Gentes de aquí ...

  AUTOS SACRAMENTALES EN LA SANLÚCAR BARROCA.

 

 

 

 

Es un género teatral, nacido bajo los auspicios de la mística barroca, que tiene un carácter alegórico, simbólico, y que está dedicado a exaltar la Eucaristía. Es por lo que su representación giraba en torno a la celebración de las fiestas de la solemnidad del Corpus Christi, y por los que los Cabildos encargaban a autores de comedias escribiesen autos sacramentales para las fiestas del Corpus de su ciudad.

En Sanlúcar de Barrameda se comenzó a representar obras de carácter religioso en torno a las solemnidades de la Navidad y de la Pascua de Resurrección en el altar mayor de la iglesia parroquial con anterioridad al siglo XVII. Era una manera de catequizar y al mismo tiempo de hacer más llevadera las largas ceremonias en latín. Pero, poco a poco, sobre todo con la introducción de los personajes de los pastores, que con harta frecuencia comenzaron a desempeñar el papel de lo que luego en la "comedia lopesca" sería el gracioso, se consideró irreverente la representación teatral en el interior de la iglesia; por ello se trasladó al porche del templo, que servía de escenario ante los espectadores ubicados en la Plaza de Arriba. Se llegó incluso a colocar graderíos portátiles en dicha plaza para que, de esta manera, los espectadores más adinerados, pudieran presenciar más cómodamente las representaciones.

La primera mitad del siglo XVII fue esplendorosa en esta serie de representaciones alrededor de la festividad del Corpus. Por la ciudad van a ir desfilando los autores y actores del momento: Alcaraz (1604), Roque de Figueroa (1626), Ramón Arias (1637), Pedro de la Rosa (1640), Bartolomé Romero (1644)... Y como era de esperar, imbuidos del fervor por el teatro y por los recursos que se comienzan a poner sobre el escenario, estas representaciones se hacen acompañar de danzas, fuegos, acompañamiento al Santísimo, danzándose ante Él no sólo dentro de la iglesia, sino delante de los diversos altares que se iban colocando en el itinerario por el que transcurriría la procesión.

 

A la súbita decadencia del género que brotó a raíz de la incorporación de la ciudad a la corona, sucedió un fugaz resurgimiento, testimoniado en 1664 con la solemne representación que llevaron a efecto los cómicos de la compañía de María Segura, tras el cual la corona prohibió las danzas en el interior de los templos.


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