Colaboraciones ...

  INTERVENCIÓN DE MANUEL CEBALLOS EN LA PRESENTACIÓN DEL VOLUMEN 7 DE HISTORIA DE SANLÚCAR III

 

 

Historia social de Sanlúcar de Barrameda.

 En busca de nuestro pasado.

 

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…ría, ría cataplán.

         Tercer  alpino, y último.

 

De nuevo, gracias al pueblo sanluqueño  por la  compañía de esta noche. 

Después del apasionante viaje que en búsqueda de nuestro pasado  emprendió  Narciso un día cualquiera de 2004 para descifrarnos  la historia social de Sanlúcar y que hasta ahora  ha desgranado minuciosamente en seis volúmenes, el  que hoy ve la luz  es merecedor de una atención especial. De pronto, y tras un recorrido por  remotos siglos de los que apenas nos han llegado un puñado de huellas que han  podido resistir a la crueldad de la desaparición y el olvido, el  pasado que en esta  ocasión  nos descubre Narciso,  comienza a resultarnos cada vez más  y más nuestro.  

Efectivamente, con este  séptimo cuaderno de bitácora que nos sitúa en los primeros veintitrés añitos  del siglo XX,  parece como si los hechos y pasajes en él descritos no estuviesen ya ocultos en las arrugas del tiempo, sino que, por el contrario,   han empezado a identificarse  con un paisaje de lugares y sobre todo humano  que nos puede  resultar  cercano, familiar, palpable. Tan cercano, familiar y palpable que puedo completar una de las  presentaciones  que habéis oído hace unos instantes diciendo: … nieto de María y  Manolo,  sanluqueños nacidos en 1900 e hijo de Tomás y Lola, sanluqueños nacidos en 1923. Respectivamente los años  del arranque y del final de las historias de la historia que encierra este volumen VII. 

De ese modo,  y con el habitual estilo al que nos tiene acostumbrados cada vez que  realiza una nueva travesía por ese inmenso territorio de la historia social de nuestra ciudad, Narciso nos vuelve a colocar otra pieza clave  en  ese  complejo mosaico que conforma el pasado de la gente de Sanlúcar. Porque, como sabemos, detrás del Narciso historiador e investigador, no hay más que una incansable curiosidad, elevada a brillante virtud, por poder descubrir el alma del dato  histórico que fríamente yace olvidada entre los renglones del  documento  que trabaja. Pero, sobre todo,  somos conocedores de que cuando Narciso ha revivido el alma del archivo o legajo, lo ha hecho con una finalidad en él consustancial: insuflar vida a la gente que estuvo detrás  del episodio, pasaje o anécdota objeto de su estudio. Así, los  capítulos que relata nos guían siempre por una variadísima cartografía  de lugares y situaciones de Sanlúcar que no tendrían razón de ser contados si no fuera porque han sido los escenarios de las vivencias, conquistas, sufrimientos, alegrías y tragedias  de la gente de Sanlúcar. 

El resultado pues del  volumen  VII de la Historia Social de Sanlúcar, que esta noche tenemos el enorme orgullo de presentar, sigue siendo la continuación de esa encrucijada de rincones y personas de la intrahistoria de nuestra ciudad que en cada entrega magistralmente  nos dibuja Narciso  en su incesante empeño por desentrañar,  de una manera limpia  y sine labe concepta, el ser y serse del pueblo sanluqueño. 

Del conformismo a la España como problema nace como otra historia  directa, mate, sin brillos innecesarios, que en esta ocasión fija su mirada  en la Sanlúcar de las dos primeras décadas del siglo XX y en los efectos que en su gente había ocasionado la grave crisis ideológica, económica  y social que se cebó con una España rota tras la desmembración definitiva  de su   imperio de ultramar  a finales del siglo XIX. 

