Recortes de historia ...

  FRAY SEVERINO RODRÍGUEZ CALDERÓN, Ministro provincial de las Clarisas.

 

 

 

 

VIII Centenario de la Fundación de las Hermanas Pobres de Santa Clara (1212-2012)

3º Día del Solemne Triduo

 

Muy queridas Hermanas Pobres de Santa Clara. ¡Qué título más bonito, Hermanas Pobres de Santa Clara! Ningún título va mejor que el que nuestra hermana Santa Clara dejó para esta generación inmensa y preciosa de religiosas extendidas por todo el mundo desde hace ocho siglos.        

Queridos hermanos Julián y José Antonio que son dos hermanos más de la advocación de Hermanos Menores de Franciscanos, el Hermano Isidoro, conocido por el padre Pateras. Envío un saludo a todos los marginados, los pobres, los emigrantes, los que llegan a nuestras costas, las hermanas que acoges en la casa. Un saludo cordial a todos los marginados, los que no cuentan, los últimos, los sin papeles y el trabajo que hacéis en esa comunidad de Algeciras.

Pero toca hoy hablar del Señor Jesucristo, de Francisco, de Clara, pero también un saludo muy cordial, Hermanos de la Cruz Blanca.

Muy queridos Hermanos religiosos de la Salle, y religiosos y religiosas de otras comunidades, así como hermanos de Sanlúcar, sanluqueños y algunos chipioneros que he visto por ahí, y hermanos y hermanas de estas comunidades. A todos y cada uno, y a los que siguen en sus casas por la enfermedad, por el dolor, o por cualquiera otra situación, que el Señor os conceda la paz. Aquí la cruz pone “Paz y Bien”, pues “Paz y Bien” a todos, que eso nos viene muy bien al comenzar esta celebración.

Lleváis nueve días recordando los acontecimientos de gracias del Octavo Centenario de Santa Clara, y por tanto de la Fundación de las Hermanas Pobres, es decir, de nuestra Orden. Francisco y Clara son dos enamorados que se complementan el uno con el otro en el seguimiento de Jesucristo, muerto y resucitado.

Por consiguiente, ellos son dos caras de una misma realidad. Clara descubre en Francisco un modo de seguir a Cristo, y Francisco con Clara ponen en común un proyecto muy hermoso, que es vivir el Santo Evangelio que les ha regalado la Iglesia. Recordad muy sintéticamente aquella noche del Domingo de Ramos de 1211-1212 cuando Clara era joven, dieciséis-dieciocho años, y, dejando su casa, económicamente estaba bien situada, y de noche, para que no tuviera dificultades con sus padres, se fue por una ventana de atrás a encontrarse con Francisco de Asís, a desposarse con el Señor, aunque para ella ya le había buscado ligue, pero la familia no era su ligue, ella tenía un ligue más hondo, más permanente, más fiel, tenía un buen sostenedor, el Espíritu del Señor, y por eso se planteó cómo ligar con Dios. Y vaya si lo hizo bien.

Entonces se va con Francisco de Asís, y luego adelante, ya al final de su vida, murió a los sesenta años, el papa Inocencio IV bendijo el proyecto de vida de Clara, que vivió muchos años enferma, pero con una gran pasión en el seguimiento de Jesús.

Por consiguiente, estamos celebrando este año ochocientos años de la Fundación de las Hermanas Clarisas. Somos ya conocidos de sobra, viejos por un tubo, enraizados en una tradición con muchos momentos históricos distintos, pero ahí estamos, manteniéndonos constantes y vocacionalmente alegres. Si miráis hacia atrás en donde están las Hermanas Clarisas, pues ahí veis una comunidad interreligiosa. Hay religiosas keniatas y religiosas mejicanas, hay religiosas españolas. Total en los que a veces hacen el diálogo interreligioso, del que tanto se habla en el mundo de la política, hoy, en este momento, un buen modelo lo tenemos en la vida consagrada y en la vida religiosa, como puede ser este monasterio.

Por consiguiente, con mucho gusto, con mucho gozo y con muchísima ilusión nos hemos puesto en camino hoy para celebrar con vosotros este Octavo Centenario de Santa Clara, dejándonos llevar por la Palabra del Señor, que es tan preciosa, que es tan bella al paladar y tan gustosa, que cuanto más se lee más se saborea y más se disfruta de ella.

