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  BARRAMEDA, Ermita. Siglo XIII.

 

 

Los caballeros Templarios eran los poseedores de la antigua ermita de Barrameda. Guillamas afirma que estos caballeros acompañaron al rey Fernando III en la conquista de Sevilla y, conquistada la ciudad, apoyaron posteriormente a Alfonso el Sabio, época en la que se asentaron en esta zona de Sanlúcar, denominada Lugar de Barrameda, en la que labraron una ermita, dedicada a Santa María de Barrameda.

Velázquez Gaztelu confirma categóricamente la existencia de esta ermita desde 1270, antes de la donación regia a Guzmán el Bueno de estas tierras, su relación con la Orden militar de los Caballeros Templarios y la existencia de otras en las proximidades, como la de Bonanza y la de Guía. A la fundación del convento de los frailes Jerónimos, la ermita quedó incluida dentro de las dependencias del nuevo monasterio.

Instalados ya en ella los jerónimos, la utilizaron para que se utilizase como lugar de descanso, de recuperación de los monjes de San Isidoro del Campo, así como de hospital para los navegantes que llegaban heridos o enfermos al puerto de Zanfanejos (puerto que existió entre la actual Bonanza y la Colonia de Monte Algaida).

 

En la segunda parte del siglo XVI alcanzó una gran devoción popular las dramatizaciones de la pasión de Cristo que los franciscanos celebraban en la Semana Santa, junto con los cofrades de las cofradías con sede en su templo. Utilizaron para ello el sugerente enclave de los Altos de las Cuevas. Una imagen de un Cristo articulado aparecía en la cruz sobre uno de los montículos de los Altos. Luego se bajaba la imagen del Cristo de la cruz y se colocaba a los pies de su madre, la Virgen María. Tras ello, procesionaban hasta la antigua ermita de Barrameda. Un fraile franciscano portaba la imagen del crucificado, los demás acompañaban a los cofrades flagelantes.


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