Recortes de historia ...

  CONFLICTOS POR LA CAPELLANÍA DE SANTA BRÍGIDA

 

 

 

Se trata de una de las más antiguas capellanías de la ciudad. Si bien hay constancia de la misma en 1541, sus orígenes debieron ser anteriores. Tal vez la capilla fue creada en los tiempos de la conquista de Canarias (siglo XV), dado el particular fervor que se practicó a Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de las Islas Canarias. Era una capellanía bien pobre, a pesar de lo cual se suscitaron cuestiones por la propiedad de la misma. Las disputas por la propiedad de una capellanía fueron muy frecuentes en la historia de la ciudad. Veamos una de ellas.

 Don Diego Bernal y Rendón, presbítero, remitió 2.000 reales para que se restaurase la capilla en la Ermita de Santa Brígida, para que en los días de fiestas se diese misa, la que efectivamente se efectuó el año de 1740. Se nombró a don Diego Agustín Ramírez de Medina, por el señor provisor para administrador de ella, para que llevase cuenta y razón y la diera siempre que se pidiera por el Juzgado, cuya obligación está en los autos de erección.

          Llama por primeros capellanes a los hijos, nietos y descendientes de su primo, Miguel de Barba, y mientras no sea sacerdote el llamado, don Diego Agustín Ramírez de Medina, tuviese la obligación de prever quién dijese la misa con la precisa condición de llevar solamente la mitad de la renta. La otra mitad ha de ser para el capellán para ayuda de sus estudios y alimentos hasta el momento de ser ordenado. Reconvino doña María Collantes a dicho Medina para que se le adjudicare dicha capellanía a Manuel de los Santos Barba, como nieto de padre y madre de de Miguel Barba, primer llamado de dicha Fundación. No quiso condescender en ello el mencionado Ramírez de Medina, afirmando que, mientras él viviese, sería dueño absoluto de la capellanía y, por tanto, nada tendría que ver con esta resolución.

          Doña María Collantes lo demandó ante el señor provisor Gespérez, en octubre de 1753. Habiendo seguido el pleito don Agustín Ramírez de Medina un año, se sentenció declarando a Manuel de los Santos Barba por capellán de dicha capellanía y adjudicándosela como primer llamado por el fundador.

          Apeló Medina y se le negó la apelación, en uno y otro efecto, por ser maliciosa y estando dada la sentencia con los mismos términos de la Fundación, se le mandó dar las cuentas de los días en que la había administrado. No la quiso dar. Se le quitó la administración. Se mandó que su abuela, doña María Collantes, fuese haciendo la correspondiente obligación, y además teniéndolo como la había prendido el señor juez al señor Ramírez de Medina con censuras para que entregase la cuenta. Además se mantuvo un mes “descomulgado” sin entregar la cuenta.

Trajo letras del nuncio para llevar los autos en consulta, tras lo cual se confirma la sentencia dada por el ordinario. En ella se decía que desde el día en que se opuso, le diesen la mitad de la renta, que fue por el mes de octubre como consta en los autos y se le mandase la cuenta al referido Ramírez de Medina. Habría de pagar lo que tampoco había dado, pues habiendo tomado otra vez la administración, dejó pasar un poco de tiempo, y dio una cuenta de lo que había cobrado en esta segunda administración, callando la cuenta de lo que antes había administrado y cobrado.

          Se le pidió cuenta a doña María Collantes de lo que había cobrado. La dio la señora, tanto de lo que producía dicha capellanía, como de lo que había cobrado, que eran hasta unos diez mil reales. Se le mandó que devolviese la cantidad. No se le quiso abonar el tiempo en que se opuso a la capellanía, que según parece también se le debía abonar, ya que el fundador había mandado que se le diera la mitad de la renta al nombrado para ayuda de su manutención y estudios. Obligaron a sus herederos  de doña María Collantes para que pagasen la referida cantidad con los bienes que aquella señora había dejado.

 

          No se puede uno persuadir de que, estando mal informado el señor nuncio, el señor Cuevas, que es quien había dado esta ejecución, pues en su justificado proceder, si estuviera bien informado, mandaría se cumpliese, en todo y por todo, la ejecutoria del señor nuncio y que se le abonase la mitad de la renta de los años en que se había encargado de la administración de la capellanía. El capellán murió haría un año poco más y dejó por heredera a una tía suya.


04/01/2016

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1