Recortes de historia ...

  PRIMER INTENTO DE DIÓCESIS DE ASIDONIA

 

 

 

 

Sevilla y Cádiz, Cádiz y Sevilla, ¡cuántas veces con litigios en el devenir histórico! En 1260 estalló uno de los primeros, y dentro de la institución eclesial[1]. El rey Alfonso X, consciente del papel estratégico tan significativo que toda la zona próxima al Estrecho podía desempeñar en sus afanes de conquistar África, solicitó en 1262 del papa Urbano IV (1200- 1264) que concediese que la antigua diócesis de Asidonia pudiese recuperarse y reconstituirse con sede en la ciudad de Cádiz. El papa vio con buenos ojos la propuesta del rey de Castilla y facultó al obispo de Ávila (Santidad, ¿y por qué no al de Sevilla? ¡Qué sabia fue siempre la diplomacia vaticana!), don Domingo Suárez, para que ejecutase lo pedido por el rey Alfonso. Mas la muerte de Su Santidad lentificó el proceso en curso, quedando este paralizado. Elegido Clemente IV papa en 1265, el rey castellano volvió a efectuar nuevamente su petición, y tuvo la misma aceptación por parte del papa, quien le precisó al obispo de Ávila que estudiase los documentos antiguos, y respetándolos escrupulosamente, procediese a fijar los límites que en la antigüedad había tenido esta diócesis.

          ¿Cree el lector que el arzobispo de Sevilla y su cabildo Catedral iban a ver con buenos ojos la creación de la nueva diócesis? Pues, sí, acertó usted. El obispo don Remondo y su cabildo catedralicio dijeron que nanay de la China, que Cádiz era de Derecho propiedad de la sede hispalense, y que de nueva diócesis nada de nada. Por si las moscas, ya don Remondo había creado un año antes, en 1261, un arcedianato[2] en la ciudad de Cádiz. El litigio quedó abierto. Y la sabia decisión del papa vino a cerrarlo, porque ni unos ni otros podían presentar “los documentos antiguos” que probasen los derechos de los unos o de los otros. ¿Papeles aquí, con la que había caído? Fueron cinco años de dimes y diretes. De litigios e infructuosa búsqueda del arcano documento que diese o quitase razones. Mas este documento no apareció, razón por la que don Remondo, obispo de Sevilla, y Fray Juan Martínez, obispo electo de Cádiz, llegaron en 1267 al acuerdo de dar el visto bueno a la nueva diócesis, cosa que confirmó como era preceptivo, el monarca, pero, eso sí, don Remondo había conseguido que el límite entre el arzobispado hispalense y el obispado de Cádiz fuese el límite natural marcado por el río Guadalete. Sant Lúcar de Barrameda quedó inscrita dentro del arzobispado de Sevilla y, a su vez, dentro del arcedianato de Jerez.

 



[1]  Cfr. Pablo Antón Solé: La diócesis de Cádiz en la época medieval (siglos VIII-XV), en Historia de las diócesis españolas, tomo 10, pp.  631 ss..

[2]  Término jurisdiccional regido por un arcediano que ejercía en dicho territorio la jurisdicción que le había sido delegada por el arzobispo.


06/10/2015

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