Gentes de aquí ...

  ARIZÓN, Diego. Navegante. Siglo XVIII.

 

 

 

 

Hijo de Félix Arizón, primer miembro de esta familia asentada en la ciudad, y hermano menor del primer marqués de Casa Arizón, Salvador Jacinto Arizón. Cuando don Félix llegó a Sanlúcar, ya estaba construida la casa señorial, que él debió comprarla.Tuvo la iniciativa de crear en Sanlúcar de Barrameda un Monte de Piedad para la gente de la mar, pero la bien intencionada iniciativa no se vio culminada. Fue sumamente generoso en su labor de protectorado sobre conventos, templos e iglesias. Costeó el marco y maceta para luces "que tiene pintado de azul y oro" el majestuoso cuadro del san Cristóbal de la iglesia de Nuestra Señora de la O. Fue quien procedió a costear toda una galería de balconajes de hierro que iba desde el altar mayor hasta el coro en la iglesia de los Mínimos de la Victoria.

Cuando la vetusta ermita de san Nicolás estaba casi destruida, impotente ante tanta agua como bajaba de la barranca castigando día tras día sus paredes, y cuando la cofradía de san Nicolás apenas si podía conseguir alzar los cimientos del proyectado nuevo templo, surgió Diego Arizón, que costeó su construcción (1738) y, sin dudas "la hubiera concluido, si los desastres que experimentó en los últimos días de su vida, no lo hubieran estorbado”. Porque este ilustre personaje, incansable navegante a Indias, pasó, sin embargo, a la historia local como autor de dos crueles asesinatos, pues mató inhumanamente a su mujer Margarita Serquera (15 de Junio de 1736) y a su mayordomo (Juan Peix), acusándolos de mantener relaciones adulterinas. El hecho sucedió en 1736, y como consecuencia de él fue procesado y encarcelado en el Castillo de San Sebastián de Cádiz. Consiguió el indulto real a cambio de una indemnización de 60.000 pesos. Este hecho que impactó a la Sanlúcar dieciochesca hizo que de él brotase la leyenda de una “dama de blanco” que, sobre todo en las noches de luna llena, deambula fantasmal por la Casa del Marqués de Arizón.

Dos denuncias se presentaron contra él por mandar trabajar en día de fiestas. Una en 1712 otra en 1717. Fue el denunciador el alguacil eclesiástico Juan Guerrero. Este denunció “en la mejor forma que haya lugar en derecho a don Cristóbal Jacinto y don Diego Arizón, hermanos y vecinos de la ciudad”[1]. Denunció, entre otros, a 15 trabajadores más, todos carreteros. Razón de la denuncia: “porque con poco temor de Dios, en menosprecio de los mandatos de Ntra. Madre Iglesia, y en daño de las almas, en este día, han estado trabajando en conducir desde sus casas (la de los Arizón) y otras a bordo de los barcos, botas, barriles y gran número de botijas”. El denunciador pasó el caso al vicario de la ciudad Gadea. Mandó este que dejasen de trabajar bajo pena de excomunión mayor. El asunto pasó al procurador de fábricas y obras del arzobispado.

 



[1]  Archivo Diocesano de ASIDONIA Jerez: Fondos hispalenses. Ordinario, caja 288, documento 12.


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