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  ASQUERINO GARCÍA, Eduardo. Diplomático y senador. Barcelona, 1826 - Sanlúcar de Barrameda, 1881.

 

 

 

Hombre de variadas facetas en su vida. Políticamente perteneció al partido progresista, fue senador,  y ejerció también la carrera diplomática como representante de España en Austria, Chile, Bélgica, Holanda y Venezuela. Recibió abundantes condecoraciones tanto en los países en los que representó a España, como en su propia nación. Fue condecorado con la Gran Cruz de Carlos III, la Cruz de Isabel la Católica y la Cruz del Mérito Militar.

Compaginó su dedicación política con sus aficiones culturales y literarias, como periodista y dramaturgo. Puso en funcionamiento el Teatro Nacional, para lo que creó una comisión a la que pertenecieron dramaturgos como García Gutiérrez, Hartzenbusch, Ventura de la Vega, López de Ayala, Bretón de los Herreros, Luis Eguílaz, Alarcón...

Él mismo fue autor de obras teatrales, si bien algunas escritas en colaboración con diversos amigos dedicados al mundo del teatro. Es muy extensa la relación de sus obras. De las más aplaudidas: “El tesorero del rey” (en colaboración con su gran amigo García Gutiérrez), “El premio de la virtud”, “La verdad por la mentira”, “Matamuertos, el cruel” (estrenada en el Teatro de la Cruz en 1840), ““San Isidro”, “Un ladrón menos” (zarzuela de 1843), “Felipe el Hermoso” (1845), “Un baile de candil” (1847), “Los amantes de Chinchón” (parodia de “Los amantes de Teruel”, estrenada en 1848) ...

Fundó una revista, “La América”, en la que escribieron famosos políticos y las plumas más importantes del momento literario español: Martínez de la Rosa, Valera, Campoamor, El Duque de Rivas, Luis Eguílaz, Alcalá Galiano, Cánovas del Castillo.

Desde sus altos cargos políticos y desde su gran influencia demostró gran interés por favorecer a Sanlúcar de Bramadera. En 1861 influyó sobre el potente financiero José Salamanca, para que este incluyese entre las obras a realizar el ferrocarril Bonanza- Jerez de la Frontera. El mismo Eduardo Asquerino llamó desde Madrid en 1877 al alcalde sanluqueño, José María Hontoria, comunicándole que el ferrocarril había sido declarado vía de utilidad pública. Se interesó igualmente  porque Sanlúcar tuviese también un tranvía que hiciese recorridos por todo el pueblo.

 

En Septiembre de 1861, la ciudad, presidida por su alcalde, Rafael Esquivel, le había tributado un suntuoso homenaje en el Casino Municipal, desplazándose desde Sevilla para servir la cena el personal de la fonda “París”.


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