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  IGLESIA DE LA TRINIDAD

 

 

 

 

Antes de comenzar el poblamiento de la ribera (1478) de manera oficial, ya relucía a orillas mismas de la mar el que vendría a ser el primer templo del arrabal de la ribera: la Iglesia de la Santísima Trinidad. Treinta y siete  años antes Alonso Fernández de Lugo y su esposa Catalina Fernández de Luna habían tenido la iniciativa de fundar una iglesia hospital a los pies mismos de la Barranca, próxima a donde se alzaban los jardines de la ducal Casa. Era el más adecuado de los sitios. Ya algún que otro “adelantado” había comenzado la inexorable “marcha ocupa”, situándose, sin las pertinentes licencias ducales, pero situándose, fuera de la villa murada; quien para dedicarse a la pesca, quien a la agricultura y quien para estar más cerca de la mar y su mundo lleno de aventuras y aventureros. Para todos, el nuevo templo constituyó un foco de expansión devocional y de expresión de religiosidad, teniendo en cuanta las vicisitudes a las que estaban sometidos tantos y tantos aventureros que llegaban a las puertas de la villa guzmana.

          No era de procedencia sanluqueña la familia de los Lugo, sino originarios de la tierra gallega de Lugo y afincados en la ciudad de Sevilla, de donde Alonso llegó a la villa sanluqueña, en la que se avecindó y desposó. La razón que aquí le trajo a buen seguro que sería los aires que venían de las Canarias, o mejor, las pretensiones que sobre las Islas Afortunadas tenían reyes y señores. No es el tema. Es lo cierto que levantó a sus expensas el coqueto templo entre dunas próximas, susurro de las olas de la mar y trasiego, mucho trasiego, comercial. En la iglesia de la Santísima Trinidad, anexos a su fábrica, radicaría la cofradía, colegio y hospital del mismo nombre.

          La finalidad a que estuvo destinado el hospital, en sus primeros tiempos,  fue la de prestar atención a quienes iban y venían de las Canarias, misma finalidad que la del convento de san Francisco el Viejo, si bien este prestaba dicho servicio a los frailes de la orden franciscana, y este otro estaba abierto a toda clase de personas. Posteriormente el hospital abrirá sus puertas a cuantos enfermos y necesitados de toda la villa llamasen a ellas. La cofradía de la Santísima Trinidad nació constituida por 24 hermanos con unos objetivos claramente samaritanos y benéficos: dar limosnas, curar a los enfermos, socorrer a los desvalidos, redimir a los cautivos, crear dotaciones para los huérfanos, ofrecer sufragios por los ahogados y por los ajusticiados[1]. Allá por 1771 encontraremos con el mismo nombre de cofradía de la Santísima Trinidad otra con sede en la iglesia de San Juan[2].

          Hiere la sensibilidad humana y evangélica el maridaje esquizofrénico, al menos desde nuestra cultura actual, de explotación y beneficencia, de exterminar y levantar, de matar y curar, tan frecuente en personajes de tantos momentos históricos. A esta identidad pertenecieron tanto Alonso Fernández de Lugo, como su hijo del mismo nombre. Del primero, y refiriéndose a su enterramiento en la iglesia de la Santísima Trinidad, escribió Ana María Gómez: “Alonso Fernández de Lugo, gran estratega militar, que también destacó por su crueldad a la hora de someter al pueblo guanche [...] se encuentra enterrado en el altar mayor de la iglesia, cuyo lauda sepulcral (1450) constituye una de las únicas muestras de escultura funeraria del siglo XV conservadas en la provincia de Cádiz”[3]. Una lapidaria frase en su tumba: “Señor haced merced a tu siervo Alonso de Lugo que pide su albergue entre los que desechan el mundo pasó año de 1450”. Siguiendo la tradición de los conquistadores castellanos de llevar consigo imágenes sacras de campaña, los Fernández de Lugo se llevaron a las Canarias el denominado “Cristo de La Laguna”, pieza de excepcional valor artístico, tallada en madera de roble de Flandes, de estilo gótico. Antes de que el duque se la donase al adelantado, era venerada en la ermita de la Vera Cruz de la villa sanluqueña[4]. Estaba enclavada esta ermita en el lugar que luego sería convento escuela de la Compañía de Jesús, en la actual calle de Luis de Eguilaz, a la sombra misma de la iglesia mayor parroquial.

          Al vástago de Alonso Fernández de Lugo lo califica el profesor Toribio García en un brillante artículo publicado en la revista especializada “Historia y vida” de “exterminador de los guanches”, y de ser “el responsable directo del genocidio de este pueblo, prácticamente desaparecido ya en el siglo XVI”.

 



[1]  Cf. Fernando Guillamas: Historia de Sanlúcar de Barrameda, p. 74.

 

[2]  Cf. Pedro Barbadillo: Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda,  p. 297.

 

[3]  Guía histórico artística de Sanlúcar, 2ª edición, p. 169.

 

[4]  Cfr. Fernando Castro Borrego: Arte en Canarias, cap. El arte de los conquistadores.


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