Gentes de aquí ...

  ANAYA FERNÁNDEZ, José. Taquimecanógrafo (1926-2012).

Sanlúcar de Barrameda, 2 de Septiembre de 1926- 2012. Hijo de una humilde familia dedicada al campo, pues su padre, José Anaya Guerra, junto con su familia, estuvo de aperador de las fincas “La Palmosa”, “La Cañada”, “El Perejil”, “Los Asientos” . Fue asimismo guarda rural. En sus ojos de niño quedaron impresas imágenes observadas en su infancia, como el tiroteo en los días de la guerra fratricida de 1936, así como el “asalto” de sanluqueños devorados por el hambre a las angarillas en las que se transportaba el pan de una panadería de la Plaza Juan Grande.

 

Se educó en la Escuela de los Hermanos de la Doctrina Cristiana. De allí trabajó fugazmente en la ferretería de Carrascosa, pues se marchó a Madrid buscando mayores oportunidades laborales. Trabajó en todo cuanto encontró: peón, lavaplatos... y volvió a Sanlúcar, tras la experiencia fallida, trabajando de gañán con su padre en la finca “Los Asientos”.

 

Un nuevo mundo se abrió para él cuando, al ver una publicidad sobre un curso de taquimecanografía, decidió matricularse en él. Ya taquimecanógrafo, comenzó a trabajar en el ayuntamiento por la mañana y por la tarde en la notaría de Ramón Aroca. Al asumir el Banco de Bilbao la sanluqueña Banca Ridruejo, de la que era director Casimiro Barrero, que continuó siéndolo del Banco de Bilbao, Anaya comenzó a trabajar en dicho Banco hasta el momento de su jubilación. En el año 1961 se casó con Amalia Reina Velázquez, de cuyo matrimonio nacieron seis hijos: Esperanza, José Manuel, Amalia, Rocío, Daniel y Santiago.

 

Hombre de cultura autodidacta, buen lector, fue, como reconoció el propio Manuel Barbadillo en su obra: “Sanlúcar de Barrameda en 1978”, quien le pasaba a máquina muchas de sus otras. Algún escritor sanluqueño más ha contado con la colaboración de José Anaya para que le revisase la expresión de sus obras antes de enviarlas a la imprenta. Preciso fue el análisis que hizo a Manuel Barbadillo sobre la juventud de su época: “La juventud de mi generación tuvo sus pros y sus contras, como la de toda época que se precie; aunque, bien es verdad, que la que nos tocó vivir se influenció bastante de las dificultades y escaseses de la posguerra, y creo que ello, en cierto modo, fue la razón y la esencia de su desarrollo y la impulsora de sus valores morales, personales e intelectuales, de forma casi totalmente autodidacta […] Mis contemporáneos de juventud, quizás por haber conocido épocas harto más difíciles que las actuales, se espolearon a sí mismos para alcanzar mejores conocimientos y niveles de vida, ocupando puestos destacados en la administración y comercio sanluqueños, amén de la intelectualidad pública y, en algunos casos, privada”[1].



[1]  Manuel Barbadillo Rodríguez: Sanlúcar de Barrameda en 1978. 1ª Parte. P, 334.


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