Fijaos qué texto tan precioso del capítulo II del libro del Eclesiástico, del Antiguo Testamento, dice que si has decidido servir al Señor, prepárate, prepárate para lo que venga, para las alegrías y las penas, o para las dificultades. Uno que está pegado al Señor está preparado para todo. Quizás el mundo que se pretende vivir es muy frágil, la filosofía de la posmodernidad, el mundo de la secularización, el laicismo, quizás no estemos preparados para las pruebas y las dificultades.  Y cuando toca en la puerta la crisis, el paro, o el divorcio, o la separación, o la enfermedad, cuántas veces no sabemos qué hacer con ella. Bueno, pues, el texto del Eclesiástico dice: “prepárate, si estás enganchado en el Señor, para superar todo tipo de pruebas, no te pongas nervioso o nerviosa, sé valiente, sé práctico, ten confianza”. Y cuando vengan las dificultades, pégate al Señor.

Fijaos que Francisco está pegado a la Cruz y Clara está pegada a la Eucaristía. ¡Qué magníficos compañeros en el seguimiento de Jesús, la cruz y la Eucaristía, dos referencias preciosas y precisas para vivir en los umbrales del siglo XXI que acabamos de estrenar! Pégate al Señor y así llegarás a buen puerto, aquí los sanluqueños saben mucho de puertos, de desembocaduras y sabe mucho de las de aguas de los ríos que siempre desembocan en el mar. Confía en el Señor y él te cuidará. Sigue el camino recto y espera en él. Es posible que muchas veces de nuestras depresiones, de nuestras angustias patológicas, de nuestras situaciones anómalas, cuando uno se agarra al Señor sabe que tiene una magnífica compañía. Dice el texto del Eclesiástico “Espera en su misericordia”. Se conoce que Clara este texto lo había escuchado muchas veces hasta sesenta años que cumplió, pues al menos sesenta veces.

Este texto ya lo explicó y habla en sus escritos siempre del Padre de las misericordias. ¿Quién es para Clara Dios? El Padre misericordioso. Así que si alguno camina con un Padre que es cruel que se lo quite de un plumazo de su vida. El padre en el que uno pone su confianza es el Padre de la misericordia. Ya desde el Antiguo Testamento. Espera de ti todo lo que merece la pena y espera y se alegra en el Señor. Por eso, hermanos, quien llama a Dios Dios lo escucha. ¿Vosotros le llamáis? ¿Tenéis tiempo? Porque a veces estamos demasiado ocupados en la sociedad actual para pensar en Dios. Pensamos en el deporte, pensamos en la televisión, en Internet, en el móvil; pensamos en el tuenti, pensamos en los medios que tenemos a nuestra mano. Todos muy ocupados. Apenas tenemos tiempo para pensar en Dios. Bueno, pues muy bien que una tarde de un sábado tengamos un rato para pensar en Dios.

Ay, en el texto del Eclesiástico, de aquellos que son flojos y que no confían, ay de aquellos que no siguen los caminos del Señor porque les va a faltar una magnífica compañía. Ya decía Teresa de Jesús que “a quien Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”.

El salmo 66: “Alabad al Señor todos los pueblos”. No sólo porque crea toda la naturaleza, y hoy nos ha regado divinamente con la hermana lluvia que nos ha visitado, tan rica para nuestros campos. No sólo porque crea la naturaleza, sino porque mantiene con nosotros una alianza, una alianza de amor, y una alianza que es que toda la tierra le conozca, que todos los pueblos se alegren y que todos canten, porque Dios es bueno. ¿O no? Porque si Dios no fuese bueno, no sería Dios.

Y Clara descubre a un Dios bondadoso, y lo descubre a la sombra de Francisco, que es el que canta al omnipotente, altísimo y bondadoso Señor. Para Francisco y para Clara Dios es el buen dador, el dador de la paz. ¡Qué suerte tenéis los sanluqueños de poder disfrutar de una comunidad contemplativa clariana en este pueblo! Donde hay un eco de resonancia de Dios, aparte de que luego trabajen ellas con sus manos en las costuras, en los dulces, en sus trabajos, pero lo más importante es que hay un espacio para el silencio. Y cuando todos callamos en el silencio el Espíritu habla. ¿No lo notáis?

¿Y cómo habla a la luz de la segunda lectura desde la alegría? Alegraos, hermanos, alegraos porque el Señor está cerca. En un mundo donde hay tanta tristeza, donde la gente se queja tanto, donde tenemos tantos problemas, que nos presentemos al Señor dándole gracias, con alegría, porque Él es bueno, hermoso, bueno, limpio, paterno, pues es una gozada que la Iglesia, que esta comunidad de fraternidad franciscana sea un espacio para la alegría. Podríamos cantar al mal tiempo buena cara. Podríamos cantar de la mañana a la tarde si el Señor me regala lo que soy, pues qué bien ¿no? ¡Qué bien para vivir lo que él me da, para ponerlo al servicio de los demás!

