Mis rinconcillo poético ...

  FEDERICO GARCÍA LORCA

 

 

 

A Federico, porque sigue haciendo Federico.

 

Borradas quedaron las huellas del miedo,

en tu alma noble tanto tiempo anidado;

de tu bello nido negros cuervos emigraron,

a otros a los que vilmente atormentar buscando;

frías cálidas palabras podridas de traición

sólo son ya susurrantes sonidos lontanos.

 

A ritmo de muerte sientes, de la paz novio borracho,

anónimo calor con tu negra piel de cuerpos extraños,

cuerpo que cometieron mismo pecado: ser y serse,

en la última aventura de tu alma compañeros.

 

Ya es tarde

para que te espanten los perros

Ya es tarde

para que te asusten los ecos

Ya es tarde

para pisar el clavel

Ya es tarde

para quitarte lo negro

Ya es tarde

para robarte lo bello.

 

Familiar martillo fugazmente rasgó el silencio,

cálidos cuerpos que se apagan amontonados cual perros,

hermanadas manos rotas por el adiós del desprecio

y allí por la tierra abrazado, el primero queda tu cuerpo.

 

Pasó

lentamente

el tiempo

con su largo manto

de escarabajo…

 

Voces de niños y viejos

de machos y hembras,

rompen con tu “Vito”

el bello cristal del silencio,

un “Vito” desconcertado,

traicionado y roto,

que, a medida que te siente,

en fiesta se va cambiando,

fiesta en los jardines

que sembraste con tus manos.

 

Acarician tu cuerpo con mágicas manos,

encienden tus ojos de luz mañanera,

extienden tus dedos, tú alargas tu alma,

y así se produce, tú vivo, abrazo eterno.

 

Te alzan Anamari, Alberto, Ignacio ¡otro Ignacio!

llueve intensamente, se encharcan los campos,

las flores verdean de amor transformadas

y todos los pájaros, tu perfume oliendo,

inician abrazos de sones ya eternos.

 

Anamari te limpia sudor, barro y llanto;

Alberto tu sangre ya va descolorando;

Ignacio –este por ti– de tu rostro enciende

eterno rayo, argentina luzlibre que

encharca ¡Ay Federico! la alegría de los campos.

 

La Yerma del sueño de tu noche ya duerme en tu alma,

hambreando, con pasión eterna, hambrea un hijo,

es su dolor no su hijo, sino ser y serse ella;

picada por cruel víbora gritó y gritó sin sentir nada,

sólo ojos tristes que lamentan, se ocultan y callan.

Primaveral jaramago que hombres de raíces podridas

quisieron tratar como exótica flor de loto.

 

Y…

siguió pasando el tiempo

lentamente

el tiempo

con su largo tiempo de escarabajo…

 

Voces de niños y viejos

de machos y hembras,

rompieron con tu “Vito”

el bello cristal del silencio,

un “Vito” desconcertado, asustadizo,

traicionado y roto

que, a medida que es sentido,

en fiesta se va cambiando,

fiesta en los jardines

que sembraste con tus manos.

 

 

Publicado en “Sanlúcar de Barrameda”, nº 34. 1998.


Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1