Desde la orilla ...

  MAR BRAVÍO

 

 

 

Mar, entre luces y obscuridades, con sol radiante y con sol oculto, tú nos muestras la esencia de las cosas. En ti sabemos la pequeñez de lo humano. Esto acaba, tú permaneces. Esto encuentra en ti su fin, tú siempre vives. Y el hombre sigue creyéndose el núcleo, el centro, lo más importante de todo… y nada es así. La tentación lo ataca sutilmente, como la serpiente que se mueve a ras de tierra, hasta morder con fatal mordedura.

          El hombre engañado es tentado para adentrarse como única esencia en la terrenalidad. Aquí encuentra su sentido y su esperanza. Siempre más y más terreno. Cuanto más mundano posea, más realizado se cree. El poder absoluto es una aspiración por la que todo vale. No importan los otros, sólo el yo inmenso que no tiene límites. Y así nace el ladrón, el corrupto, el amasador de bienes, el mendaz, aunque haya que explotar al otro. El otro no existe, es escoria. Se le priva de todo. Los peces chicos sólo tienen la finalidad de ser comidos por el pez grande.

          Para colmo, estos borrachos de terrenalidad se agrupan entre ellos, se defienden, forman comunidad de intereses, y se reúnen de vez en cuando para seguir manteniendo vivos sus privilegios. ¿Por qué mar no te alteras, no te rebelas ante esta situación, no rompes las murallas y cajas fuertes de estos terrenales con la potencia que Dios puso en tus entrañas? ¿Por qué, cuando das muestra de tu dureza es al pobre, siempre al pobre, al que arrasas? ¿Es que también tú estás del lado de los poderosos? El mar me mira. Sonríe. Y me dice suavemente: “Ya llegará el tiempo de la justicia. El tiempo de Dios no es como el del hombre. Yo estoy en él”.      

          Y tú, Luis Cernuda, qué piensas poéticamente:

 

No es nada, es un suspiro,

Pero nunca sació nadie esa nada

Ni nadie supo nunca de qué alta roca nace.

 

Ni puedes tú saberlo, tú que eres

Nuestro afán, nuestro amor,

Nuestra angustia de hombres;

Palabra que creamos

En horas de dolor solitario.

 

Un suspiro no es nada,

Como tampoco es nada

El viento entre los chopos,

La bruma sobre el mar

O ese impulso que guía

Un cuerpo hacia otro cuerpo.

 

Nada mi fe, mi llama,

Ni este vivir oscuro que la lleva;

Su latido o su ardor

No son sino un suspiro,

Aire triste o risueño

Con el viento que escapa.

 

Sombra, si tú lo sabes, dime;

Deja el hondo fluir

Libre sobre su margen invisible,

Acuérdate del hombre que suspira

Antes de que la luz vele su muerte,

Vuelto él también latir de aire,

Suspiro entre tus manos poderosas.

 

 

Buenas noches.


12/02/2016

  CORAZONES HIPÓCRITAS

 

 

 

 

En el mar cuando sale de él es puro. Lo que a él vierten es impuro. Mar de profundidades insondables, de limpieza luminosa, de vida pura, de animalillos correteando en silencio, paz y hondura. Es el mar, la mar creada. Mar humano, o mejor, mar tratado por los hombres. Contaminación por doquier, suciedad vertida, objetos muertos flotando sobre lo que es vida, y en la orilla va quedando tanta impureza. Es mi mar. El que veo. Aquel que me castiga a padecer.

          De nuevo Jesús por Galilea, rodeado de los suyos y de quienes le perseguían. Y vino el aguijón. “¿Por qué tus discípulos no proceden conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con manos impuras?”. Se trataba de una tradición antigua; lavar antes de comer las manos, los vasos, las ollas y las vasijas.  Era cumplir la tradición. Era pura hipocresía. Era pretender alabar al Señor con los labios, pero su corazón bien lejos que estaba de Él. Eran un mar de tradiciones, de ritualismo externos, de superficialidades vacuas, pero ¿y el corazón? Era un Korbán, una ofrenda, que por haber sido consagrada a Dios, no se podía dar a quienes más lo necesitaban, los pobres.

          Hoy hay demasiado korbán. Mucha hipocresía y muy poco pureza verdadera, de esa que con sencillez y con alegría comparte con los pobres lo que hay. Se cuida el culto ritual, pero con palabras, no con el corazón. ¡Cuánto patrimonio no está en manos de quienes debiera estar, los pobres! Campañas de recogidas de alimentos, ¿pero y el corazón del día a día? Ricos de la tierra, ¿Qué hacéis por eliminar de ella la pobreza y la miseria? Vuestra riqueza está podrida. Señores de la palabra, ¿para qué la utilizáis? Para crear división, odios, insolidaridad. No vale la riqueza, sino repartida.

          Me voy a León Felipe:

 

          Amigos, escuchadme: No hay más que dos posiciones en el mundo: la de los que quieren la paz y las de los quieren la justicia. La paz hoy la quieren los mercaderes porque con ella hacen mejor las  transacciones y los cambalaches. Y la justicia la defienden los poetas y el hombre prometeico porque con la justicia se camina hacia la luz y la renovación. No importa lo que pueda acarrear la defensa de la justicia; podrá traer consigo la ruina y la desolación, pero el hombre se habrá salvado siempre. Y si el hombre se salva, la victoria es suya: del hombre. ¿Y qué otra cosa importa sino el hombre? ¿O es que estamos aquí para servir al mercader, al go-getter y al pescador de caña?

