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  BERNAL DE MEDINA RENDÓN, Diego. Presbítero y fundador de una capellanía en Santa Brígida. 1731.

 

 

Nada sabemos de su persona, sí de que dejó fundada una capellanía en la Ermita de Santa Brígida “o de Nuestra Señora de la Candelaria”, en el ejido del mismo nombre. De dicha capellanía se conserva en el Archivo Diocesano Asidonense (Fondo Parroquial, caja 6.44) un testimonio notarial sobre censo de esta capellanía, realizado en el siglo XIX por el licenciado Luis Montoto, abogado de los tribunales de la nación, caballero de la Orden de Carlos III y notario mayor del Tribunal del Provisionato del Arzobispado hispalense.

          Don Diego, sabedor de lo popular que era la ermita de Santa Brígida y del servicio religioso que prestaba a quienes vivían por aquellos pagos de Santa Brígida, asentados junto al viejo Camino de Sevilla, y por el Barrio de San Blas, quiso con la fundación[1] que realizó garantizar que se celebrase en la ermita misas los domingos y festivos. Él estuvo avecindado en Santa Cruz en el obispado de Cartagena de Indias.

          El 5 de junio de 1731 había otorgado poder ante Francisco Ruiz Pérez a favor del comisario del tribunal de la inquisición Miguel Agustín de Mérida[2] y el rector que fuese en cada momento del Colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad sanluqueña, para que en todo momento velasen por el cumplimiento de las condiciones que se habrían de obedecer en la capellanía por él fundada en dicha ermita de Santa Brígida. Habría de celebrarse una misa rezada en todos los días festivos “en la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, titulada Santa Brígida”, en los extramuros de la ciudad. Los capellanes que lo fuesen de la capellanía habrían de cumplir en todo momento este requisito.

En otro testimonio, con fecha de 4 de Diciembre de 1899,  se certifica que, según resulta del expediente instruido en dicho tribunal a la capellanía que en Santa Brígida fundó Diego Bernal de Medina, pertenecía desde hacía más de 30 años un censo impuesto sobre una parte de viña de aranzada y media en el “Pago El Cortijillo”, que por aquel entonces era propiedad de Francisco Franco Rodríguez. No constaba, sin embargo, el servicio a que dicho censo estaba destinado. Se señalaron los límites con la finalidad de que pudiese llevarse a efecto la inscripción que correspondiera en el Registro de la Propiedad a nombre de la expresada capellanía.

También una viña de María Duarte en el “Pago de Sanlúcar el Viejo” estuvo “onerada”  con 125 reales de tribuno y renta anual a favor de esta capellanía, de que fue capellán Juan Nepomuceno Vargas, clérigo de menores.

 



[1] Libro de Protocolos de fundaciones de Capellanías, Letra D, nº 306.

[2]  AMSB: Actas capitulares correspondientes al libro 60, folio 26, sesión del 29 de agosto de  1731.


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