Gentes de aquí ...

  ASQUERINO LA CAVE, Carlos. Secretario del Ayuntamiento. Primera mitad del XX.

 

 

 

 

 

En el año 1930, habiendo sido nombrado alcalde de la ciudad, por Real Orden, Ramón Soto Díaz, acordó el pleno del Ayuntamiento nombrar al Sr. Asquerino secretario del mismo en sustitución del titular, Alberto Gallego Brún, que procedía de la secretaría del de Morón.

Proclamada la República, se leyó en el pleno del Ayuntamiento  orden del gobernador civil por la que se reponía en su cargo de secretario de la corporación a Alberto Gallego Brún, dado que, sin haber mediado ningún tipo de expediente, había sido destituido con anterioridad. Como consecuencia, cesó en el cargo de secretario capitular Carlos Asquerino.

Gonzalo Martínez Sadoc recoge en un artículo de prensa sobre la II República lo que era opinión generalizada en la Sanlúcar de aquella época: “que Carlos Asquerino fue el brazo derecho del caciquismo sanluqueño, tanto si mandaban los liberales, como si lo hacían los conservadores”. Casó con la chipionera Regla Romo Ballesteros y fueron padres de 12 hijos. Una de ellos, Rafael, fue fusilado en la guerra fratricida de 1936-1939, sin que las lógicas influencias de su progenitor nada pudieran hacer por salvarlo.

 Cuenta Antonio Pedro Barbadillo   una simpática anécdota en la que intervino el Sr. Asquerino “relacionada con la bodega de San Cristóbal, cuando esta se hallaba, por compra, en poder de los señores Díez Hermanos, de Jerez. Su persona de confianza aquí era Don Carlos Asquerino, secretario del Ayuntamiento y amigo íntimo de don Manuel de Soto Díaz, juez municipal y hombre, por su condición de soltero y enamorado, dado a menesteres de conquistas. Asquerino, cada vez que a Soto se le ofrecía una oportunidad nocturna, le daba la llave de la bodega. Pero una noche, estando allí ocupado en asuntos que nada tenían que ver con la judicatura, se presentaron los dueños de la Bodega, que tenían, naturalmente, su llave particular. Al ver a Soto por el fondo de alguna de aquellas naves, le preguntaron alarmados:

-¿Usted qué hace aquí y a estas horas?

- Yo soy el juez municipal y estoy aquí, con mi secretaria de oficina, cuidando de esta propiedad.

Y los señores Díez qué iban a hacer. Pues darle las gracias y echarse a reír, al par que decían para sus adentros:

 

- Asquerino, como siempre, haciendo de día chanchullos electorales y de noche combinaciones enológicas. Al fin, genio y figura hasta la sepultura”.


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