Recortes de historia ...

  TORRE DE LA CARIDAD

 

 

 

 

La historia corre, en ocasiones, como un caballo desbocado. Han pasado 400 años. En aquellos años de principios del XVII la historia caminaba más cansinamente, o al menos ese era el zoom con el que la veían aquellos hombres y mujeres. Sanlúcar de Barrameda vivía momentos de esplendor inusitado. Claro que no toda la ciudad, porque las clases populares sufrían problemas similares a los de otros momentos históricos. Los Señores de la Ciudad, no obstante, los Medinasidonia, y los regidores de la misma velaban por ir subsanando los problemas que iban emergiendo.

          Sin embargo, la Sanlúcar de Barrameda de hace 400 años anidaba en la esperanza y en el afán de aventuras. Los viajes de ida y vuelta al Nuevo Mundo, el constante trasiego de gente de todas las razas y culturas que iban y venían, el apiñamiento de templos-conventos de todas las Órdenes Religiosas, las constantes visitas de personajes del granderío de la época generaban en los ojos de los sanluqueños una chispa de sorpresa y de fe en la vida. Había sonado el tiempo de la historia para la ciudad.

          A más abundancia, un personaje de leyenda aparece por la ciudad de paso a las Américas, el alférez Pedro de Rivera y Sarmiento. Viene cargado de sus enseres. Pero lo más preciado para él era una pequeña imagen que, por gratitud al haber sido sanado de unas heridas recibidas en una pendencia armada y que habrían sido portadoras, en situaciones normales, de una muerte segura, había mandado realizar una copia exacta de la imagen a la que él se había encomendado, la Virgen de la Caridad de Illescas.

          El personaje pasaría desapercibido en aquella ciudad cosmopolita de principios del XVII, venida a más, pero no lo que aconteció por él. Depositó la imagen de la Virgen en un retablillo urbano en uno de los sitios más concurridos del Arrabal de la Ribera, en la Calle de la Bolsa en su parte lindera con la Plaza de Abajo o de la Ribera. A la señora que habitaba aquella casa le encargó que no le faltase el aceite a la lamparilla que iba a alumbrar la imagen de la Señora. Pero, hete aquí que las fiestas populares son las fiestas, y por celebrarse una de ellas, la señora cogió del brazo a su marido, cerró su casa y… a la fiesta. Se olvidó de reponer el aceite. Llegada la noche, el aceite de la lamparilla no sólo no se había agotado, sino que manaba abundantemente de ella. Lo sucedido corrió de boca en boca. Todos vinieron a contemplar lo que parecía un milagro. La suposición se hizo realidad comprobada. El vicario de la ciudad Luis de León Garabito informó de cuanto acontecía al arzobispado. El cardenal Fernando Niño de Guevara envió una comisión de peritos a Sanlúcar de Barrameda, presidida por el canónigo penitenciario, Juan de Balza. Hasta 14 serían las curaciones consideradas milagrosas por el Arzobispado en un estudio técnico que ordenó el arzobispo de Sevilla.

          Aquel acontecimiento generó una profunda devoción popular a aquella milagrosa imagen de la Virgen de la Caridad. Fue el momento en que los Señores de la ciudad, inmersos en la misma devoción, ordenaron el traslado de la imagen a la pequeña Iglesia de Santa Ana, ubicada junto al Hospital de Mujeres de la Hermandad del Señor San Pedro, tan benefactora durante siglos con los más necesitados de la ciudad sanluqueña.

          La Iglesia de Santa Ana quedaba insuficiente para acoger a tanta gente como acudía a venerar y dar culto a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Caridad. Por ello el XII Señor de Sanlúcar de Barrameda y VII Duque de Medinasidonia, Alonso IV Pérez de Guzmán, así como su esposa Ana de Silva y Mendoza, encargaron a su maestro de obras el arquitecto Alonso de Vandelvira la construcción de un templo que estuviese en consonancia con la devoción mariana que experimentaba el pueblo y el vecindario de la comarca.

          La ciudad vio complacida e ilusionada cómo desde 1609 a 1612 se iba labrando aquella extraordinaria obra de arte que enriquecería aún más el patrimonio artístico de la ciudad. Optó Vandelvira por una construcción de estilo manierista en la que se coordinasen la sobriedad clasicista con la monumentalidad que requería el fin a que se destinaba. Años después Juan Talavera de la Vega construiría un amplio basamento en la parte lateral de la iglesia, bellamente lleno de adornos, en los que se compagina, en acertada simbiosis, la blancura de la cal con la suntuosidad de la piedra. Delante de este basamento, peana de acceso a la portada adintelada que da acceso a la interioridad del templo, se abría una plaza, la Plaza de Nuestra Señora de la Caridad, en la que el pueblo celebraba sus fiestas en honor de la ya proclamada Patrona Excelsa de Sanlúcar de Barrameda.

 

          Adosada junto a donde se hallaba el presbiterio Vandelvira trazó la torre del templo, sobria, ascética, mirador de la vida de la ciudad, anunciadora de sus fiestas, llamadora al culto. Hoy la miramos y la descubrimos como una anciana cargada de años que reclama nuestra atención y nuestra ayuda para poder mantenerse en pie. Esas piedras centenarias no pueden venirse abajo. Hay que fortalecerla y asegurar esa elegante planta cuadrada; hay que recuperar para muchos años más, para disfrute del vecindario del futuro los cuatro frentes de su primer cuerpo; hay que lograr que sus arcos de medio punto no se pierdan desplomados en el suelo de la desidia; tiene que seguir de vigía de la desembocadura del Gran Río, el Guadalquivir, su segundo cuerpo de forma octogonal. Como un día el pueblo de Sanlúcar de Barrameda regaló a su Patrona la coronita de estilo barroco y de pedrerías que la Señora luce, todos los sanluqueños hemos de colaborar en que se restauren la torre y que, sobre sus dos cuerpos, vuelva a relucir su coqueta cupulita revestida de azulejos en los que aniden las cigüeñas. Sanlúcar de Barrameda, a pesar de muchos pesares, fue defensora fiel del mantenimiento de su patrimonio, porque este se creó un día con el sudor del pueblo, este lo disfruta y lo proyecta hacia las generaciones que en nuestro patrimonio histórico artístico sabrán de nuestra historia. 


07/01/2016

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1