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  BUZÓN, Antonio. Presbítero

Antonio Buzón era presbítero y uno de los seis curas de almas de la Iglesia Mayor Parroquial en el último tercio del siglo XVIII. En 1772 opositó para obtener el disfrute de la capellanía que en 1597 había fundado en la Iglesia Mayor Parroquial Antonio Bernal Cubillos[1]. En el mismo año opositó a la fundada por Guillermo Grifarte en 1618 en la misma iglesia[2]. En 1798 fue uno de los tres clérigos sanluqueños que tomó la iniciativa de invertir en vales reales el capital de 3.862 reales vellón que le producían sus capellanías.

 

En este época el apellido Buzón estaba extendido por diversas calles de la ciudad: el tabernero Francisco Buzón en la Calle de Monjas Descalzas; en la misma calle el matrimonio Buzón-Mejías; en la Cruz del Pasaje el matrimonio Gallardo Buzón; en la Calle San Agustín, el viudo Sebastián Buzón y su hijo Sebastián Benítez Buzón, clérigo de menores; en Caño Dorado vivió la familia Buzón-Camacho, si bien se trasladó a Galicia; junto a la Calle de San Juan, la familia Buzón-Miranda; las hermanas Melchora y Rita Buzón, mayores de 50 años y de “estado honesto” recibieron en herencia del presbítero Antonio Pérez Gil una casa sita en Calle Ancha haciendo esquina con la Callejuela de los Moros, señalada con el azulejo 99;

 

En papeles inéditos del Archivo de la Parroquia de San Nicolás aparece el siguiente documento que trascribo y anoto a pie de página:

 

“Nos, el licenciado don Fabián de Miranda y Sierra[3], dignidad y canónigo de la Santa Iglesia, provisor y vicario general de esta ciudad de Sevilla y su arzobispado por el Excmo. Sr. Don Alonso Marcos Llanes y Argüelles[4], arzobispo de esta ciudad y del Consejo de Su Majestad, mi señor =

 

         Otrosí Juez Apostólico que somos en virtud de breve[5] de Su Santidad, ganado a pedimento de Francisco Vilches e Inés de Vargas[6], vecinos de la ciudad de SanLúcar, para contraer matrimonio, a pesar de que son parientes en tercer grado de consanguinidad[7]. Por las causas y motivos contenidos en dicho breve, que presentaron ante nos y lo obedecimos y aceptamos la Comisión Apostólica que por él se nos da, y para verificación de su narrativa, MANDAMOS recibir, y se recibió, cierta información, así como las declaraciones de los contrayentes, a quienes impusimos cierta penitencia pública y trabajo personal.

        

         Del cumplimiento de la cual trajeron certificación. Vistos por nos los autos hoy, día de la fecha, proveímos uno. Por él dimos por verificada la dicha narrativa, y por cumplida la penitencia pública. Por justas y urgentes causas, conmutamos al dicho contrayente el trabajo personal que le falta por cumplir del que le tenemos impuesto, de manera que, contraído que sea su matrimonio, rece siete credos y tres ave maría, y confiese y comulgue los domingos pudiendo; y, además de lo dicho, imponemos a ambos contrayentes la saludable penitencia. Mandamos recen devotamente tres credos, ofrecidos a la sagrada pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

 

         En virtud de la facultad apostólica a nos concedida, de que en esta parte usamos, los absolvemos de las censuras y penas eclesiásticas en que hayan incurrido en razón de que, siendo los susodichos parientes, se comunicaron con tanta frecuencia que resultó sospecha (aunque falsa) de haberse conocido carnalmente. Así, los dispensamos de su parentesco de tercer grado de consanguinidad para que puedan contraer matrimonio en paz con nuestra madre Iglesia. Declaramos legítimo el que contrajeren y la prole que de él tuvieren y procrearen.

