunque venga de júbilo, no me gusta. Cuando me preguntan si me he jubilado, contesto que no, que lo que tengo es una excedencia. Ahora tengo la suerte de poder dedicarme a la voz que también muy gratamente he entregado en los días de docencia, esto no deja de ser una docencia también, pero ahora sí la tengo para cantar, para rezar todos los días lo que pueda.

          Y voy a invitar a mi amigo Manolo Lin, Manuel Alfonseca. Hemos ensayado con esa inspiración que nos ha ofertado precisamente ese prólogo magnífico de Narciso Climent. Intentamos ofrecerles ese trabajo paralelo al de la poesía de Juan en su poemario “El día en que lloró la tarde” y su faceta jonda en estos poemas.

El día en que lloró la tarde, un sentimiento jondo.

 

Me senté en la orilla del río para ver correr el agua,

el agua corría, corría, la corriente la empujaba.

De Así es la vida.

(Cantado)

Y a la orilla de un río yo me voy solo

y aumenta la corriente con lo que lloro.

 

Despacio, despacio yo te acunaba

tu alma serena, por no despertarla.

De Pequeño Niño.

 

(Cantado)

Siempre en la cuna, siempre en la cuna

siempre, siempre en la cuna,

siempre en la cuna.

 

Hoy vi morir una vida, vi llorar a la gente

Que, agolpada y triste, te daban la despedida.

De La Muerte a Isidro.

(Cantado)

Ya, ya.

Tanto dolor para vivir,

mira si es poco la vida,

tanto dolor para vivir

y pa colmo de la agonía

son pasitos para morir

los que damos cada día.

 

Entró en un bar, bebe y bebe… quiere matar sus penas

a ver si el vino es mejor que el que le ató con cadenas.

 

(Cantado)

¡Ay!

Que a mí me gusta beber,

tú vas diciendo a la gente

que a mí me gusta beber;

tienes que tener presente

que lo tengo que hacer

porque no tengo otro ambiente.

 

Noche. Noche, en tus faldas me siento,

tu boca negra ilumina mis pensamientos.

Noche engalanada con luz de lucero,

noche preparada para otro amor nuevo.

No quiero que te pares, sigue tu vida,

pero en tus recuerdos recuerda

que estás en mi vida.

Me quedé solo, solo,

y los recuerdos, cariñosos

vinieron a arroparme.

Yo, solo, me quedé solo

el día en que lloró la tarde.

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

          Como representación del profesorado del Picacho, tiene la palabra, Inmaculada Pérez Arias, profesora y compañera de Juan, además de amiga, vinculada también que estuvo con el mundo de la Residencia, esta vez en Mosteirón ( en La Coruña), con las hermanas de los picacheros, ya que de aquella, lo de residencias mixtas, como que no.

 

Intervención de Inmaculada Pérez Arias

Queridos compañeros y amigos: me han pedido que escriba sobre Juan Bautista,  así que quiero comenzar saludando a todos aquellos que le quisieron, a los que están aquí y a  aquellos  que hubieran querido estar y no han podido, un saludo para todos y el agradecimiento a la Residencia donde durante tantos años vivió, con la que compartió gran parte de su vida y que ha propiciado este homenaje.

Todos los que estamos aquí, hemos conocido a Juan en alguna faceta de su vida: unos lo conocimos como compañero, para otros  fue su profesor, muchos lo conocían como sacerdote, otros como familia y para algunos, además, fue un amigo y un confidente.

Yo conocí a Juan  hace casi 30 años, cuando llegué a Sanlúcar, él ya llevaba mucho tiempo aquí, con vosotros, a nosotros nos unía la proximidad de nuestras raíces, el Real Valladolid, el vino de la Ribera del Duero y después muchas cenas en familia y con amigos, en mi casa, los jueves… Lo hemos pasado muy bien! Durante muchos años. A veces discutíamos, pues teníamos diferentes puntos de vista sobre algunas cosas, y como a los dos nos gustaba discutir, pues también disfrutábamos de nuestras diferencias y teníamos nuestras buenas discusiones.

Juan era amigo de sus amigos, sus amigos no tenían ningún defecto y los defendía a capa y espada, no consentía que nadie le hablara mal de ninguno de ellos, era capaz de enfadarse con quien osara criticar a alguno .

