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  BLANDINO, Joaquín. Carmelita exclaustrado. 1849.

 

 

Fue carmelita descalzo y residente en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Solicitó ser admitido en la clerecía sanluqueña el 6 de noviembre de 1849. El vicario Fariñas informó positivamente de él[1]. Jubilado, lleno de años y enfermo, el capellán que lo era de las Descalzas, desde al arzobispado se le ordenó al vicario Fariñas que propusiera un nombre para que lo sustituyese. Las monjas confirmaron que, desde que se había despedido el capellán, se encontraba sirviendo el destino el presbítero Joaquín, Blandino, exclaustrado y de la misma orden religiosa. Don Joaquín estaba dispuesto a seguir sirviendo la capellanía, pero ponía la condición de que no se le nombrase por tal capellán. La comunidad estaba de acuerdo, por bien servida que hallaba por un eclesiástico “tan a propósito por su buen carácter, instrucción y conducta ejemplar” [2], al tiempo que por no disponer de fondos de ninguna clase para pagar a un capellán que fuese nombrado de título. Así se efectuó.

         No obstante lo cual, con el paso de escasos años, las cosas cambiaron, pues humanal cosa es cambiar las propias decisiones. El 11 de marzo de 1852 la priora del convento, María Juana de San Antonio, y las claverías del mismo, Teresa María de San Juan de la Cruz y María Francisca de San Cayetano, escribieron al cardenal Romo. Le comunicaron que, desde que se había despedido don Jacinto María de la capellanía del convento, la venía sirviendo don Joaquín Blandino, “con la mayor eficacia y a satisfacción de la comunidad”, percibiendo por ello el estipendio diario de seis reales vellón, que era “la cuota que se había estado percibiendo como exclaustrado de las oficinas de la provincia de Cádiz, en razón de su edad de setenta años”.

         Pidieron las religiosas al cardenal que se dignase despacharle al referido capellán el título de capellán, autorizándole para que legítimamente pudiera desempeñar la referida capellanía. Con tal título, las mencionadas oficinas dejarían de incluirle en la nómina de religiosos, pasando a cobrar de la nómina de la comunidad. El 11 de mayo de 1852 reiteraron la petición la prelada y toda la comunidad, compuesta por nueve religiosas. Al día siguiente el capellán interino remitió al arzobispado su solicitud de desempeñar oficialmente dicho cargo. El 21 de mayo de 1852 decretó el cardenal que informase el vicario de la ciudad sobre el asunto.

         Desde el Gobierno de la provincia de Cádiz se remitió un oficio al cardenal arzobispo de Sevilla, fecha de 23 de octubre de 1852. Se decía en él que en la contaduría provincial se había tenido conocimiento del nombramiento efectuado en la persona del religioso exclaustrado, don Joaquín Blandino, como capellán del convento de las religiosas descalzas. Se solicitada que para poder entrar en la nómina de religiosas y capellanes de los conventos, habría de darse de baja en dicha contaduría. Al bueno del padre Blandino le sucedió que se dio de baja en Cádiz y de alta en la administración diocesana de Sevilla, pero aquella diligencia le trajo como consecuencia que “por su delicadeza en avisar inmediatamente para evitar que creyesen que intentaba cobrar su pensión por ambas partes, le había perjudicado en términos que desde primero del mes de abril no habría cobrado un real ni por Sevilla, por cuanto que se le había fechado el título con posterioridad al tiempo en que estaba ejerciendo la capellanía, ni por Cádiz, por cuanto no le podían dar el cese desde la fecha real en que se produjo el nombramiento”. O sea, que no percibió su pensión ni como exclaustrado, ni como capellán.

         Rogó al cardenal el 5 de febrero de 1853 que se comunicase al Gobierno de Cádiz que, si bien la fecha del nombramiento fue de octubre, se encontraba sirviendo la capellanía desde el mes de abril. Así constaba en la baja extendida en el Gobierno de Cádiz, por lo que era del todo justo que así constase la fecha de su baja como exclaustrado, abonándosele desde aquel entonces su pensión por la administración diocesana. Así se trasladó al Gobierno de Cádiz el 13 de febrero de 1853, rogándose que indicase la fecha del cese del señor Blandino. Por agosto de 1853, aún estaba Blandino de oficio en oficio, de súplica en súplica. El asunto era bien claro. Habiéndosele comunicado su aceptación para capellán de las carmelitas en marzo de 1852, él se dio de baja en la contaduría del Gobierno provincial con dicha fecha. Dejaron de pagarle la pensión de exclaustrado. Pero, por trámites burocráticos, el título no se expidió hasta primero de octubre. Había seis meses que no cobró ni de una entidad ni de la otra. Al final todo se arregló. Blandino percibió la pensión, que tan justamente le correspondía, de la administración diocesana.

 



[1]  ADAJ: Fondos de Gobierno. Parroquia de Nuestra Señora de la O. Documentos de 1849.

[2] ADAJ: Fondos de Gobierno. Documentos de 1847.


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