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  AURORA DEL BETIS. Prensa Local. Mediados del XIX.

 

 

 

Se autodenominaba periódico local sanluqueño de literatura, ciencias, artes y modas y lo imprimía José M. Esper, sucedido por Pedro Carrén. En la edición del 19 de marzo de 1843 escribía: No han faltado en tiempos de ignorancia hombres más intencionados que prevalidos de su mayor ilustración han sembrado ideas erróneas infundiendo pavor y miedo a naciones enteras, y negociando así con la ignorancia de los demás, vendiendo sus profecías y falsos vaticinios como los alquimistas su piedra filosofal.

          En la edición del 9 de abril del mismo año, nº 117, relacionado con el consumo de productos alimenticios, recogía este curioso anuncio: Desde hoy en adelante se vende leche pura de vacas bien pastadas en la Plazuela de la Aduana, desde las 6 hasta las 9 de la mañana, á 8 cuartos el cuartillo. Se ordeñará á presencia de las personas que gusten beberla y se servirá con el mayor aseo.

          Indica las nuevas concepciones sobre el cambio producido en el área educativa un artículo publicado en 1843 en este periódico, cuando ya se había vivido la experiencia del Reglamento de 1821 y se estaba en el Plan del Duque de Rivas de 1836. Aunque algo extenso, dejo de él constancia, por indicar el pensamiento intrahistórico sobre el tema en la Sanlúcar de Barrameda de fines de la primera mitad del siglo XIX:

Instrucción primaria

 

“No es la primera vez que nos ocupamos de este ramo tan útil e indispensable en la sociedad. Con frecuencia hemos llamado la atención de la corporación municipal hacia esta parte de la educación de los pueblos, porque la consideramos como la base de la organización social y como el origen de los conocimientos humanos.

  Desterrada de entre nosotros la costumbre de criar la juventud durante los primeros años de la vida en la holganza, y de abrirle á los niños la carrera de los crímenes, que con placer seguían, se contentaban los padres con aplicar sus hijos á los trabajos campestres ó algun arte mecánico, persuadidos que con esto habian cumplido los sagrados deberes que habian contraido al ser cabezas de familia.

  No hai hombre por estúpido que sea, que no esté convencido que las falsas creencias y doctrinas del siglo diez y ocho, han sido elementos mas que suficientes para influir de una manera mui activa en los trastornos religiosos y políticos que hemos sufrido.

  Mas ya, que afortunadamente vemos desarrollarse ese deseo de saber que anima á todas las clases, deber es de las autoridades locales protegerlo y aumentarlo. El gobierno favorece la ilustración y se afana por crear en distintas ciudades del reino  casas de educación, donde se agrupan jóvenes que realzarán con gloria en toda la Europa el nombre hermoso del pueblo Ibero.

  La hora de la ilustración ha sonado ya para nosotros, y por lo tanto preciso es despertar del letargo en que estamos adormecidos por el veneno letal del oscurantismo: es llegado el tiempo en que el padre procure formar la educación de su hijo, de que acuda este á beber las aguas en las fuentes del saber humano, y á las autoridades de remover los obstáculos que se oponga á objeto tan grandioso.

  Pero en vano será todo si no se crean escuelas de primera enseñanza, que son la clave, el pedestal de la civilización, y decimos esto porque una sola clase gratuita para la crecida población de Sanlúcar de Barrameda, parécenos insuficiente. Asi la comisión de instrucción primaria á cuyo cargo está la vigilancia de todas las escuelas de esta ciudad, debe cuidar de los adelantos de la juventud y de inspeccionar los métodos de enseñanza que siguen los maestros que las dirigen.

  Si bien es verdad que la escuela gratuita está bien dirigida y que allí la enseñanza es fácil y sencilla, lo es también que hai otras donde se tienen adoptadas sistemas de educación reprobados por los adelantos de la época:

La comision debe vigilar esto y procurar que los metodos se nivelen con arreglo á los conocimientos del dia, evitándose por este medio que los jóvenes pierdan años preciosos en los primeros rudimentos de la educación, y que no pasen á estudios superiores sin los conocimientos necesarios; desgraciadamente hemos visto llegar al instituto de esta ciudad sin la instrucción que es indispensable para sentarse en aquellas aulas.

  Ya dijimos en otra ocacion que uno de los señores concejales habia propuesto al ayuntamiento la creación de otras escuelas gratuitas, y tambien sabemos que uno de los individuos de la comision de instrucción primaria ha concebido igual proyecto hace algun tiempo: á todos consta la necesidad que existe de esto, y asi preguntamos con sentimiento ¿es posible que proyectos de tanta utilidad corran la suerte de otros? ¿Es dable que asi se olviden de asunto tan interesante?

  Para esto no debe arredrar la falta de medios, todo se debe posponer cuando se trata de la educación de la juventud, que tan encargada está á los ayuntamientos, y que deben mirarla como una de sus primeras atribuciones.