Quería mucho a sus alumnos que, a gritos por el Cole, le llamaban Padreeee, algunos le pinchaban, “ande que el Valladolid se va para 2ª”, eso le dolía pues por este orden, creo yo, le gustaba el Valladolid, el futbol en general y después todos los demás deportes, creo que le gustaban todos.

Pero fue en su corta enfermedad, cuando yo descubrí el Juan Bautista al que querían muchas y variada gente de Sanlúcar, de toda clase y condición, a unos los había casado y bautizado a sus hijos, otros pertenecían a la cofradía de la Iglesia de San Diego, o le conocían de los muchos años que dijo misa en la O, o de la Parroquia de los Ángeles… le querían como sacerdote, pero sobre todo como amigo con el que podían compartir casi todo lo que les pasaba. Por el Hospital, mientras estuvo ingresado, pasó por su habitación mucha más gente de la que yo hubiera supuesto que conocía.

Todo este cariño quedó plasmado en el silencio de su despedida, en su funeral, en la iglesia de La O , donde tantas veces había dicho misa, dado la comunión a tantos alumnos y donde nos reunimos las personas más dispares que habíamos querido a Juan  en alguna de las facetas de su vida.

Quiso mucho al Colegio al que consideraba su casa, pero estaba más unido a los alumnos internos, y a todo el personal de la Residencia, con los que compartió gran parte de su vida. Internos de todos los puntos de España que seguían llamándolo y que  lo visitaban o iba él a visitarlos después de muchos años. Los que estuvimos cerca de él los últimos meses contestamos a multitud de llamadas telefónicas cuando ya no podía hacerlo él.

Por eso estamos aquí, para agradecerle que compartiera con nosotros su  amistad, su dedicación a este su Colegio y el de la mayoría de nosotros, que hemos pasado como él, aquí, la mayor parte de nuestra vida.

Seguro que desde donde esté, estará encantado de ver que nos acordamos de él , y no vamos a olvidarlo, en parte gracias a esta placa que le dedica  el colegio, y mientras le recordemos seguirá vivo, con  cariño  le decimos ¡HASTA SIEMPRE JUAN BAUTISTISTA, HASTA SIEMPRE PATER.

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

Desde el alumnado, tiene la palabra,  un antiguo alumno residente del “Picacho” que viene expresamente desde Galicia, desde Cedeira concretamente,  para asistir y representar al alumnado picachero. Agustín González Rivas tiene la palabra.

Intervención de Agustín González Rivas

          Buenas. Bueno estoy emocionado. Estoy emocionado, estoy abrumado y esto es fantástico. No lo puedo decir de otra manera. No traigo nada preparado porque quería, permitidme la vulgaridad, esnifarlo desde aquí. Soy una persona que se emociona y ahora estoy emocionado. Entonces voy a tratar de explicar lo que siento. Lo que siento es... lo voy a tratar de sintetizar en una frase: "Empieza por un sueño, cree en él y hazlo posible." ¿Que significa esto? ¿Qué significa para nosotros esto? Para los Picacheros. El padre nos ha enseñado a pensar. Parece una tontería, pero no lo es. Es magnífico. Cuando tú eres niño, suceden cosas increíbles y esas cosas increíbles las hacen personas como el padre. ¿Cómo las hacen? Con su capacidad de conectar. Era un gran comunicador y tenía la capacidad de conectar con las personas de una manera muy sencilla. Hay anécdotas increíbles. Os voy a poner una. Había una persona que tenía una cabeza muy grande y el padre le llamaba cabezón. Y llamándole cabezón a ese niño le hacía feliz y captaba su atención. Y a partir de ahí empezaba a construir dentro de su cabeza: conocimiento, le proyectaba moral, le proyectaba ética... Las clases del padre. Las clases del padre eran extraordinarias. Era una cita con la curiosidad. Cogía un tema de conversación, lo hacía público y debatíamos. Pero debatíamos ya con trece, catorce años y se generaban debates muy interesantes. ¡Magnífico!