Pon en práctica, pues, hermano y hermana, lo que has oído, lo que has olido, lo que has gustado, lo que has saboreado, lo que has comido. Eso es lo que hacemos en la Eucaristía, comer, beber, comer, saborear, degustar la Palabra de Dios. Pon en práctica los buenos ejemplos de las personas buenas. Y para eso, si puedes, yo te invito a que lo hagas, mira el mundo con simpatía, mira a tus vecinos con simpatía, mira a tu gente en tu barrio con simpatía. No mires desde el juicio o de la condena. Estad alegres en el Señor. Por eso, cuando uno se presenta como franciscano o como clariano, hijo de santa Clara, es muy bueno, porque ellos mismos son santos que se presentan desde la alegría. Y es que un cristiano triste no es cristiano. O, perdón, es un cristiano tan triste que no tiene ninguna atracción.

De ahí que el Evangelio que nos regala hoy la Iglesia, en el capítulo XI de San Mateo, sea un evangelio cargado de esperanza. Dios se inclina para elevarnos a nosotros. Busca siempre lo sencillo. Lo que no puede gustar, lo que no aparece en el escaparate, lo que no aparece en televisión. Las monjas clarisas no suelen aparecer nunca en televisión. Bueno, hermanas clarisas, sí el día 5 de agosto presidiré la Eucaristía en televisión, para que todos los españoles se enteren de que estamos celebrando a Santa Clara. Y por medio de la televisión podamos llegar a todos los hogares españoles y decirles que vivir hoy la experiencia de Santa Clara es acercarse a una mujer de una gran cultura, como indicaré dentro de unos momentos, una mujer que tiene mucho que enseñar en este momento.

Pon, pues, en práctica esta simplicidad franciscana. Aprende a ser humilde. “Venid a mí, dice Jesús hoy, los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”, porque Dios es bueno, es tan bueno como el pan. Vosotros los hambrientos, comed, que Dios es bueno y sacia nuestras hambres. Y ahí, en este párrafo, la Palabra de Dios, hoy miramos especialmente a Santa Clara, Santa Clara y San Francisco, especialmente hoy a Santa Clara, mujer que se desposa, que se casa con Cristo, que tiene con él una alianza. Abraza esta forma de vida. Es como una pequeña plantita, dice ella. Soy como una pequeña planta de Francisco. Soy como una delicia. Mirar a Clara es mirar a una mujer consagrada a Jesucristo.

Y cómo mira ella a Jesucristo. Con dos características, pobre y crucificado. Las Hermanas Pobres de Santa Clara. Pobre y crucificado. Si Francisco es para Clara plantador y es también fundador, es porque le ayuda, él a Clara y Clara a él, a vivir el santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

Yo os invito a que vosotros y yo, como dice Clara, nos miremos en el espejo de la Palabra de Dios, para que, mirándonos en el espejo de la Palabra de Dios, y todo el mundo la puede tener en su casa y lo puede leer, podamos ser para los demás espejo cuando los demás nos vean vean en nosotros cristianos apasionados por el Evangelio. Mírate en el espejo, dice Clara, de los clavos de Dios, para que así todos resplandezcamos ante los demás como hijos de Dios, como hermanos en el seguimiento de Jesús.

Fue llevada Clara por Cristo al desierto y, allí en el desierto, escuchó su voz. Unida a Cristo como la vid. Mañana escucharéis el texto de la vid en la liturgia del domingo. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”. Clara escribe a su hermana Inés hablándola de Jesucristo: Mira atentamente a Jesús. Considera lo que dice. Contempla sus enseñanzas. Abraza y mira todo lo que hay en él de bueno, porque el amor de Dios enamora, el amor de Dios transforma la vida entera.

Estimulados por Clara, vamos a recorrer con entusiasmo su vida, con amor apasionado. Vamos a vivir la experiencia de una mujer nueva. Voy a bajarme para abajo. Aquí podemos mirarnos un poco más abajo. Porque si hablamos de la simplicidad y de la pobreza, cuanto más se abaje uno más se eleva él. Si hablamos de Clara y de su simplicidad, cuanto más le contemplemos a Él más pequeños nos haremos nosotros. En una sociedad que quiere aparentar tanto, ser tan guapa y oler a colonia, que seamos cristianos, que nos abajemos para que él se eleve. Por eso Clara es la mujer pobre, sencilla. Es una mujer nueva, porque aporta a la sociedad de la Edad Media lo nuevo del Evangelio.

Qué bien nos vendría a todos, hermanos y hermanas, el que nos mirásemos en los santos, como modelos del camino hacia donde todos vamos para encontrarnos con el Señor. Quién va a dar, hermanos y hermanas, respuestas a nuestros interrogantes.

