Recortes de historia ...

  CARTA ABIERTA EN EL HOMENAJE A RAFAEL IBÁÑEZ


 

 

 

Mi querido amigo Rafael:

 

Compromisos adquiridos desde hace mucho tiempo para el día de hoy me impiden estar físicamente en el justo homenaje que se te rinde. He querido, sin embargo, de alguna manera, buscar una rendija, a través de la voz de mi buen amigo, don Pedro Pascual, para sumarme a tu homenaje.

 

Sé que este homenaje es un reconocimiento a tu persona y a tu labor tan generosamente desarrollada durante muchos años. Pero te diré que, para mí, es un homenaje que el pueblo rinde a una manera de ser, la tuya,  una manera de ser que cada día se “lleva menos”, por desgracia, o al menos, mi miopía filosófica me la impedirá ver. Me explico.

 

Te conocí siendo casi un niño, casi un niño tú, claro, que yo ya iba para talludito. Fue en algo tan nuestro como el Instituto Francisco Pacheco. ¡Qué colección de gente de valía coincidisteis generacionalmente en aquella época¡  ¡Cuánto, y bueno, habéis aportado a esta sociedad nuestra, la sanluqueña y la foránea ¡ No cito a nadie, porque sería imposible por ser tantos y tantas, y de tan alta calidad humana y profesional.

 

Desde un principio, nuestra amistad  surgió tan espontánea como duraderamente. Pronto descubrí que el Quini ( era tu nombre de guerra por aquel entonces) tenía algo especial; con certeza no sabía el qué, pero me lo fuiste revelando paulatinamente. Un hito importante en este descubrimiento fue con ocasión de la Excursión que, con tus compañeros y compañeras de curso realizamos a las Islas Canarias. Fue la primera excursión de este nivel  que el Instituto Francisco Pacheco realizaba. El presupuesto era de más de medio millón, (de los de principios de los 70, claro, que era un pastón).

Los alumnos y alumnas que se apuntaron fueron más de cincuenta. No sé si recuerdas cómo decían todos que estábamos locos, que de dónde íbamos a sacar tanto dinero, que no llegaríamos ni a Chipiona. El proyecto, con el esfuerzo de todos, salió adelante.

 

Lo más sorprendente y grato  para mí fue que en esta excursión conocí el misterio de tu poderosa personalidad. Me metiste en el saco de tus aventuras: la del paraguas (ahí quedó), la de la provocación pacífica a aquella sociedad de señoritos asentados en la cúpula de su poderío. Te movías por entre ellos con la soltura de quien parecía pertenecer a tan encumbrada clase de toda la vida. ¿Recuerdas tu inseparable albornoz que no te quitabas ni para dormir? ¿Recuerdas el patético siete que lucías en la espalda pegado con una tirita? ¿Recuerdas el sombrero de trabajar en el campo que tú lucías como si de la última moda se tratara? ¿Recuerdas con qué cara, sí, mi querido Rafael, con qué cara nos colábamos de dicha guisa en las piscinas de los hoteles de postín, como si nuestras fuesen? ¿Recuerdas que en alguna de ellas nos echaron hasta unos perros para que nos pusieran de patitas en la calle?

 

Estas y otras múltiples anécdotas, más propias para recordar en una velada veraniega junto a una barbacoa que en tu homenaje, se me hacen imprescindibles para exponerte la revelación que aquello supuso para mí. ¡Tú, Rafael, tenías el carisma, la fuerza, el coraje, y la arrogancia (sanamente atendida) para ser un auténtico líder ¡ Estabas llamado a ser algo grande en la sociedad. En eso pronto coincidimos. Y tú con frecuencia me lo decías, al estilo del Quini de entonces, pero me lo decías.

 

Sólo faltaba esperar. Sólo faltaba ver si esa tu cualidad de líder eras capaz de ejercerla y además de hacerlo para bien. Hoy te digo, mi querido Rafael, que has superado con creces aquellas expectativas de entonces. Y perdona que te recuerde públicamente por qué.

 

 

 

Para mí, la grandeza de un líder no consiste en la mera realización de obras materiales, con ser importantes; sino la de saber ejercer su liderazgo positivamente por, para y entre las personas. La de creer en las personas. La de saber que las personas son lo único importante de la sociedad. Lo demás, cascarilla para el viento. Una vez que creaste, y con qué acierto y tino, tu propia familia (y con qué arte, hijo mío, con qué arte), los involucraste en tu proyecto, tanto a tu mujer, como a tus hijos.

 

Fue cuando en tu gran corazón de líder nació una ilusión, y para ti, hijo mío, decir ilusión es decir realidad. Descubriste la parcela más noble donde realizarte: los niños pequeñines con minusvalías que, estimulados precozmente, podrían desarrollar sus potencialidades físicas y síquicas. Supiste entrar en los corazones de todos. Formaste con los padres de nuestros niños y niñas una verdadera familia. Pero tu pasión de líder no estaba satisfecha. “Aunque sea lo último que haga, estos niños van a tener un peazo de Centro”, decías  Y ya creo que lo tienen. Con qué coraje, con qué tesón, con que valentía llamasteis a todas las puertas, a las oficiales y a los privadas. Y el pueblo de Sanlúcar, que sabe de verdad –digan lo que digan-, que sabe de generosidad, que sabe cuándo una cosa es suya, y cuándo está hecha de corazón, te dijo a ti, a los padres y madres, y sobre todo a los niños: ¡Que sí, Rafael, que palante!

 

Saltaste a los medios de comunicación nacionales, le comiste el coco al buenazo de esa excelente persona que es  Carmelo, para que el mundo del arte del torero colaborase con nuestro proyecto (sí, Rafael, porque ya lo habías conseguido, el proyecto tuyo, el del Centro de Estimulación Precoz, ya era de todo el pueblo, de toda la región), pusiste a todo el pueblo patas arriba con los maratones, con la operación ladrillo, con lo que hiciese falta. Conseguiste que el Centro se labrase, y fuese mundialmente conocido y admirado, y que los mejores especialistas del mundo en Hidroterapia vinieran a enseñar y a aprender en los Cursos de verano. Hoy el proyecto está felizmente vivo y en alza.

Toda la familia que tú has sabido crear en el Centro: padres, especialistas, trabajadores y medio pueblo, siente y vive con el Centro de Estimulación Precoz. Claro está que quién puede decir a Rafael que no a algo que él pide, si, además de ver su testimonio y entrega, lo sueles hacer con estas palabras: “¡Oye, te tengo que pedir una cosa, pero no me puedes decir que no!”. Anda que  no sabe lo que quiere el niño.

 

Bueno, Rafael, que disfrutes mucho estando hoy con tanta gente que te quiere y que te admira. ¿Qué te puedo decir yo, que tanto he aprendido de ti y que sabes cuanto afecto te tengo? Pues sólo dos cosas: una, que no te canses nunca, que has escogido el camino más noble para un líder de corazón inmenso como eres tú. Y otra, Rafael, ojalá que seas  un verdadero referente para nuestros “despistadillos” jóvenes actuales. Que vean en ti el testimonio de un hombre que, salido del pueblo, ha sido capaz de dar lo mejor de sí mismo en pro de lo más querido de nuestro pueblo, los niños y niñas.

 

Felicidades, maestro. Un abrazo:

 

                                                        Narciso.

 

 

 

 


22/02/2016

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