          ¿Cómo nos ha marcado eso? Pues muchísimo. Yo tengo cuarenta y siete años, he visto aquí a mis compañeros; no somos niños, pero hoy asumimos el rol de niños. Y todo esto hace que nosotros seamos una parte de él, de la cual  me siento muy orgulloso. Porque cuando uno tiene, cuando uno hace un análisis y se descompone a sí mismo y se abre en carnes, encuentra a personas como  el padre. Y eso nos ha pasado a niños que estábamos aquí que, de alguna manera, estábamos desestructurados familiarmente, y el padre tuvo la capacidad de conectar con nosotros, abrir nuestro corazón y enseñarnos a pensar. Eso lo más grande, lo más grande que nos vamos a llevar de él ya está en nosotros, y al estar en nosotros ese predicamento lo vamos a llevar a los demás. Yo lo que le digo a los picacheros, creo que todos nos sentimos así, es que esa pequeña obra que somos cada uno de nosotros no seamos egoístas y tratemos de proyectárselo un poco a los demás. Un poquito de lo que él nos ha dado vamos a dárselo a los demás. De acuerdo. Muchas gracias.

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

 

          De Juan, entre sus múltiples quehaceres, se destaca su colaboración con las Hermandades de Sanlúcar, participando en muchas de sus actividades. Como  representación de las mismas, tiene la palabra Gabriel Morales Moreno,   Hermano Mayor de la Hermandad de Ntro. Padre Jesús de la Oración en el Huerto, María Stma. de Gracia y Esperanza, Santos Apóstoles, Pedro, Santiago y Juan.

 

Intervención de Gabriel Morales Moreno

 

Reverendo Padre D. Juan Jacinto del Castillo Espinosa

Reverendo Padre D. Narciso Climent Buzón

Reverendo Padre D. José Palomas Agout

Reverendo Padre D. Ángel Pérez del Yelmo

Sr. Teniente de Alcalde de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda

Sr. Director de la Residencia del Picacho

Representantes del Consejo Local de Hermandades y Cofradías de Sanlúcar

Representantes de las distintas Hermandades de Sanlúcar

Familiares, compañeros, amigos y allegados de D. Juan Bautista Delgado, BUENAS TARDES.

          Cuando se me propone que, en nombre de las Hermandades de Sanlúcar, haga una pequeña semblanza sobre la relación que nuestro amigo Juan Bautista mantuvo con las mismas , no dudo ni un momento en aceptar dicha propuesta, ya que, para alguien que trató con él estrechamente desde el mundo de las Hermandades, no es tarea difícil.

          Juan Bautista Delgado, fue un sacerdote ejemplar, un sacerdote casero, ya que no había ocasión en la que alguien le solicitara su ayuda y él se negara. Su sencillez y alegría hacían que tuviera abiertas las puertas de todas las Hermandades. Para todos era Don Juan Bautista, el amigo, confesor, director espiritual…

          En las Hermandades sanluqueñas, predicó Triduos, Quinarios, Septenarios, Novenas, y participó en infinidad de actos litúrgicos y de formación que cualquiera de ellas le solicitara y siempre a cambio de nada, es más , me consta que con una entrega y un compromiso desmesurados.

          Soy de los que piensan que la Semana Santa de Sanlúcar, y por ende sus Hermandades, tenemos una deuda pendiente con D. Juan Bautista y evidentemente, está en nuestras manos saldarla.

          Durante bastantes años, ofreció las misas dominicales en la Iglesia de San Diego, hasta casi los últimos días de su vida, de ahí los lazos de unión y de amistad tan estrechos que mantenía con Nuestra Hermandad de la Oración en el Huerto. Sin duda alguna, somos muchos los cofrades que nos hemos formado cristianamente de su mano, tanto con sus homilías como con cualquiera de los cultos o actividades de formación que nos ofrecía.

          Con entusiasmo, animaba a los cofrades sanluqueños a acercarse a Dios y vivir una vida Cristiana seria, y todo ello lo conseguía con su labor apostólica que, por la gracia de Dios, ayudó a muchos amigos y conocidos a crecer como personas y como católicos.

          Sin mayores pretensiones, D. Juan Bautista nos mostró, a lo largo de su vida, la autenticidad de una vida sacerdotal, pasando por altos y bajos, pero sin perder el entusiasmo de amar a Dios y a los demás.

          Si me permiten el atrevimiento, les contaré algunas anécdotas vividas con D. Juan Bautista que a la gente de San Diego no se nos olvidará nunca, cómo aquellos domingos que llegaba hablando del equipo de su ciudad, que si la noche anterior había ganado el partido jugado, era el Valladolid, y por contra, si había perdido, él, con ironía llamaba el “Valladolor”.

