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  PÉREZ DE GUZMÁN, Juan Alonso IV. VIII Señor de Sanlúcar.

 

 

 

 

Juan Alonso IV Pérez de Guzmán (Sevilla, 1466-1507) fue VIII señor de Sanlúcar, III duque de Medina Sidonia, V conde de Niebla, y II y último marqués de Gibraltar. Tomó el Estado de los Medinasidonia en agosto de 1492 al fallecimiento de su padre en el palacio ducal de Sanlúcar, y fue fundamentalmente un gran militar, con grandes conquistas en su haber, como la de Melilla, a la que reedifica y potencia su repoblamiento. Era consciente de la importancia estratégica  de la villa y de su puerto. Es por ello por lo que envió a su contador, Pedro de Estopiñán[1] a reconocer “in situ” la realidad. Bien informado, va con sus huestes de Sanlúcar, la conquista y lo pone en conocimiento de los reyes. Está documentado que el duque se trajo para Sanlúcar cautivos más de 250 “moros y moras”, que posteriormente repartió entre sus caballeros, eclesiásticos y gente de su corte. Se batió en armas contra los moros en Las Alpujarra, así como en el continente africano, donde, tras conquistar Cazaza, fue nombrado (1506) marqués de Cazaza, título del que también disfrutarían sus descendientes.

Se desposó dos veces: una, con su prima, doña Isabel de Velasco (1488),  y otra , con doña Leonor de Zúñiga y Guzmán. Isabel de Velasco y Mendoza  pertenecía a dos linajudas familias castellanas, los Mendoza y los Velasco, pues era hija de doña Mencía de Mendoza y de don Pero Fernández de Velasco. Este último tuvo gran significación en la Castilla de su época. La nobleza de su linaje está documentado que arranca del siglo VIII y proviene del Pirineo Occidental.  Fueron los Velasco descendientes de los jueces de Castilla Nuño Rasura y Laín el Calvo. Ya en el siglo XIV con Juan I (1379-1390) los Velasco eran una familia que ocupaba un puesto de gran relevancia en la corte castellana. Don Pero fue condestable del reino de Castilla (1462), conde de Haro. A la muerte de su padre (1417), quien había encabezado un levantamiento nobiliario oponente al infante Fernando de Antequera, se pone él al frente de este  movimiento, que había vuelto a tomar auge en el reinado de Juan II (1405-1454). Tuvo pretensiones de hacerse con Vizcaya y Guipúzcoa, pero fue vencido en 1471. Los Velasco prestaron una gran ayuda a los reyes Isabel y Fernando.

Al acceder los Guzmanes a la boda de Juan Alonso con Isabel, miraron más la calidad humana de la candidata a señora de Sanlúcar que la dote, de manera que la familia Velasco prácticamente no aportó ningún tipo de dote. Pudo haber influido en ello el hecho de que los contrayentes eran primos. Del matrimonio nacieron: Leonor, que casó con el duque de Braganza, sobrino del rey de Portugal; Mencía y Enrique, que casan en Sevilla con dos hermanos, Pedro Girón y María Girón, hijos del conde de Ureña ( Mencía tenía 16 años y Enrique sólo 11 en el momento de las bodas ) ; e Isabel que fue monja en Burgos.

Leonor de Zúñiga y Guzmán fue su segunda esposa. Pretendía  el duque Juan Alonso desposarse, en segundas nupcias, tras el enviudamiento de su primera esposa, doña Isabel de Velasco, con su prima hermana doña Leonor de Guzmán, hermana de don Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar. Su madre era hija “bastarda” del duque de Medinasidonia don Juan de Guzmán y esposa de don Pero de Zúñiga, apellido perteneciente a una de las más nobiliarias familias castellanas.

Por ser primos hermanos debían esperar la correspondiente dispensa matrimonial del impedimento al que su relación sanguínea los tenía atados. Mientras esperaban la dispensa -que quien espera desespera-, doña Leonor parió a su hijo Alonso (4 de octubre de 1500), que muy pronto daría muestras de deficiencia psíquica. Llegadas las correspondientes dispensas, se desposaron en 1501. A más de Alonso, los duques tuvieron estos hijos: Juan Alonso (1502), Leonor, Ana (se desposaría con el marqués de Berlanga) y Pedro (1503) que sería el primer conde de Olivares y señor de Castilleja. A más de los hijos habidos de sus dos esposas, el duque Juan Alonso IV tuvo al menos tres hijos “bastardos” más.