  Fórmense las escuelas que pedimos, procúrense los mejores métodos de enseñanza, obliguese a los indolentes y malos padres de familia á que hagan concurrir sus hijos á las clases, y de este modo se evitará el pillage y la holganza, se corregirán los vicios y la sociedad reportará ventajas incalculables”.

          El mismo diario local La Aurora del Betis narra cómo se habían celebrado exámenes públicos en el suprimido Convento de Santo Domingo por el profesor de Educación Primaria don Antonio M. San José. Los asistentes valoraron positivamente los métodos educativos del profesor y el claro adelanto de los niños, si bien el articulista mostraba en el periódico sus quejas por el alto nivel exigido a niños tan pequeños, a los que, según su criterio, tan sólo se les debía enseñar a leer y escribir correctamente, unos conceptos generales de gramática y aritmética, y la doctrina cristiana. Lo demás ya tendrían ocasión de aprenderlo con posterioridad.

Esta mismo periódico, con este motivo y con el de las obras que en el Carmen se estaban realizando para establecer una Escuela Pública, expresaba su concepto de la enseñanza con estas palabras en La Aurora del Betis: “La instrucción primaria es la idea que deseáramos ocupase con preferencia del todo a nuestras autoridades y concejales, porque la juzgamos la base de la educación del hombre, el principio de la vida moral, el fundamento de la organización social: sin buenas escuelas de primaria educación no se pueden crear jóvenes en quienes se puedan sembrar después ideas religiosas y políticas que debe tener todo hombre que ha de vivir en una sociedad bien construida”.

          Poco después, los redactores de La Aurora del Betis defendieron a capa y espada la necesidad y obligatoriedad social de establecer en San Francisco el referido hospicio para niños pobres y huérfanos. Y resultaba imprescindible porque “las calles se hallaban inundadas de criaturas de ambos sexos que no se ocupaban en otra cosa que en pordiosear e incomodar al transeúnte [...], acostumbrándose desde pequeños a la miseria y a la holganza [...] perdían el pundonor [...] cometían robos de poca entidad, pro seguían entregándose a otros crímenes mayores que concluían en el patíbulo”.

          No se puede perder de vista que tanto la prensa local como la nacional se movían al ritmo de libertad o censura desaforada que iban marcando las diversas orientaciones políticas en época de tantos cambios y vicisitudes. Cuando nació la “Aurora del Betis”, se había apaciguado la prensa anticlerical emergente a mediados de la década de los 30, así como la patrocinada por los moderados que tenían como leitmotiv el visceral enfrentamiento contra las leyes desamortizadoras. Un cóctel de prensa de orientación republicana y carlista  imperará en la prensa posterior. Realmente eran tiempos en que la prensa comenzaba a descubrir que podía echarse un pulso con el Estado, a nivel nacional, o con los poderes locales, en la prensa local. Poco después del nacimiento de la “Aurora del Betis”, la prensa se apacigua, se dedica a informar, y sólo en contadas ocasiones y asuntos puntuales se unirá para enseñar los dientes al poder.

La prensa ejerció durante todo el siglo XIX un importante papel en la sociedad hispana, a pesar del altísimo índice de analfabetismo. Los periódicos se convirtieron en los portavoces de cada uno de los partidos, y en la más dura oposición a las medidas adoptadas en los ministerios. La prensa comenzó a tener tanto poder que se gobernaba mirándola de reojo, y era capaz de meter miedo hasta en las más altas esferas de la sociedad española. Era de esperar que, con tanto ardor y pocos medios, los periódicos fuesen, en gran parte, flor de un día, máxime en la denominada “prensa local”, aquella que se limitaba al escaso ámbito de un pueblo o ciudad.

 

Se autocalificaba La Aurora del Betis como "periódico de literatura, ciencia y modas". Era periódico en el que lo mismo se escribía sobre los cometas, que sobre las Minas del Andévalo, o se publicaban por entregas novelas como la de El caballero Negro, se anunciaban funciones religiosas, se introducía publicidad, incluso de otros periódicos. Se publicaba todos los domingos, constando de un pliego de papel marquilla, y era su precio de seis reales al mes llevado a casa de los suscriptores, y de siete si eran de fuera de la ciudad. Se editaba en su imprenta de la Calle de la Bolsa, número 54. En relación con la publicidad, mezclada con todo clase de artículos y noticias, la había de todo tipo. Tanto se publicitaba el chocolate: “En las acreditadas confiterías de don Agustín Ballesteros, situadas en la Calle de Santo Domingo y Ancha de esta ciudad, se vende chocolate superior, trabajado al estilo de Barcelona por oficiales inteligentes traidos de fuera para el efecto. Los hai desde 24 cuartos hasta 12 rs. libra. Las personas que lo usen se convencerán de lo esquisito del género”.


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