Aquella fue una España  decadente, umbría por las penas. Una España de desastres. Una España de revueltas, de crispación, de fraudes, de expolios. Una España  que, como nos dice el propio Narciso “se había acostado imperial  y opulente y que se levantó pordiosera y miserable”. Una España,  que, al mismo tiempo, la conformidad, la autocomplacencia, la abulia y la resignación de muchos quisieron seguir exhibiendo lascivamente en un artificial escaparate de glorias pasadas. 

En realidad fue  una España contra natura. Una España en la que, en una especie de viciosa complementariedad,  simple y llanamente convivieron la Sanlúcar oficial con la real. La Sanlúcar burguesa con la jornalera y campesina. La Sanlúcar que   se debía lucir, la aparente, la de las postales  con la de los marginados, la que daba vergüenza y se ocultaba. La Sanlúcar de los excesos con la de la hambruna. La de los hotelitos en la playa  con la de las mugrientas fraguas del barrio alto. La de la corte estival y  cacerías regías con la de los niños colilleros y pobres de solemnidad. 

Sin embargo,  en este lúgubre  bosque,  Narciso es capaz de echarle el dobladillo a cualquier humilde esperanza y abrir un hueco por donde colar un rayo de luz regeneradora. Y lo hace, como  maestro jardinero que es, plantando  semillas de  ideas y valores íntegros, regándolas con el agua fresca del conocimiento crítico y recolectando, como ahora,  los frutos reverdecidos de sus enseñanzas. 

De ese modo, nuestro maestro jardinero hizo crecer y nos dio  a conocer el árbol de las letras, el árbol que no sólo da páginas sino que se nutre de ellas, el árbol cuyo fruto son los pensamientos,  el árbol  crecido en los fértiles terruños de la libertad, el árbol injertado con sabidurías y podado de impurezas. El  árbol que sí deja ver el bosque porque él mismo es el bosque entero. El ARBOL DE  LA CIENCIA que a nuestras vidas ha llenado de sentido. Un robusto árbol de eternidad. 

Narciso, sé siempre  fecundo jardinero.

 

 

 

Sanlúcar de Barrameda.

 

Un día cualquiera de 2013.


18/11/2013
Autor: MANUEL CEBALLOS MORENO

  PARA LOLA, "LA VIÑA BONITA"

 

 

 

 

 

No dejará de brotar la vida de tus blancos pechos de albariza,

Ni de trasegarse el calor de tu sonrisa a nuestros corazones.

 

No borrarán los barros tus eternas huellas en la vereda,

Ni descansarán tus fuerzas de alumbrar el terruño.

 

No pararán tus junios de peinar de verdes liños las lomas,

Ni la sombra de tu pino de refrescar las alegres charlas en familia.

 

No se interrumpirán los cantos de tus jilgueros en las mañanas,

Ni se romperá tu luz aliviadora en los atardeceres,

Ni se apagarán tus estrellas en las oscuras noches del alma.

 

No se secarán tus parras para siempre darnos cobijo,

Ni tus robustos sarmientos para abrazarnos en las dificultades.

 

No cesarán las aguas de tu fe de regar nuestras raíces,

Ni los caminos de tu sabiduría de guiarnos en la humildad.

 

No dejaremos de criarnos en tu solera infinita

Ni de rociarnos con tu bondad,

Ni de brindar por la valentía de tus luchas libradas,

Ni de tomarnos a tragos tu coraje,

Ni de arroparnos con tu manto de flor,

Ni de embriagarnos con tus salobres lágrimas de sufrimientos,

En esperanzas convertidas.

 

Porque nunca terminarán de parir vuestros racimos las ocho cepas que tú,

Viña Madre, y tú, Suelo Padre, habéis colmado de sentido en la eternidad.

 

Es por ello que venga a nosotros tu fuerza, el vino cautivo del amor

Que por siempre unidos beberemos.

 

“No, ella no ha dejado

 la tierra, no,

ella no ha dejado a nadie”

 

17 de mayo de 2015


22/05/2015
Autor: MANUEL CEBALLOS MORENO

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