Mis rinconcillo poético ...

  PLÁCIDOS REJONES

 

 

El toro, dueño y señor de la noche,

trotamarismas tras la blanca luna,

con ojos secos de la flor de amores

y dedos de la muerte en su cintura,

 

antes de ser destrozado en jirones,

fugaz y roja haciendo su hermosura

ante los festeros gritos del hombre,

mugió en mí sones que no olvido nunca:

 

“¡Qué pena que sea inhumana selva

lo que pudo ser bosque silencioso,

lugar de abrazos y de limpias risas!”.

 

Yo desde entonces clausuré mi puerta,

me emborraché de sueños melancólicos

y un mundo nuevo busqué en la poesía.

 

 


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