 

 

 

Buenas noches.


29/12/2015

  DE HERMANDADES Y COFRADÍAS

 

 

 

 

 

Desde que comenzó a hablarse en la Iglesia de la denominada religiosidad popular, prontamente se incluyó dentro de ella a las manifestaciones de fervor y de pública penitencia que realizaban con motivo de la Semana Santa nuestras Hermandades de penitencia. No es pues de extrañar que la valoración de las Hermandades y Cofradías haya corrido pareja con la que de la religiosidad popular se ha llevado a efecto.

La postura de la Iglesia ha quedado recientemente muy clara en el Plan Pastoral para 2002-2005, aprobado por la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (31 de Enero de 2002), en cuyo punto 36 se lee: "Valoramos positivamente esta realidad que refleja las raíces profundas de fe de nuestro pueblo. Todavía hoy puede seguir siendo un buen sustrato para mantener y transmitir la fe y para apoyar una pastoral más asentada de evangelización. Para ello hemos de poner los medios oportunos y evitar los peligros que vemos de una fe sin coherencia en la vida y de una tendencia a reducir la religiosidad popular a mera expresión cultural".

Sí, por tanto, a nuestras Hermandades y Cofradías; sí, al reconocimiento de esa cadena multisecular que han ido forjando, como eslabones de vivencia religiosa, tantos y tantos hombres y mujeres a través de una fecunda tradición; sí, a la valoración del pueblo como sujeto activo de la recepción del Mensaje de Dios y de la respuesta dada desde sus entendederas. Sí, a la aceptación del fenómeno religioso de las Hermandades y Cofradías como "sustrato", es decir, como una larga tradición que, sirviendo de asiento, se abre constantemente a nuevas exigencias y planteamientos.

Nuestros Pastores, con claridad manifiesta, denuncian que nuestras Hermandades no se pueden reducir a una "mera expresión cultural". Desde dentro, los cofrades no podemos admitir esa trampa de una sociedad secularizadora que quiere dar "dos por uno", al considerar a la Semana Santa, es decir, a nuestras Estaciones de penitencia, como una de las denominadas fiestas primaverales, junto con la otra que suele ser la feria de nuestros pueblos. Estamos enraizados en la cultura, somos depositarios y conservadores de la misma, pero no nos quedamos anclados en ella, porque quedarse sólo con lo superficial, sería quedarse con lo vacío, sería caer en una "fe sin coherencia en la vida". No vivimos para nuestras tradiciones, sino que éstas son vehículo que nos lleva al encuentro personal e íntimo con Dios, con el Cristo sufriente y con su Madre dolorida. De la cruz, la Vera Cruz del Varón de Dolores, llegamos, a través de la Esperanza personalizada en María, al encuentro amoroso con el Dios Uno y Trino.

Nuestras Hermandades y Cofradías no pueden desenfocar el objetivo de su razón de ser, no pueden desviarse de su esencia, para quedar perdidas en la vaciedad de las hojarascas de una deshumanizadora  sociedad consumista y derrochadora de esencias, para asentarse en la sociedad de las prisas y de la pérdida del sentido de la profundidad del fenómeno religioso.

Marcan nuestros Pastores el camino a seguir al iniciarse un nuevo milenio: la finalidad de nuestras hermandades es "mantener y trasmitir la fe" y ser el apoyo para una "pastoral de evangelización". Dos movimientos que toda Hermandad ha de tener como sus objetivos más definitorios; uno, ad intra, potenciando el encuentro personal y salvífico de cada hermano con la persona de Cristo, un encuentro que se hace realidad en la oración personal y comunitaria, en la recepción de los sacramentos, en la vivencia de las bienaventuranzas y en la formación permanente, viva y transformadora.

 El otro objetivo, ad extra, colaborando con la evangelización que se hace desde la comunidad parroquial, diocesana y universal. No tiene una Hermandad un fin exclusivamente centrado en sí misma, sino abierto, comunitario, ecuménico y solidario, que no es otro que el de transmitir el sentido de Dios, oscurecido en muchos sectores de la sociedad actual, y proclamar a los cuatro vientos la invitación de adentrarse en el profundo misterio del Dios salvador.

Son nuestras Hermandades y Cofradías arcas que conservan lo mejor del arte, de las tradiciones milenarias y de las esencias populares. Pero quedarían reducidas a la nada, si nuestras Hermandades no fuesen cristocéntricas y eclesiocéntricas, como testimonios referenciales de vivencias y de denuncias en la sociedad del siglo XXI. Me voy sin más a Pedro Salinas;

 

El alma tenías

tan clara y abierta,

que yo nunca pude

entrarme en tu alma.

Busqué los atajos

angostos, los pasos

altos y difíciles…

A tu alma se iba

por caminos anchos.

Preparé alta escala

-soñaba altos muros

guardándote el alma-

pero el alma tuya

estaba sin guarda

de tapial ni cerca.

 

 

Buenas noches.


24/11/2015

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