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  ADAM, Miguel (1532-1610). Escultor del Cristo de los Estudiantes.

 

Aunque de padres toledanos (María Hernández y Miguel Adam), quien sería excelente escultor recibió su formación artística en tres ciudades: Cuenca, con Esteban Jamete (1515-1565); Toledo, con Juan Bautista Vázquez, “el Viejo” (1510-1588), y Sevilla, con el mismo Vázquez y, de alguna manera también, con Hernán Ruiz II, quien le instruyó en sus conocimientos arquitectónicos. Fue trascendental para su formación y para su creación artística su asentamiento en la capital hispalense, a la que llegó en compañía de Vázquez “El Viejo”. A buen árbol se arrimó, pues Vázquez llegaría a ser el verdadero creador de la escuela escultórica sevillana; es con él con quien nace el concepto de escuela y junto a él se apiñaron los más brillantes escultores de la Sevilla renacentista. Fue ingente la obra de su maestro Vázquez, “El Viejo”, mas es de resaltar, por la relación que con la ciudad sanluqueña tiene, la realización del maravilloso retablo mayor de la Iglesia de Santa María la Coronada de Medina Sidonia, a donde llegaría por decisión de los Señores de Sanlúcar de Barrameda y duques de Medinasidonia.

Miguel Adam se educa junto a Vázquez, de manera que en 1573, examinado por los veedores Gaspar de Águila y Pedro de Heredia, es reconocido como arquitecto, escultor y entallador. Curiosamente el mismo Adam ocuparía con posterioridad (de 1588 a 1592), junto con Gaspar del Águila, el puesto de veedor examinador en la ciudad hispalense, siendo quienes examinaron a Martínez Montañés (1568-1649), el máximo representante de la talla en la escuela sevillana. No era pues de extrañar que la Casa de Medinasidonia, tan afectivamente unida a los frailes dominicos que decidieron fundar conventos de frailes y beatas en la capital de su señorío, Sanlúcar de Barrameda, una vez iniciada la empresa de la construcción de la de los frailes en el arrabal mismo de la Ribera, designasen a Miguel Adam para que labrase el retablo mayor de la suntuosa iglesia para ellos construida. Adam, reconocido ya por aquel entonces como un excelente trazador y ejecutor de retablos (dentro de la corriente del Bajo Renacimiento sevillano), había colaborado con los grandes artistas del momento sevillano: Antonio Argián, Marcos Cabrera, Jerónimo Hernández, Juan de Oviedo, Vasco Pereira... pero, sobre todo, le avalaba la educación recibida junto a Vázquez “El Viejo”.

Miguel Adam tenía ya detrás de sí una extensa obra: Dos Vírgenes y un Crucificado para la parroquia de Villanueva de los Castillejos (Huelva), las figuras del retablo mayor de la iglesia de Santiago de la sevillana Alcalá de Guadaira, los bustos sepulcrales de Juana de Zúñiga y Catalina Cortés para el convento de Madre de Dios de Sevilla, así como su participación en el retablo de la Iglesia de Santa María en Arcos de la Frontera (Cádiz).

Los Medinasidonia lo contrataron para elaborar el retablo mayor del convento de dominicos de la ciudad sanluqueña. La profesora Rodríguez Duarte ha realizado un excelente estudio sobre esta “obra desaparecida del escultor Miguel Adam” (Cfr. Revista de las fiestas de Sanlúcar de Barrameda, año 1991). Por dicho documentado estudio se sabe que Miguel Adam construyó en la ciudad sevillana un retablo destinado a la iglesia de los dominicos de la ciudad sanluqueña. Fue en 1592, y sus gastos de 900 ducados (posteriormente, cual es común en cualquier obra que de tal se precie, dichos gastos se vieron incrementados en bastante más cuantía, que en cuestiones de obras “a teneris annis” no hubo quien cumpliera un presupuesto) corrieron a cargo del duque Alonso IV Pérez de Guzmán (1550-1615). El ático de dicho retablo se coronaba con un calvario, en cuyo centro se entronizaba un Cristo crucificado, plasmándose en Él  el momento en el que acababa de expirar. Se trata de un crucificado en el que imperan, bien lejos de los escorzos barrocos, todos los rasgos de equilibrio, de mesura manierista y de delicadeza correspondientes al estilo renacentista; a los pies del Crucificado, y a su derecha e izquierda, se hallaban una dolorosa y una imagen del evangelista Juan.

Acabada la obra, esta fue trasladada por el Guadalquivir hasta la iglesia dominica de su destino. Al parecer, un incendio destruyó todo el retablo, del que sólo se salvó el Crucificado, el actual “Cristo de los Milagros”, así como una imagen de Santo Domingo. En 1762 Pedro de Asencio acometió la obra de construcción de un nuevo retablo, el actual retablo mayor de la parroquia de Santo Domingo. Miguel Adam, el escultor predilecto de la Orden de Predicadores, previsiblemente, vete a saber, sin haber pisado la tierra sanluqueña, nos dejó el bellísimo Cristo de la Hermandad de los Estudiantes, por lo que algo de Adam permanece para siempre en la ciudad sanluqueña.


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