          O aquellos jueves, después de reunirnos en torno a Jesús Sacramentado en Nuestros Jueves Eucarísticos, en los que nos quedábamos tomando una copa de manzanilla en la Casa de Hermandad, y nos daba las tantas de la noche, saliendo algunas veces incluso un poco perjudicado por los efectos de nuestros caldos.

          Y cómo no, algo que siempre recordaremos, y estaremos eternamente agradecidos, fue ese primer y único Domingo de Ramos en el que tuvo a bien dirigir nuestras oraciones antes de efectuar la salida procesional del año 2013 y acompañarnos en el transitar de la cofradía por las calles de Sanlúcar.

          Parecía que el Padre, le encomendó esa tarea antes de emprender el viaje final que, en los designios de Dios, lo llevaría al Cielo.

          Es increíble pensar que ya no lo volveremos a ver y a tener entre nosotros; pero Dios no se equivoca, le tenía una mejor misión allá con Él, lo necesitaba junto a Él, y no cabe duda de que el Cielo lo recibió con aplausos.

          Descanse en paz nuestro buen amigo, Rvdo. Padre D. Juan Bautista Delgado, y nosotros acudamos a su intercesión para que nos siga acompañando en nuestro camino terrenal, hasta que, al final de nuestra vida, podamos reunirnos con él en la presencia de Dios.

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

 

          Una de las personas que mantuvo su amistad y cariño a lo largo de todos estos años, además de otras muchas, con un compromiso mutuo de  reunirse semanalmente, los martes, los martes gastronómicos; donde Juan, disfrutaba con el rato de la compra y la elaboración de algún guiso para luego cenarlo juntos. Una persona, que al inicio de su enfermedad, supo estar presente y dispuesto, en todos aquellos aspectos de cuidado, atención, servicio y dedicación casi en exclusiva hasta el final; un antiguo Picachero y educador que fue de la “Residencia El Picacho”, Juan José Llaca Gutiérrez, quien en nombre de sus amigos y familiares, el pueblo de Sanlúcar y en especial, de la Comunidad Educativa de la Residencia El Picacho, descubrirá la placa conmemorativa, como recuerdo perpetuo y memoria a nuestro amigo, compañero y profesor, Don Juan Bautista Delgado Ortega.

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

 

Para finalizar, el director de la “Residencia Escolar Sanlúcar El Picacho”, don Manuel García Moreno, cerrará el acto y pasaremos al Patio de Galicia, donde tomaremos unas copas en su recuerdo, como a él le hubiese gustado.

 

Intervención de Manuel García Moreno

 

          Buenas tardes. En primer lugar, para cerrar el acto no me queda otra cosa que agradecer a todos y cada uno de los aquí  asistentes ese cariño, y el dignificar algo tan importante como la labor que ha realizado Juan Bautista y, por tanto, con vuestra presencia se dignifica un acto tan bonito como el que hemos organizado y realizado. Por tanto, mi gratitud más sincera a todos y cada uno, desde las autoridades locales hasta todos los familiares que nos han acompañado, junto con las personas que tanto quieren a Juan Bautista y que hoy lo han demostrado. Yo quisiera decir que, frente a todo lo que han comentado los que me han precedido, no he conocido, no he tenido la suerte de conocer profesionalmente a Juan Bautista y, sin embargo, me toca cerrar el acto.

          Pero esa contradicción no lo es tanto cuando, después de escuchar todas y cada una de las intervenciones, hoy puedo decir orgulloso que conozco perfectamente a Juan Bautista. Que lo conozco en el día a día, lo conozco en cada minuto del trabajo que hacemos aquí porque, además, me lo trasmiten cada uno de los compañeros que sean educadores, monitores, personal de administración y servicios, día a día están trabajando con ese testigo que él ha dejado y, sin duda, por mi anterior faceta profesional y política, pues yo he tenido la oportunidad de estar en muchos homenajes, de participar en muchos eventos parecidos al que estamos haciendo hoy. Pero sí os voy a decir una cosa Nunca he visto un evento en el que evidentemente el tema económico creo que sobra, pues no hay que decir más que la modestia con la que se ha hecho. El tema material sobra también y aquí está todo lleno e impregnado del espíritu de Juan Bautista,  trasmitiéndonos algo que yo hoy he vivido con enorme orgullo y satisfacción.

