Gentes de aquí ...

  SALINAS, Pedro. Contador mayor de la Casa Ducal. XVI.

 

 

A mediados del siglo XVI, siendo corregidor de la villa el licenciado Francisco Álvarez de Mesa, tuvo conocimiento el cabildo[1] de un poder concedido a su contador mayor, Pedro de Salinas, por la condesa de Niebla, gobernadora a la sazón de la villa y de los Estados ducales por minoría de su hijo el duque Alonso IV (1550-1615), quien, a la muerte de su padre Juan Alonso V, tan sólo tenía ocho años.

Pedro de Salinas pertenecía a una familia[2] que había estado por completo al servicio de la Casa Ducal. Su abuelo Pedro Salinas como abogado del consejo del duque. Su padre, también Pedro, como escudero. Su hijo Juan como paje del duque Alonso IV y luego como su gentilhombre[3]. Su nieta Francisca como dama de la duquesa Juana de Sandoval y la Cerda. Y el propio Pedro Salinas había sido secretario del conde de Niebla hasta la muerte del mismo (+ 1556); y posteriormente contador mayor de la Casa y de los Estados ducales, presidente del Consejo del duque y justicia mayor de sus Estados hasta el momento de su fallecimiento en Sanlúcar de Barrameda en 1607. 

La provisión de la condesa gobernadora concedía a su contador Salinas “todos los solares que hay desde el cantillo (la esquina de un edificio) de la casa de Juan García, carpintero[4], que es junto al convento de Santo Domingo, hasta la casa de Pedro de Gracia[5], que es junto a la aduana de esta villa (aproximadamente donde en la actualidad se encuentra la unión de la Calle Bolsa con la Plaza del Cabildo) y, desde allí, todo el sitio que hay hasta la mar”. Puede observarse que al señor Salinas se le hace donación de más de la mitad del actual barrio bajo, pues llegaba desde el convento de Santo Domingo hasta los pies mismos del Pago del Espíritu Santo, lugar donde finalizaba la denominada “la playa” o “banda de la playa”.

Ordenaba además la donosa condesa que todo el cabildo, “juntándose con el señor corregidor”, se trasladase al lugar, y en él diese solemne toma de posesión al señor Salinas. El cabildo recibió las órdenes, como era habitual, “con el acatamiento debido”, si bien, al parecer, interpretaron a su aire aquello de que fuesen “todos”, pues acordaron que acompañasen al corregidor al evento los regidores el licenciado Dávila y Alonso Cordero, que “lo mismo estaban para un roto que para un zurcido”. La postura capitular no consta que incomodase ni al señor Salinas ni a la condesa, pues además quien tomó posesión “por poderes de Salinas” no fue sino el propio Alonso de Cabañas. Anecdotario al lado, la medida resultaría  beneficiosa para el arrabal de la Ribera, pues potenciaría un esplendoroso poblamiento por una zona que, con el correr de los años, resultaría de recio abolengo.

 



[1]  Acta capitular de 2 de agosto de 1566, libro 3, f.  63 v.

[2]  Cfr. Velázquez Gaztelu: Catálogo... pp.  450-451.

[3] Galicismo, del francés gentilhomme, noble que servía en la Casa real y por extensión se aplicó a quienes servían en la Casa de los Medinasidonia.

[4]  La estructura de este conjunto de palabras “Juan García, carpintero” ejemplifica el origen de muchos apellidos. En los primeros padrones de vecinos de la villa (y en muchos posteriores) aparecía con un apellido tan sólo el “cabeza de familia”. De la madre tan sólo se hacía constar el nombre de pila, al igual que de los hijos. De haber coincidencia entre el nombre del padre y algún hijo, a este se le denominaba “el mozo”. Al no utilizarse en dichos padrones la coma y escribirse todo en minúscula, comenzó a considerarse como apellido lo que sólo era indicativo de una profesión u origen. De esta manera surgirían muchos apellidos, como este de Carpintero, Francés, Caminero, Bajo, Mozo, Pastor...

[5]  Personaje de posibles, pues fue reconocido hidalgo, por orden ducal, en el cabildo de la villa de 14 de marzo de 1541.


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