Gentes de aquí ...

  BARRERO, Toribio. Comerciante. Matejesuín (Soria) 1912-Sanlúcar de Barrameda, 1976.

 

 

Hijo de maestro, su padre pronto le hizo ver que, de permanecer en la tierra soriana, pocas perspectivas de futuro tendría. Como uno de tantos norteños, muy joven, sólo con 14 años y una vida por delante, salió de su terruño, en dirección a Sevilla, donde recaló.

Un paisano sevillano le informó que tenía un amigo en Sanlúcar de Barrameda, propietario de una droguería, y que en alguna ocasión le había dicho que necesitaba algún mozalbete que trabajase en la misma. Le contactó con él, y Toribio Barrero comenzó a trabajar en la droguería de San José, que su propietario, Manuel Muñoz, poseía en la Calle de la Capillita, ladera con la calle Ancha. Era Toribio hombre inquieto y convencido de la utilidad de la formación, por lo que, además de su trabajo en la droguería, comenzó estudios de practicante, alentando a otros amigos a que siguiesen sus pasos, a los que además les facilitaba sus propios libros.

Tras la guerra civil (1936-1939), continuó trabajando en la droguería de San José. Pero Felipe García Boceta le ofreció el traspaso de la que poseía en la Calle de Santo Domingo. Aceptadas las condiciones que Toribio podía ofrecerles de pagársela cuanto antes, se hizo con la droguería y la pagó en un solo año. Tras ello, pasó a comprar el edificio completo, que había sido palacio del Marqués de San Rafael.

Laborioso y emprendedor, abrió en el alto del edificio una fábrica de juguetes, donde se elaboraban los populares caballitos de cartón de la época; un accidente de una las empleadas y el engaño del que fue víctima por uno de los representantes fuera de la localidad, lo retiraron de este negocio de la fabricación de juguetes. Adquirió la propiedad de viñas e inmuebles.

Emprendió luego una actividad accionarial en Andaluza de Cementos, en la que llegó a ser uno de los principales propietarios, quedándose con la concesión de venta, que luego pasaría a su hijo José Luis Barrero Jiménez.

Se casó en 1944 con su paisana Cirila Jiménez Benito y fueron padres de Pascual (1945), ingeniero industrial superior; José Luis (1947), constructor; y de Álvaro (1957), que falleció trágicamente en un accidente de aviación en el pueblo malagueño de Jimera.

Hombre laborioso, que se había hecho a sí mismo, contando con su propio interés y trabajo, fue solidario con quienes como él comenzaban desde cero, a quienes les prestó ayuda desinteresada.

 

Fue hermano de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y La Virgen de la Esperanza, a la que ayudó económicamente en muchas ocasiones.


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