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  ARAGÓN Y GURREA, Ana de

 

 

 

Nació en Zaragoza en 1502 y falleció en Sanlúcar de Barrameda en 1549. Hija bastarda del arzobispo de Zaragoza, Alfonso de Aragón (1470 – 1520), quien a su vez lo había sido también del Rey Fernando El Católico, al parecer antes de su matrimonio con Isabel, y de Aldonza Roig de Iborra. Fue su madre Ana de Gurrea y Gurrea, señora de Argavieso, e hija de Juan de Gurrea y de Catalina López de Gurrea. Fue desposada doña Ana en primera instancia con el duque Alonso III de Guzmán, “El Fatuo”, (Lepe 1500 – Sanlúcar de Barrameda, 1544), pese a que este era probadamente deficiente mental. Ante esta situación, Ana “gobernó con valor, discreción y acierto muchos años”[1] .

Al no poderse consumar el matrimonio, se inició un pleito para que este se declarase nulo, pero esta declaración no se formulará oficialmente por el arzobispo de Sevilla, que era quien había entendido del asunto, hasta el año 1532. Tras ello, Ana reconoció que había tenido los hijos con su cuñado Juan Alonso (Sanlúcar de Barrameda, 1502 – 1558), que sería señor de Sanlúcar de Barrameda, y con el que se casa en segundas nupcias.

Fueron sus hijos: Juan Claros, conde Niebla, que casó con Leonor Manrique de Zúñiga Sotomayor y que no sobreviviría a sus padres; Enrique, Felipe y Fernando, quienes fallecen muy niños; Leonor, que se desposa  en Sevilla con Pedro Téllez-Girón y de la Cueva (1539 – 1590), 1º duque de Osuna y conde de Ureña, señor de Olvera y grande de España, llevando de sus padres doña Leonor una dote de 113.000 maravedíes; y Ana Ángela, que también en Sevilla se desposa con Íñigo Fernández de Velasco (1520 – 1585)[2], 4º duque de Frías, portadora de una dote de 100.000 maravedíes.

En 1540 estuvo la duquesa en las fiestas de Santa Ana en el barrio sevillano de Triana. Al finalizar esta, cruzaba, montada en una mula y acompañada por su corte, el puente alzado para unir a Sevilla con Triana, cuando, por el peso de tanta gente curiosa sobre el puente, este se vino abajo. Todos fueron al agua. Catorce doncellas, algunos caballeros y gente de a pie se ahogaron, y no fue más elevado el número de víctimas por la pronta asistencia que prestaron los marineros y barqueros que por allí se encontraban. La duquesa fue rescatada de las aguas por un paje del duque y un barquero. El rescate fue muy laborioso por las lujosas y recargadas prendas de la que la duquesa era portadora, de manera que una lujosa manga del vestido quedó flotando por las aguas del Guadalquivir. Recuperada en su palacio, y tras el oportuno descanso, dicen sus cronistas que prometió firmemente abandonar su afición al lujo y dedicarse a vivir modestamente y a desvivirse en socorrer a los necesitados.

Como mujer religiosa, “devota y amiga del culto divino”, y quizás influida por la afirmación que al duque y a ella misma le había hecho el General de la Orden de Predicadores que el propio Santo Domingo descendía de los Guzmanes, se desvivieron en su mecenazgo sobre la orden dominica. A las monjas del monasterio de la Encarnación, hoy denominado Madre de Dios, le confirmó la renta de 30.000 maravedíes, granos, y le hizo una donación  “perpetua e irrevocable” del agua del Pozo Amarguillo, para que sus aguas fuesen conducidas por cañerías hasta el monasterio de monjas dominicas. La verdad es que la validez de esta merced fue largamente contestada por el Cabildo sanluqueño, que veía cómo el monopolio del agua suponía un grave problema para los vecinos de la villa. Es por lo que se llegó al acuerdo de que se compartiese el agua entre las monjas y los vecinos del arrabal de la Ribera, no sin que los litigios continuasen por parte y parte.

Ana y su esposo, el duque Juan Alonso V, decidieron fundar el monasterio de Santo Domingo. Compraron en 1520 ocho casas cubiertas de paja en el arrabal de la Mar, pidieron permiso a la curia pontificia, solicitaron la autorización del Padre General de la O.P, fray Juan de Genaro (1535), de manera que en 1548 el monasterio estaba concluido. El nuevo General, fray Francisco Romeu de Castellón les concede el Patronato del monasterio, y el Cabildo sanluqueño, en gratitud a las acciones benéficas de los duques, acuerdan organizar, con toda solemnidad, cada año el día tercero de la Pascua Florida una procesión desde la iglesia mayor hasta el Monasterio de Santo Domingo, donde se celebrarían solemnes cultos. Esta procesión se estuvo celebrando, sin que se conozca con exactitud el porqué de su desaparición, hasta el año 1619.

La duquesa Ana de Aragón, que pasó la mayor parte de su villa en la villa de Sanlúcar de Barrameda, falleció, y como consecuencia del impacto experimentado, poco después de la muerte de su hijo Juan Claros.

 



[1]  Velázquez Gaztelu, Juan Pedro: Fundaciones de todas las iglesias, conventos y ermitas”. P. 171.

[2]  Hijo de Juan Sancho de Tovar y de María Girón. Cambió su nombre original, Íñigo de Tovar y Velasco, al heredar de su tío, Pedro Fernández de Velasco, el título nobiliario de Duque de Frías. 


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