          He vivido ese amor a los demás, ese servir a los que más nos necesitan, ese trabajo diario en la educación, en la formación y, cómo no, también en ese saber compartir con los amigos ratos de humor y de bienestar y desde luego yo me siento hoy orgulloso, orgulloso de trabajar donde trabajo, de desempeñar ese trabajo, de recoger el testigo, junto con mis compañeros, de la labor que ha hecho Juan Bautista y que ha sembrado, y que hoy recoge parte de esa siembra que realizó. Desde luego yo me siento, de verdad, muy identificado con cada una de las palabras que todos los compañeros han realizado y mi gratitud, insisto, a todos y cada uno de los aquí presentes, porque hoy hacéis el acto aún mas grande con ese cariño que habéis demostrado y habéis puesto. Muchísimas gracias y enhorabuena por estar aquí presentes.

 

José Luis Llaca Gutiérrez, conductor del Acto

Un familiar, una hermana de Juan, la más pequeña, quiere decir unas palabras.

 

Intervención de Angelines Delgado Ortega

Muchas gracias. Mi hermano tenía una frase muy bonita que decía: "Ser agradecido es de bien nacido." Esta misma frase entra dentro del corazón de todos nosotros. Agradezco a todos, a todos, que hayáis tenido tanta confianza, tanto cariño con mi hermano, con nuestro hermano, que tanto ha querido a Sanlúcar y todos vosotros erais familia de él.

Nosotros nos lo quisimos llevar y él dijo que dejaba aquí una familia entera. Con mucho cariño os puedo decir: Gracias. Gracias os lo agradezco en nombre de mi hermano. Gracias a todos.
EN MEMORIA DE JUAN BAUTISTA

Hoy hemos dado la despedida a un gran amigo, a un compañero, a un picachero de pro, el padre Juan Bautista o el “Pater”, como les gustaba llamarle a los antiguos alumnos del Picacho.

He podido apreciar el gran cariño que se le tenía a Juan Bautista por parte de sus alumnos, no sólo aquí, en Facebook con numerosos y sentidos comentarios hacia su persona, sino también en la asistencia a su despedida. Sé que muchos de los que no han podido asistir por estar lejos de aquí, lo habrán tenido en sus pensamientos.

Juan estuvo en el Colegio como capellán y profesor de Religión, cerca de 30 años, en concreto desde 1972 al 2001, en que se jubiló, y en todos estos años que compartimos de amistad y compañerismo, incluso años después, siempre estuvo ahí cuando se le necesitaba, tanto en los buenos momentos (nos casó a muchos de nosotros), como en los malos momentos en los que participó y nos consoló por la pérdida de algún ser querido.

He de decir que tuve la suerte de compartir muchos años con él, al principio cuando llegué al Colegio, allá por el año 75, recuerdo aquella noche de octubre en que junto con mi hermano Alejandro (q.p.d.) fueron a recogerme a Jerez, venía para empezar a trabajar en el Colegio, lo que me ayudó en esos primeros días, y en esos tres años que estuve de Monitor, se cuajó esta gran amistad, ya que ambos vivíamos en el Colegio. Nuestra pasión por el fútbol nos hacía estar siempre picándonos, éramos de equipos contrarios, pero siempre terminábamos hablando de “tu” Valladolid o recordando las muchas anécdotas que pasamos en mis tiempos de Monitor o la de mi boda. Me casé en Cáceres, y él me tenía que casar, pero era la hora y no aparecía, al final llegó 15 minutos tarde, haciendo esperar a toda una iglesia llena, era domingo, misa de doce, y él y otros compañeros, sin aparecer. Una boda en que los que tuvieron que esperar fueron los novios, no el cura. Los motivos no vienen al caso ahora, y así muchas más anécdotas y recuerdos que se me agolpan ahora en mi mente.

Aunque su pérdida era algo esperado por los que estábamos al corriente de su enfermedad, no por ser esperada ha sido menos dolorosa. Allá donde estés, estarás bien acompañado por esa otra familia picachera, formada por todos aquellos picacheros que te precedieron en este último viaje. Que descanses en paz, amigo Juan.
Para terminar, quisiera poner uno de los comentarios hechos ayer por uno de vosotros y que me gustó mucho: “Nos deja su presencia pero no su persona. Recordándolo lo mantenemos vivo”.

 

 


15/03/2016

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