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  BEMBRAC, Mariana. Esclava negra. 1803.

BEMBRAC, Mariana. Esclava negra. 1803.

Muy comentado había sido en la ciudad, a principios del siglo XIX, el bautizo de una “negra”, había tenido lugar en la iglesia matriz de Nuestra Señora de la O y en él tuvo clara participación el clérigo Rafael Colom. La instancia solicitando el bautismo de aquella mujer de raza negra fue presentada en el vicariato general del arzobispado de Sevilla por Francisco Robbado Burastero, presbítero y beneficiado de la iglesia mayor parroquial. La instancia fue remitida con fecha 24 de enero de 1803. Se trataba de Mariana Bembrac, “negra” de los moros “mogateses” (Orán). Estos eran soldados musulmanes que servían bajo la bandera española en la plaza fuerte de Orán. Mogataz es término que significa “renegado” y era la palabra con la que los moros denominaban despectivamente a estos soldados de caballería, si bien de manera inexacta, por cuanto que, aunque combatían por España, no habían abjurado de la religión mahometana. Denominación y función provenían de 1509, época en que el cardenal Cisneros conquistó Orán y organizó su gobierno.   

El beneficiado tenía de sirvienta en su casa a Francisca Albarca, quien, habiendo estado en Orán, había comprado en aquella plaza con algo más de tres meses a Mariana Bembrac y a otro hermano suyo, también moro y de catorce años. De allá se había venido para Sanlúcar de Barrameda y, al enviudar, pasó al servicio de don Francisco, llevando con ella a los dos niños moros. La razón de la vuelta había estado motivada porque el rey había dispuesto que se abandonase la plaza de Orán por un terremoto que la había destruido. Ordenó, además que los moros mogataces pasasen a Ceuta, yendo entre ellos la familia de Mariana. Moros de dicha familia, una la madre de Mariana Bembrac, también del mismo nombre, vinieron a Sanlúcar de Barrameda y, sabiendo que la ciudad se encontraba Francisca Albarca, dueña de sus hijos, fue a visitarla. Francisca, viendo que se podía convertir a la religión católica, propuso al beneficiado que la recogiese en su casa. Este aceptó y comenzó a instruirla en “los misterios más principales y necesarios de nuestra religión”[1]-

Una vez preparada, “abjuró de su secta y errores”. Se presentaron las correspondientes diligencias ante el tribunal de la inquisición, quien la liberó de su pasado. Todo ello lo había realizado Mariana “por su deseo de ser cristiana”, por lo que, considerándose que su conversión había sido verdadera, se solicitó que se le concediese poder recibir el sacramento del bautismo y que fuese Francisco Robbado quien se lo administrase. El vicario Colom la examinó de la doctrina cristiana. La halló apta. Así lo certificó en testimonio enviado al vicario general del arzobispado de Sevilla. El vicario general, Joaquín María de Torres, viendo todo el expediente, concedió licencia para que le fuese administrado el bautismo, sacramento que le fue administrado a Mariana en la iglesia mayor parroquial el 8 de febrero de 1803. Tenía Mariana más de sesenta años.

 



[1]  Archivo Diocesano de Asidonia Jerez: “Fondos hispalenses”. Ordinarios, caja 301, legajo 10.


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