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  CERDA Y PÉREZ DE GUZMÁN, Isabel de la (Sevilla 1327-1385).

 

 

 

Era esta ilustre dama, nieta de Guzmán el Bueno y asimismo  hija de Luis de la Cerda. Había celebrado primeras nupcias en la ciudad de Sevilla con el conde de Gijón, Rodrigo Álvarez de las Asturias, de cuyo matrimonio no tuvieron hijos. Al desplazarse a la villa sanluqueña venía ya viuda y sin hijos, y dueña y señora de un cuantioso patrimonio. Se afanó la señora, al contemplar la carencia de un templo adecuado para la villa, en realizar la fundación de una nueva iglesia, con la advocación de Nuestra Señora de la Expectación o de la O. Esta advocación mariana gozó de gran devoción ya desde bastante tiempo atrás entre los fieles cristianos, y con dicha advocación se daba culto a la Virgen en la ermita hospital de Santiago –la primera parroquia de la villa–, y hay quien cree que con anterioridad “estuvo en la hipotética capilla del Alcázar Viejo que había sido donada por Alfonso el Sabio”[1]. El nuevo templo fue construido en el periodo en que Isabel de la Cerda y Guzmán permaneció en la villa (1357-1369), pues, al fallecer el rey Pedro, Isabel de la Cerda, por mandato del rey Enrique II”[2], el hijo bastardo de Alfonso XI que, al vencer a su hermanastro Pedro el Cruel en Montiel (1369), instauró la Casa de Trastámara. Se casó en segundas nupcias con el príncipe francés el conde de Foix  y primer conde de Medinaceli, Bernardo de Bearne. Tras la boda, se trasladaron a la corte, abandonando la villa sanluqueña.

Pero a su ida, ya estaba construido el templo dedicado a Santa María de la O, no tal como se encuentra en la actualidad, pues en los siglos posteriores se irían realizando nuevas construcciones y reformas, con la intervención de los mejores artistas y creadores de cada momento, hasta llegar al estado en el que se encuentra en el día de hoy. Mas fue ella, con su fundación, la que dejó en manos de la Iglesia sanluqueña la base del actual templo, carente aún de todas las capillas laterales que, con el correr de los siglos, se irían labrando, gracias a nuevas fundaciones y aportaciones de fieles hacendados: Diego Peláez, Alonso de Zárate[3], la familia Cabañas, Juan Jiménez Lobatón, Wading, los Rosas, Enrique de Silva, Manuel de la Cueva Aldama, Felipe Durán y Tendilla, y otros que se verán en su momento.

De la fundación efectuada por Isabel de la Cerda dan testimonio las obras y crónicas de los historiadores de la Casa ducal Barrantes Maldonado y Pedro de Medina, así como los escudos de armas colocados en la puerta principal de la iglesia, que ostentan a la derecha las armas de su padre con castillo, leones y flores de lis, y a la izquierda las armas de su madre, con las calderas de los Guzmanes y una orla con cuatro leones.

El nuevo templo se construyó incluyendo en él, como futuro campanario, una de las torres del Viejo Alcázar, y quedando adosado a esta vieja fortaleza. Su traza, según el profesor Diego Angulo Íñiguez (Valverde del Camino, 1901), corresponde a lo que él denomina el “modelo parroquial sevillano” del siglo XIV y XV, pudiéndose comprobar su gran parecido con la iglesia hispalense de Santa Marina. Tiene tres naves y tres puertas de acceso; una, para el público, la principal, de bellísima arquitectura ornamental mudéjar; una segunda, también para el público, que daba a una callejuela que, como continuación de la Calle de las Comedias, corría desde ella hasta la Cuesta de Belén pasando por entre la iglesia y la Casa ducal; y una tercera, la que se usa en la actualidad ordinariamente, y que en sus orígenes era la puerta de acceso al Castillo de las Siete Torres.

Al parecer, antes o durante el periodo de construcción, se pudo haber utilizado como pequeña capilla la actual capilla de la Virgen de la Antigua.

En la iglesia de san Vicente de Sevilla, existió pintada en uno de sus muros una bellísima imagen de la Virgen. Se trataba de una imagen de estilo gótico que reflejaba en su rostro una serenidad y belleza natural poco frecuentes en los cánones de la iconografía mariana de la época. En el lugar donde se encontraba este templo, fue construida la Catedral hispalense, y el muro sobre el que estaba la pintura de la Señora, para conservarla, fue trasladado a la ubicación en la que hoy se encuentra. Se le dio por ello el nombre de Nuestra Señora de la Antigua, pues procedía de la antigua iglesia. Fue considera la verdadera Patrona del Descubrimiento, con lo que su devoción se incrementó aún más.

Tras la reconquista, la devoción a esta advocación se extendió rápidamente por todo el arzobispado, siendo este el momento en el que dicha advocación se asienta en la villa sanluqueña, quizás de la mano de los Medinasidonia, tan estrechamente vinculados con la ciudad hispalense. Fue pintada en la que previsiblemente fue utilizada como iglesia en la localidad, la capilla que está hoy bajo la torre, sobre la que se asienta los cuerpos del campanario de la Iglesia de Nuestra Señora de la O.

De la Virgen sanluqueña escribió Ana María Gómez: "La Virgen de la Antigua (llamada así por creerse que su advocación era anterior a la llegada de los árabes), presenta una concepción muy medievalista (debido a la inmovilización del tipo por la devoción popular), y se halla colocada en un sencillo retablillo de factura barroca. De tamaño mayor al natural, la pintura se encuentra estofada con fondo de celaje y estrellas, al modo gotizante, aunque probablemente fuese pintada en el siglo XVI"[4].

Dadas las excelentes características del nuevo templo, aunque habrá que esperar a principios del siglo XVI para que aparezcan los primeros documentos eclesiásticos escritos y conservados, en él se establecería la parroquia ya existente en la villa desde mucho tiempo atrás, sirviéndola el vicario del arzobispo, algunos beneficiados y otros eclesiásticos, pues como afirma Velázquez Gaztelu: “Hasta 1560 no había en esta ciudad más que un vicario del arzobispo, dos curas beneficiados, y como una decena de clérigos presbíteros, los más capellanes, músicos y dependientes del duque, que por su cuenta servían en la iglesia al culto divino [...] clero más diminuto en los siglos anteriores cuando residían los Señores en Sevilla[5].

 



[1]  Manuel Felipe Sánchez Guerrero: Breve aproximación a la Iglesia Mayor parroquial Nuestra Señora de la O. Revista de las fiestas de primavera y verano, n. 23, año 1987.

[2]  Velázquez Gaztelu: Fundaciones....  p. 49.

[3]  Fundó una capellanía, junto con Catalina Dinarte, en 1566 en la capilla de San Sebastián de la iglesia mayor parroquial. Opositaría a ella antes de concluir el siglo XVI Juan Salazar Dinarte (Cfr. Archivo diocesano de Asidonia Jerez: Fondos hispalenses. Capellanías, caja 3025- 2, legajo 1.

[4]  Guía histórico artística de Sanlúcar,  2ª edición, p.  102.

[5]  Fundaciones ... pp. 54-55.


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