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  CONCEJO

 

 

 

 

Concejo es palabra proveniente del término latino concilium, viniendo a tener el significado de una “reunión o sesión”. Se entendió inicialmente por dicha palabra la reunión de los vecinos de una villa o ciudad para abordar aquellos asuntos de interés para la colectividad de vecinos. Posteriormente pasaría a designar a los “representantes” de los propios vecinos que se reunían para, en nombre de ellos, abordar las mismas cuestiones. El término concilium comenzó a experimentar dos derivaciones que, aunque partiendo de un mismo y único tronco, se cargaron de significaciones dispares. La derivación culta vino a generar la palabra eclesiástica “concilio”; la vulgar, designó a “concejo”. Ello no por ninguna aspiración de índole “clasista”, sino porque las palabras, entes vivos, hacen uso también de sus reales caprichos. De la palabra “concejo”, derivarían “concejal” (allá por 1362), así como “concejalía y concejil” (1371). En ambas bifurcaciones semánticas de la palabra ésta mantuvo el significado de “conciliar” (1495), que, aunque en puridad significativa está más dentro de la palabra “concilio”, no por ello ninguneó a la palabra concejo, por lo que el concejal y el conciliar, etimológicamente hablando, se convierten en “reconciliadores”, en “concertadores” de las diversas opiniones de las personas que le han dado carácter representativo por un “cierto” tiempo. A tales “concejales” no les estaba asignada ninguna retribución económica por tales servicios de representatividad.


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