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  ERMITA DE SAN ANTÓN ABAD

 

 

 

 

Fue otro foco de irradiación de religiosidad y de devoción del pueblo sanluqueño: la ermita de san Antón Abad. Entró en la cultura popular sanluqueña el nombre de este santo, ocupando facetas importantes de la misma. Se desconoce el origen del ingreso y las causas de la devoción que se le profesó. Había nacido en Egipto en el año 251 y falleció el 17 de enero de 356. Fue su vida una respuesta a la escucha que, en momentos puntuales, recibió de las palabras de Jesús contenidas en el evangelio. Vendió cuanto había heredado de sus padres y lo dio a los pobres; tras ello, se retiró al campo a llevar una vida de soledad, oración y trabajo, junto con otros que se dedicaban a esa vida eremítica. Su vida fue escrita por san Atanasio. El nombre de "abad" (palabra que en arameo significa "padre") le fue dado por haber sido el fundador de los monasterios de monjes.

Se labró muy pronto una ermita con el nombre de san Antón Abad a las afueras de la recién creada villa. Guillamas[1] , que a su vez lo toma literalmente de Velázquez Gaztelu[2], afirma, al referirse al testamento del duque Juan de Guzmán, "se otorgó en Bollullos ante Alfonso Velasco, escribano público de aquel lugar, en 3 de Octubre de 1396... y dice en una de sus mandas: “[...] é mando á la ermita de San Antón del Valle que es término de Sanlúcar de Barrameda, cincuenta marevedies". Lo del nombre tan "modernizado" de la villa parece una clara introducción "a posteriori", pero es lo cierto que la antigüedad de la ermita es indiscutible, máxime si se considera que los documentos siguen recogiendo en posteriores años otras dádivas y limosnas conferidas a la misma por la Casa ducal de los Medinasidonia.

Tras la incorporación de la ciudad a la corona (1645), la ciudad sería  asolada por una serie de epidemias que la diezmaron alarmantemente, es por lo que se colocaron en esta ermita –y en otros lugares– un lazareto para prevenir en lo posible del contagio, y por lo que los cuerpos de los fallecidos comenzaron a ser enterrados en los campos que circundaban la ermita. Por ello, al perderse el carácter sacro de la ermita, se procedió a trasladar la imagen del santo a la iglesia parroquial, donde, por iniciativa del clérigo Juan Cano, se le construyó altar, para que fuese venerada la devota imagen. Corría el año de 1648.

Con la ermita como enclave y la devoción al santo abad, surgió pronto una cofradía que llevaba su nombre. Fue, sin embargo, cofradía que nunca llegó a arraigar. Se movió al azar del interés que depositaron algunos ilustres cofrades. Las actas capitulares recogen la preocupación del cabildo por el mal estado en que se encontraba la fábrica[3] del año 1653 al 1659; pero sólo hay constancia de que dicha restauración se acometió posteriormente por unos devotos sanluqueños, y a título personal; fueron Bernardo García del Poedo (mayordomo de la Cofradía)[4] y otros dos cofrades: los regidores Miguel Guzmán y Francisco Corbalán. Parece que con ellos desapareció la cofradía, aunque en años posteriores se siguió dando culto al popular santo.



[1]  Historia de Sanlúcar de Barrameda, p.  137.

[2]  Fundaciones, p. 464.

[3]  Libro, 22, folio 31; libro 23, folio 76; libro 24, folio 17 v. y libro 27, folio 125 v.

[4]  De ilustre familia relacionada con la hidalguía y con la inquisición, pues su padre fue familiar de dicho tribunal  y su hermano, Luis, clérigo de menores, fue también notario de dicho tribunal. Bernardo, que fue soltero, falleció en Nueva España en 1746, según Velázquez Gaztelu en Catálogo, p.  404. 


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