Francisco y Clara, hermanos y amigos, compañeros de camino, que a la sombra del resucitado, camináis con la libertad propia de los hijos de Dios. Francisco y Clara que en la complementariedad nos enseñáis a vivir en fraternidad. Y cuando uno es hermano no hace el primo. Y cuando uno es hermano se complementa con sus hermanos, y cuando uno es hermano pone lo que tiene al servicio de los demás. Francisco y Clara, que habéis descubierto la simplicidad del Evangelio, porque os habéis creído la Palabra de Dios.

María, tú que en ellos hiciste un hueco muy importante para decirles “haced lo que él os diga”. Ahí en el patio del monasterio de Sanlúcar, en una de las puertas, tienen puesta las religiosas esta frase. “Haced lo que él os diga”. En el corazón del mes de mayo, tened a María como referencia para dejarnos llevar de las manos hacia Jesús qué bien nos viene.

Hermanos que trabajáis en Hermandades y Cofradías, en grupos, en movimientos, no perdamos el horizonte, no nos quedemos en el aparato, vayamos a la centralidad de la Palabra del Señor. Las Hermanas Clarisas en su vida lo que hacen es dedicar su vida sobre todo al encuentro con Dios. Recientemente he estado dando Ejercicios Espirituales a una comunidad de clarisas, en concreto en Antequera, cada día dedicábamos cinco horas a la oración, cinco horas. No os digo a vosotros que dediquéis cinco horas a la oración, pero sí que hagáis de vuestra vida una vida de oración.

Gracias, Señor Jesucristo, porque, a través de Clara, nos haces a todos testigos de Jesús, mirándonos como ella y como él, Francisco, en el espejo del crucificado. Mucho ánimo, hermano Isidoro, para seguir trabajando al lado de los pequeños y los pobres, mucho ánimo para seguir trabajando en tus grupos o comunidades, o hermandades, al lado del que no cuenta. Muchas gracias, educadores, cuando sois capaces de educar hacia abajo. Qué profesor de Universidad se animará a educar hacia abajo. Y es hacia abajo en donde enraíza la savia pura del santo Evangelio.

Hermanos y hermanas, muchas gracias tenemos que darle a Dios porque nos ha elegido en la persona de Cristo para seguir como Clara a Jesús con pasión, con ardor, con gusto, con sabiduría. Eso es lo que vamos a confesar esta tarde. Antes de sacarles, al cruzarse por nuestras calles de Sanlúcar, vamos a decirle al Señor, que se hace presente aquí en la mesa de la Eucaristía, que es la mesa de toda la comunidad, donde todos podemos saciar nuestras hambres. Vamos a decirle al Señor que nos fortalezca como a Clara y que podamos enamorarnos como ella de lo único importante. Que el Señor Jesús hoy se haga presente al partir el pan.

Y si a alguno o a alguna se le apaga la vela, porque está un poco mustio, pues aparte de echarle un poco de agua a su vida, que le eche un poco de luz. Y si se le apaga la luz, que venga y encienda del cirio, esta luz que no se apaga y que está hecho de la cera de las abejas. Y ojalá que al vernos cada uno, como lo fueron en su tiempo Francisco y Clara, seamos luz entre nuestra gente. Ellos se encontraron una sociedad mucho peor que la nuestra. Ojalá que seamos al menos luz, cerilla que ilumine en la noche y podamos decir: Jesucristo es Señor.

Que el Señor os bendiga, os fortalezca, os colme de ilusión, a vosotros y a mí, que la vamos a necesitar para ser creyentes convencidos en este tiempo que nos encanta. Es nuestro tiempo. Y aquí debemos también plantar un signo vivo de la Palabra de Dios. Que la Palabra la tengáis en los labios, en el corazón, en las manos, y en los pies, porque la Palabra del Señor es vida, la que él ha hecho vida ha de llegar a vuestra casa, a vuestro hogar, a vuestro trabajo. Vamos a hacer un momento de silencio para que la Palabra vaya calando. Lo dice el profeta Isaías que al igual que baja la lluvia y va para la tierra, así sea la Palabra de Dios. Una vez que la escuchemos no vuelva ya vacía. Clara la escuchó y gracias a eso hoy la tenemos como modelo de santidad.

Hermanas clarisas, hay tarea, hay ilusión, hay trabajo. Seguimos profundizando permanentemente en la Palabra de Dios. Ojalá que la repartáis bien a los sanluqueños como un alimento bueno y desde ahí la podamos multiplicar allí donde vivamos, nos movemos y existimos.

 

 

Texto de sonido facilitado por las Hermanas Clarisas

Trascripción de Narciso Climent 


07/03/2016

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1