Gentes de aquí ...

  BENÍTEZ, Diego. Capitán sanluqueño. F. siglo XVI.

 

 

Poco ha quedado documentado de Diego Benítez. A fines del siglo XVI se sabe que era capitán de compañía de las Milicias existentes en la ciudad. Las existentes por esta época estaban constituidas por los propios vecinos que se armaban a sus expensas, por lo que tenían ser de contías o de posibles, para estar dispuestos a, si hiciese falta, defender la villa. Estas milicias fueron evolucionando; de ser nombrados sus capitanes por el Cabildo, lo pasaron a ser por el duque; de tener como objetivos la defensa de cada zona propia pasaron a tener como competencia la defensa de toda la ciudad. Diego Benítez era capitán de una Compañía constituida por caballeros (de armamento y caballo), ballesteros y lanceros, de pico y rodela.

Fue además alcalde de la mar, siendo recibido en este oficio por el Cabildo el 28 de Junio de 1607 y prorrogado posteriormente en 1615. Era su misión dirimir en aquellos conflictos que se presentaban entre la gente de la mar, por lo que su competencia no se extendía a otras zonas de la ciudad.

Aunque de más antiguo ya se denominase a la actual calle de Diego Benítez con dicho nombre, está documentalmente ratificado que es en la segunda mitad del siglo XVII cuando la nomenclatura se ratifica y estabiliza. Teniendo en cuenta su cargo de alcalde de la mar, la zona donde la gente de la mar estaba establecida (la ribera), y la costumbre popular de empezar a denominar a una calle con el nombre de la persona más relevante que viviese en ella, es fácilmente deducible que el capitán Diego Benítez, alcalde de la mar, debió tener su residencia en las inmediaciones de la actual calle que lleva su nombre. Los alcaldes de la mar entendían de los conflictos surgidos en la población marinera y de los hombres de la mar, así como de la vigilancia y control del puerto y del río. Su jurisdicción abarcaba toro el Arrabal de la Ribera, razón por la que, cuando se extralimitaban en sus funciones, eran llamados al orden por el Cabildo.

Tras ser nombrado por el duque, recibió “la vara de su justicia”, para que ejerciese el oficio por el tiempo que el duque considerase. Se le recordó al alcalde de la mar en la provisión que quedaba obligado al cumplimiento de cuanto estaba mandado en las ordenanzas ducales sobre dicho oficio. Debía “guardarlas en todo y por todo”. Tras ello, le ordenaba el duque que se presentase ante el Concejo, Regimiento y Justicia de la ciudad, y prestase el juramento requerido. Mandó el duque que todos le reconociesen como alcalde de la mar, y le prestasen cuantas ayudas requiriese de ellos para el ejercicio del cargo, y le diesen “las honras, libertades y preeminencias” inherentes a tal oficio, de manera que no “le faltase cosa alguna”.

Diego Benítez, así como todos sus compañeros, debería acudir prestamente a lo que de parte del duque ordenase en todo momento el capitán Diego León en relación con todos los asuntos del río y del puerto. Todos esos asuntos debían ser supervisados por ellos, dado que, con harta frecuencia, hacían referencia al serbio a Su Majestad, al que había que acudir con extrema puntualidad. Las órdenes que diese, por tanto, Diego Benítez en relación “con los barcos y gente de la mar”, deberían ser obedecidas y ejecutadas.

Si consideramos el cuarteto que le dedicó Francisco de Eraso y Arteaga, aunque lo que escribe no es de mucho fiar, dentro de los que escribió a personajes nacidos en Sanlúcar de Barrameda, se ha de concluir que la actividad de Diego Benítez no quedó reducida a su ciudad natal:                                   

                                    Diego Benítez en manos

                                    De la arrogancia francesa,

                                    Dio la vida á su rey

 

                                    De su noble pecho deuda.


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