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  ACOSTA, Josef de. Científico y teólogo (1540-1600)

  

Este jesuita, nacido en Medina del Campo en 1540) y fallecido en Salamanca en 1600 siendo rector del Colegio de dicha ciudad, había dejado una amplia obra histórica y teológica, tras haber estudiado en Alcalá de Henares Filosofía, Teología, Sagradas Escrituras y Derecho Canónico.  Fue de origen judío y de una mentalidad humanista y abierta. Algunas de sus obras fueron: Catecismo y exposición de la doctrina cristiana  (1585), Confesionario para los curas de Indias (1585), De promulgatione Evangelii apud barbaros, sive de procuranda Indorum salute  (1588), De Christo revelato (1590), De temporibus novissimis  (1590) y Historia natural y moral de las Indias. En que se trata las Cosas notables del Cielo y elementos, metales, plantas y animales de ellas y los ritos, ceremonias, leyes y gobierno y guerras de los indios  (1590). Fue un excelente naturalista y precursor del evolucionismo. Hizo descubrimientos importantes sobre la denominada Medicina Aeronáutica, señalando algunas patologías relacionadas con la altura geográfica. Fue en esta ciencia un verdadero pionero. Sus estudios y la aplicación de sus conocimientos los realizó en Perú y en la Nueva España, a donde fue enviado como misionero. Supo compatibilizar sus obligaciones apostólicas con su afán por la sabiduría y la cultura.

 

Su relación con Sanlúcar de Barrameda fue efímera, pues sólo estuvo en la ciudad del 6 de Abril de 1571 al 8 de junio del mismo año, junto con el hermano jesuita Diego Martínez y el padre Andrés López, esperando ocasión oportuna para marchar como misionero a Indias. Pero desde la ciudad sanluqueña escribió el 1 de Junio de 1751 una carta a quien por entonces era el Superior General de la Compañía de Jesús, Francisco de Borja.

 

La historiadora Luisa J. Figallo Pérez ha estudiado el contenido de esta carta (Sanlúcar y el Nuevo Mundo, páginas 45-50), subrayando los datos que se refieren al momento de la ciudad. Acosta resalta la extrema amabilidad con la que había sido acogido y atendido por la duquesa Leonor de Sotomayor y Zúñiga, emparentada con el santo y, sabedor que Francisco de Borja había estado predicando en Sanlúcar de Barrameda, siendo oído por la duquesa, adula al superior escribiendo: "hanle sido gratos los sermones que de ordinario se han hecho, a lo que parece con algún buen efecto".

 

Igualmente testimonia las sumas dificultades que a veces se encontraban para poder salir del puerto sanluqueño, bien por el tiempo o bien por las que se producían motivadas por la barra. Al respecto escribe: "en esperar tiempo, que cerca de un mes le hizo muy contrario, y así fuimos forzados a embarcarnos y tornarnos a desembarcar cuatro veces, con harta molestia que en esto se pasó". Mejorado el tiempo, se suscitó el problema de la Barra: "A los 15 de mayo el armada se hizo a la vela, y ordenó el Señor que al salir de la barra, el galeón donde íbamos tres de la Compañía, con ser de los mejores y más ligero, tocase en unos bajos donde zabordó sin poder ir a una parte ni a otra. Estuvo seis horas dando grandes y continuos golpes en aquellas peñas, y túvose por tan sin remedio, que el piloto de la barra se echó al agua por huir, dejándonos perdidos a los que íbamos dentro... A nosotros nos dio el Señor un muy particular consuelo y aliento para no dejar la gente, sino ayudalles y animalles, de lo cual resultó notable edificación y amor. Al cabo, con la creciente de marea y con un aire algo recio que sopló del mar, el navío salió, pero haciendo tanta agua que no pudo proseguir con el resto de la armada, sino venirse al puerto a reformar y dar carena" (O.C. página 47). De este puerto, sin embargo, logró salir Acosta y llegar a su misión del Perú, donde fundaría el Seminario de San Martín en 1583 y realizaría amplia tarea misionera.


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