Siendo mayorazgo, el duque acompañó al rey católico en la toma de Setenil. Estuvo asimismo con su padre y con la gente de la villa de Sanlúcar y de otras villas del señorío en el cerco de Alora (Málaga), hasta que los “moros” se entregaron el 20 de junio de 1484. Tras estas batallas, padre e hijo se volvieron para Sanlúcar, donde fueron recibidos “solemnemente por los vezinos del pueblo, é con mucho amor é deseo de la duquesa”[2]. Sigue prestando el duque su  ayuda económica al rey, así como su propia gente, adiestrada para atacar tanto por mar como por tierra, cosa que harían en las conquistas de Málaga, Baza, Guadix y Almería.

En 1492, participa nuevamente con su padre en apoyo del rey en el cerco y rendición de Granada. Es en este momento y lugar donde el señor de Sanlúcar de Barrameda es armado caballero junto con el príncipe Juan. Poco después, tras el fallecimiento de su padre y su toma de posesión del Estado de los Medinasidonia, comienza, con el descubrimiento de América, un tiempo esplendoroso para la villa sanluqueña. Es la hora de salidas y arribadas, de suculentos negocios, y de la presencia y estancia en la villa de grandes personalidades.

Sevilla adquiere el monopolio como puerto único, y Sanlúcar se convierte en su antepuerto. Es la hora en que se inicia un flujo y reflujo de su puerto a las Américas y viceversa, que vendría a durar hasta 1717, en el que la Casa de la Contratación, ubicada en Sanlúcar desde 1503, fuese trasladada a la ciudad de Cádiz. Es la hora de los grandes beneficios, donde Sanlúcar se va a ver expandida por sus arrabales, y  toda clase de templos e iglesias se apiñarán entre sus calles y plazas. Un gran aumento de población y de riqueza será el aldabonazo que indique que ha sonado la hora de Sanlúcar de Barrameda en la historia. Índice de ello será la extensa nómina de personas de posibles que, con las bendiciones de la corona y la Casa ducal, se establecen en la villa y consiguen diversos oficios capitulares o al directo servicio de los Medinasidonia. Numerosas son las provisiones ducales contenidas en las actas capitulares por las que se efectuaban mercedes de títulos y oficios.

Sigue el duque en su línea de colaboración con la corona. Apoya el proyecto de realizar la conquista de las islas Canarias, facilitando que en su villa se reclute la gente necesaria para hacer viable el proyecto, y acompaña al rey para dominar la sublevación surgida en las Alpujarra. Pero los intereses son los intereses, y en 1502 la fortaleza de Gibraltar revierte a la corona. Don Juan Alonso monta en cólera. Escribe al monarca, en términos prepotentes, afirmándole no haber recibido nada de la corona, y probando villa a villa, posesión a posesión, cómo todo había sido comprado o adquirido por sus antepasados. No sólo queda en protestas. Muerto Felipe el Hermoso (1506), quiere aprovechar la situación para volver a apoderarse de Gibraltar, plaza que él consideraba de gran significación para los Guzmanes, y mandó a su hijo Enrique que la cercase y tomase por la fuerza. Fray Diego de Deza (1443-1523), arzobispo de Sevilla y dominico, intercede y le convence para que no haga llevar a término la acción pretendida.

Brota en 1507 una de las frecuentes epidemias o pestes medievales. Afecta sobre todo a Sevilla, razón por la que el duque se aleja de la ciudad sevillana. Cuando pretende pasar las murallas de la ciudad de Jerez de la Frontera, no le dejan entrar por el temor de que pudiese ser portador de la peste. Hace escala en la Cartuja y, de allí, se encamina a Medina y Vejer. Fijado en la conquista de Gibraltar, aprovecha la proximidad para intentar asediarla y conquistarla, pero sus defensores oponen furiosa resistencia, afirmando que lo hacen en nombre de los reyes de Castilla. Tras ello, vuelve nuevamente a Sevilla, pues le llegaban noticias que afirmaban que el mal contagioso iba ya de paso, y entra en la ciudad hispalense el día de San Juan. Poco tiempo después, 10 de Julio de 1507, y como consecuencia de haber sido contagiado de la peste, muere en Sevilla. Su cuerpo es enterrado en el monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce. 

 



[1]  Fue comendador de la Orden de Santiago y caballero veinticuatro de la ciudad de Jerez, a más de los cargos desempeñados al servicio de la Casa y Estados de los Medinasidonia.

[2]  Barrantes Maldonado: Ilustraciones de la Casa de Niebla, p. 472.


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