 

         Mandamos, asimismo, al cura de la iglesia de la ciudad que amoneste en ella a los contrayentes en tres días de fiesta de guardar como lo manda la normativa canónica, expresando sus nombres y los de sus padres, precisando si alguno de ellos fuese viudo. De no resultar ningún otro impedimento canónico, y tras haber confesado y comulgado, puede proceder a desposarlos y casarlos por palabras de presentes, para que hagan verdadero y legítimo matrimonio. En el tiempo debido los ha de velar y dar la bendición nupcial. Asimismo se ha de prevenir en las proclamas que se realiza conforme a la Real Orden de Su Majestad (que Dios guarde), anotándolo en la partida correspondiente.

         En Sevilla el día 29 de agosto de 1788.

         Firmado: licenciado don Fabián de Miranda.

         Por orden: firma Joseph de la Barrera, notario de número”.

 

         El día 16 de septiembre de 1788 el presbítero Antonio Buzón los casó y veló en Sanlúcar de Barrameda. Fueron testigos Antonio Cabano, María Antonia Buzón y Catalina de Sena Alcalá.

 



[1]  Archivo Diocesano de Asidonia Jerez. Fondos hispalenses. Capellanías, caja 3030-8, legajo 6.

[2]  Archivo Diocesano de Asidonia Jerez: Fondos hispalenses: Capellanías, caja 3060-38, documento 280.8.

[3]  Según consta en un padrón eclesiástico de la época, en la casa 190 de la Calleja 1ª, sita en las proximidades de la Calle Carretería, vivía una familia con el apellido Miranda, apellido que permanecería en la ciudad hasta la actualidad. Otra familia Miranda vivía asimismo en una calleja próxima a la calle de San Juan; esta familia llevaba los apellidos Buzón Miranda. Otra familia Miranda residía en la Calle de la Plata. Dos hermanas solteras de 63 y 61 años, de apellido Miranda, tenían su casa morada en el número 228 en Calle del Chorrillo. Otro Miranda vivía en la denominada “Huerta de Valverde”. Otra Miranda, Juana García de Miranda, fue madre de María Luisa, la joven asesinada por el fraile carmelita profeso Pablo de  San Benito. El canónigo Miranda intervino en el proceso de depuración que se siguió contra el “afrancesado” cura Daoíz, afincado en Sanlúcar de Barrameda.

[4]  Natural de Oviedo. Fue miembro del Consejo de Su Majestad, Gran Cruz de la real y distinguida Orden de Carlos III. Estuvo al frente de la sede arzobispal de Sevilla de 1783 a 1795. En su relación con Sanlúcar de Barrameda,  nombró al eclesiástico  Antonio Francisco de Guzmán, vicario eclesiástico de la ciudad, juez de testamentos de la ciudad “por sus virtudes y buenas prendas”. Visitó en varias ocasiones la ciudad sanluqueña. Aprobó los Estatutos del Hospital de la Madre Ignacia en las proximidades de la Calle Baños. Se propuso, dado el escandaloso estado de los mismos, acabar con la institución arcaica de los ordenados de menores órdenes de la ciudad. Constituyó el “Cuerpo de Examinadores Sinodales” y las “Conferencias Morales del Clero”, que tanta influencia ejercerían en la mejora de la formación y calidad de los clérigos. Luchó denodadamente por elevar el nivel espiritual, cultural y económico del clero sanluqueño, como del de toda la archidiócesis.

[5]  A diferencia de las encíclicas, cartas apostólicas o bulas, el breve apostólico es un documento papal, de menor extensión e importancia. Tiene carácter monográfico. Tienen su origen histórico allá por el siglo XV, siendo papa Eugenio IV.

[6]  A diferencia del apellido Vilches, poco usual en la Sanlúcar de Barrameda del XVIII, el apellido Vargas era muy abundante. Extendido por diversas zonas de la ciudad (Calle Muro, accesoria en Calle San Juan y calles adyacentes, Calle de la Pescadería, Plazuela de la Fuente Vieja, y establecido en diferentes capas sociales y económicas (pobres y adinerados –el regidor Juan Lope de Vargas, el clérigo de menores Antonio Lope de Vargas, la viuda doña María Antonia Vargas, el también clérigo de menores Juan Nepomuceno Vargas, Francisco Vargas Machuca, el presbítero Antonio López de Vargas, el hacendado Francisco Hernández de Vargas).

[7]  Consiste en la consanguinidad entre tíos-sobrinos.


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