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  AGUSTINOS. ORDEN RELIGIOSA, 1573-1835

Ya desde el siglo XII existían pequeñas agrupaciones de eremitas que, desconectadas las unas de las otras, seguían las reglas de san Agustín (Tagaste, 354- Hipona, 430), las directrices espirituales formuladas por el santo. San Agustín, sin embargo, no había fundado ninguna Orden religiosa, por lo que el Concilio IV de Letrán decretó que los diferentes grupos que seguían la espiritualidad agustiniana se reuniesen en una sola Orden; y fue el papa Alejandro IV (que gobernó la Iglesia de 1254 a 1261) quien reunió a estas congregaciones de eremitas en una sola, a las que dio el nombre de "Eremitas de San Agustín" o "agustinos" [1]. Tras ello, Clemente d´Osimo, maestro general de la Orden de 1271 a 1274, fue quien estableció unas Constituciones propias, basadas en la espiritualidad de san Agustín.

 

Antes de su instalación en Sanlúcar de Barrameda, habían estado en las proximidades del lugar de Chipiona en el convento que Pedro Ponce de León había acondicionado para que en él estuviesen con anterioridad los canónigos de Santa María de Regla [2]. Parece que los frailes agustinos no estaban muy satisfechos con su ubicación, en zona semidespoblada y carente de fieles, por lo que decidieron instalarse en la villa sanluqueña. Pero el camino elegido no fue el adecuado. Pretendieron conseguirlo por la vía de los hechos consumados, instalándose impositivamente en las casas propiedad de la Cofradía y Ermita del Dulce Nombre de Jesús, ubicada en la Calle Ancha de los Mesones. Protestaron los propietarios, recurrieron al Cabildo y este lo hizo al duque [3]. El duque Alonso IV (1550-1615) ordenó fuesen expulsados. La represalia de los frailes no se hizo esperar; patéticamente empezaron a alejarse de la villa cantando salmos alusivos a la salida de Israel de Egipto, se sacudieron los sandalias a la salida de la villa (recordando el consejo evangélico) y comenzaron a fustigar a los duques con tales anatemas que tanto  el duque como su familia se asustaron ante los temibles castigos con que los amenazaban, y revocaron la orden de expulsión.

 

Tras ello, el duque les ofreció la ermita de Santiago para que en ella se procediese a la fundación del convento, cosa que fue una realidad en 1584 [4]. Unos años después, en 1621, por la devoción que el mayordomo mayor del duque tenía a la comunidad agustina, costeó la ampliación de la ermita y del convento, momento en el que el Cabildo donó a la comunidad un trozo de calle que iba de la Calle Escuelas a la de San Agustín. La ampliación fue completada por los bienes que el convento heredó provenientes del capitán Bartolomé Guerra, cuyo hijo único y deficiente mental ingresó en la comunidad. Se completaron las donaciones de la ciudad con las cañerías para trasladar al convento el agua de las Minas que costeó el duque don Manuel (1579-1636) en 1631, gracia por la que se comprometieron los frailes a la celebración de una serie de misas por dicho duque [5].

 

En 1717 se vino abajo la techumbre de la iglesia y, con la ayuda del Cabildo y del pueblo, se restauró, terminándola el prior Francisco de Burgos. Tras la invasión francesa, en que el convento fue clausurado, sus instalaciones comenzaron a arruinarse y, con posterioridad, una vez que la comunidad quedó extinguida en la ciudad, sus antiguas instalaciones se dedicaron a bodegas. En la iglesia de este convento tuvo su sede la Hermandad de Jesús Nazareno, que gozaba de una gran devoción en la localidad; refiriéndose al Cristo, escribió Velázquez Gaztelu: "a quien su numerosa cofradía saca en pomposa y costosa procesión, todos los viernes santos del año a las cinco de la mañana, por las principales calles de ambos barrios, y costea otras muchas funciones en el discurso del año" [6].



[1]  Analecta Agustiniana, R. 1905 .S. PERINI,D.A. Bibliografía agustiniana  I. Florencia, 1929.

[2]  Guillamas: Historia de Sanlúcar de Barrameda, página, 150.

[3]  Act. Cap. de 14 de Diciembre de 1573, Libro 5º, folio 246.

[4]  Act. Cap. Libro 6º, folio 164 vto, de 1584.

[5]  Velázquez Gaztelu: Fundaciones... ,pág. 269.

[6]  Fundaciones ... página, 271.


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