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  PÉREZ DE GUZMÁN, Enrique III. 1494-1513. IX Señor de Sanlúcar.

 

 

 

 

 

Al morir el duque Juan Alonso IV, le sucede su hijo Enrique (1494- 1513), hijastro de doña Leonor,  IX señor de Sanlúcar y IV duque de Medinasidonia. El 14 de noviembre había venido al mundo este “mozo de flaca complexión por enfermedad de nacimiento”, aún así le correspondió, por herencia, “gobernar” los Estados de los Guzmanes. Sólo con once años asistió al cerco de Gibraltar (1505), y dos años después (1507) hereda los Estados de su padre. Al no tener madre y, por su minoría de edad, es tutelado por su cuñado Pedro Girón,  esposo de su hermana Mencía.

El rey vino a Sevilla (1508) a causa de los enfrentamientos entre las dos Casas rivales, los Guzmanes y los Ponce de León; y, habiendo recibido muchas quejas contra Pedro Girón, le prohíbe que gobierne los Estados del duque y que se persone en Sevilla acompañado del duque de Medinasidonia . El de Ureña casó y veló precipitadamente al duque con su hermana María de Girón en la villa de Medina Sidonia. El rey montó en cólera, por no haber sido previamente informado de la boda y, además, porque el propio rey tenía pretensiones de desposar al duque de Medinasidonia con su nieta, Ana de Aragón.

Tras haber dilatado todo lo posible la ida del duque a Sevilla, este es presentado ante el rey, acompañado de su inseparable cuñado. El rey recibe amablemente al joven duque y despide a Pedro Girón.  Girón, viendo que perdía la influencia despótica sobre su cuñado, lo raptó, argumentándole, al despertarle en la noche, que el rey lo pretendía decapitar para quedarse con los Estados de los Medinasidonia. Viven la peripecia de una precipitada huida a Portugal. El rey mandó salir a su encuentro, pero el duque no volvió para España. Así la situación, el rey mandó a todos las ciudades, villas y lugares de los Estados del duque que se entregasen. Todos lo hacen, menos la villa de Niebla, que fue asaltada y asediada y sus dos alcaldes y cuatro regidores subieron al patíbulo. Fue encargado del gobierno de los Estados ducales el arzobispo de Sevilla, fray Diego de Deza.

El rey, rogado por el conde de Ureña y otros nobles, perdonó al duque y autorizó su vuelta. Estos se presentaron ante el rey en la corte y, tras pedirle perdón, se trasladaron a la villa de Osuna, donde se encontraba María de Girón con sus padres. Pero los casi tres años de estancia del duque en Portugal y su precipitada huida habían mermado su ya depauperada salud.

Mientras, en la villa de Sanlúcar de Barrameda se continuaba con el pleito planteado con los almojarifes sevillanos por el derecho al cobro de las rentas del almojarifazgo. Algún historiador ha dicho que tal vez la corona fuese la instigadora de estos litigios, deseosa de hacerse ella con estos derechos. Se expide (1512)  una Cédula real instando a que se respeten los derechos de los duques sobre la renta del almojarifazgo.

Cuando esto sucedía, en enero de 1513, en la villa de Osuna fallecía el duque don Enrique III a la edad de 19 años, sin dejar descendencia. Fue enterrado en el panteón de los condes de Ureña. Sus Estados pasarían sucesivamente a sus dos hermanos, Alonso y Juan Alonso, pero no sin dificultades. Pedro Girón, que intentó ocultar la muerte del duque, pretendió, una vez descubierto, sucederlo en el gobierno de los Estados ducales con la alegación de los derechos que decía asistir a su esposa, doña Mencía de Guzmán. Llegó incluso a sitiar la villa de Sanlúcar de Barrameda. En el cabildo de 24 de febrero de dicho año, celebrado en la casa de Pedro de Espíndola[1], tras el conocimiento de las pretensiones del de Ureña, se adoptaron unos acuerdos encaminados a defender a la villa de Pedro Girón. Se asegura la villa. Se encargan a seis hombres de a caballo que vigilen por el campo. Se alerta a los habitantes de la villa a estar preparados ante el toque de campana y se prohíbe, bajo pena de muerte y pérdida de toda clase de bienes, a quien escribiese o entrase en contacto con Pedro Girón. La intervención del cardenal Cisneros (1436-1517) puso en razón al conde de Ureña, desistiendo  así de sus pretensiones.

La duquesa Leonor, en Sevilla, ejercía la tutela de sus hijos. A pesar de los intentos de Pedro Girón por que no se supiese la muerte del duque don Enrique,  doña Leonor se enteró de que su hijastro había muerto sin sucesión. Inmediatamente pone el suceso en conocimiento del rey Fernando y pide para su hijo Alonso el Estado, según lo que había dejado estipulado en su testamento su padre. Ya Pedro Girón se había ido apoderando de todo el Estado de los Guzmanes. El rey le manda que devuelva lo apropiado, pero este no accede. La casa de Arcos apoyaba a Pedro Girón en sus pretensiones, lo que no era sino una estrategia de debilitamiento de los Medinasidonia.

La villa de Sanlúcar no tardó en levantarse a favor de doña Leonor y de su hijo Alonso. El cabildo sanluqueño adoptó el siguiente acuerdo: “Fablaron sobre que se ordene poner recabdo en esta villa, poner guardias en el campo de dia é de noche que mire quien va é viene. Ytem que se debia ordenar de pregonar que nadie desta villa escriba cartas a don Pedro ni a ninguno suyo ni recebir en esta villa a ninguno suyo. Ordenaron que se apregone que todos los vezinos é moradores desta villa de caballo o de pie esten prestos é aprestados con sus armas é caballos en servicio del duque nuestro señor para cuando la campana de, en defensa dela villa, sopena de dos mil maravedies. Ordenaron que ronden el campo e los caminos seis hombres de caballo que miren los caminos de Jerez, Lebrixa e del Puerto, é señalaron que rondaren Alonso Perez del Pazo é Pedro Izquierdo é Alonso de Palma, é sin caballos á pie Iñigo Lope. Del cargo de esa guardas é cogerlas á Juan Cordero y Luis de Bolaños é que les den á los de caballo dos reales á cada uno é á los peones á setenta maravedíes” [2].

Pedro Barbadillo[3] afirma lo que sigue: “Don Pedro tomó las armas y con nutrido ejército salió contra Medina, donde entró a viva fuerza; y después se apoderó de Vejer, Conil y Chiclana, disponiéndose a ir contra Sanlúcar, pero la defensa que había preparado la villa y las disposiciones tomadas por el rey, a quien doña Leonor pidió ayuda, unido a las instancias de su padre ( se refiere al conde de Ureña, tutor que había sido del duque don Enrique) que veía el mal paso en que su hijo estaba metido, le hicieron desistir de su intento”. Así las cosas, don Luis Ponce de León le propone casarlo con su hija Leonor. La duquesa , acorralada como estaba, acepta y le concede “palabras de futuro”, palabras que se llevaría el viento. Los Ponce, ante la palabra dada por la duquesa, vienen en persecución de Pedro Girón que se encontraba con sus tropas en el Pinar del Espíritu Santo. Viendo Girón que sus pretensiones eran insostenibles, accede a entregar a los jueces del rey la villa de Medina y las demás villas conquistadas; los jueces efectuaron la correspondiente entrega a la duquesa doña Leonor.

Es ahora cuando el propio rey propone a doña Leonor casar a Alonso (ya con indiscutibles síntomas de deficiencia psíquica) con su nieta. Y se celebra la boda por poderes, pues el duque se encontraba en Sevilla y la nieta del rey en Aragón. Ambos eran menores de edad. Doña Leonor hizo de gobernadora del Estado hasta su muerte en octubre de 1515. Con posterioridad, el matrimonio se declararía nulo, por la deficiente situación del duque. El Estado de los Guzmanes pasaría a su hermano.

Debió ser muy querida doña Leonor de Zúñiga en la villa de Sanlúcar;  ello se deduce de las solemnes celebraciones fúnebres que a su muerte se organizaron en la villa y de los alzados gastos que dichas celebraciones conllevaron. Del cabildo que se celebró por estos días se recoge lo siguiente: “[...] ordenaron sus mercedes e mandaron que se hiciesen dichas onrras el sábado en la tarde de primero que viene o el domingo de mañana, porque faciendolo estos dias abra mucha gente en las dichas onrras. Ordenaron sus mercedes que porque los clerigos se pusieron en pedir dineros[4], que las dichas onrras se ficiesen no en Santa Maria sino en San Francisco, y en esto acordaron todos los diputados".

 



[1]  Caballero de la Casa ducal y capitán de la gente de la guerra en la villa sanluqueña.

[2]  Sesión capitular de 24 de Febrero de 1523.

[3]  Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, p. 730.

[4]  Se refiere a que los clérigos servidores de la iglesia parroquial de Santa María de la Expectación o de la O exigieron  excesiva cantidad por la celebración de los funerales, razón por la que el cabildo optó por que estos se celebrasen en el monasterio de Nuestra señora de los Ángeles o de San Francisco “el viejo”, ubicado a los pies mismo de lo alto de las cuevas. Este monasterio fue muy querido y admirado por el cabildo sanluqueño y por los vecinos en general. 


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